jueves. 29.02.2024

Era una mujer de piel de ébano, con ojos de jirafa, que aparecía y desaparecía como una figura incorpórea. Su sombra se derretía en la abrasadora arena. Desde una duna la observaba con unos prismáticos deleitado por la belleza de sus movimientos espasmódicos y bailes rituales.

No sabía a ciencia cierta si estaba experimentando una alucinación o la mujer racial que persuadía mis instintos más primarios estaba viva. Me acerqué a ella para comprobarlo y cuando intenté acariciar su tez negra se convirtió en fuego y derritió mi masa corporal a la luz del desierto. Antes de volver a desaparecer cantó multitímbrica a sus ancestros para que me protegieran en su paraíso terrenal.
 

Ébano
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