jueves. 22.02.2024

Leonor yacía inmóvil en la cama. La noche le arrebató su belleza y el alma. Nevaba en la calle. Un coro de voces navideñas cantaba villancicos. Su padre intentaba abrirse paso, tenía un presentimiento. "¡Dejadme continuar, por favor!". Resbaló y cayó al suelo, pero arañando la capa blanca del suelo se levantó y alcanzó el portal. Sacó las llaves, no acertaba a abrir por sus nervios electrizantes pero finalmente acertó y en cuatro zancadas se plantó en el ascensor. Al séptimo piso. Mientras ascendía escuchaba una música para exequias. 

-"¡Nooo!", voceó desesperado.

Al llegar a la vivienda de su hija la puerta se encontraba abierta y en torno a la cama gemían unas plañideras incorpóreas. Sollozaban por una muñeca. Leonor suspiró de espaldas a su padre con una vela encendida en la mano derecha. Él se dio la vuelta con la esperanza de que siguiera con vida. Pero Leonor le contó la dolorosa verdad: "Estoy muerta, papá. Lo que ves de mí está en tu imaginación".

Cuando la vela flamea
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