viernes. 23.02.2024

Por estar en medio del carril equivocado me llovieron adoquines de una tensa reyerta entre galgos y podencos. Intenté mediar en su conflicto, que ni me iba ni me venía, y acabé en el servicio de urgencias donde confiscaron mi cerebro y me colocaron uno nuevo para tontos. "Se vive mejor, hágame caso" me consoló un neurocirujano.

Después de darme el alta médica pasé por la misma calle donde continuaba la pelea y entonces vi papelitos de confeti, todo muy naif. Ya no caminaba por el carril equivocado. Era estúpidamente feliz.

-¿Me ayuda con la basura? -preguntó una anciana con la bata raída.

-Si me cuenta su vida –respondí.

-Es muy larga, joven.

-Tengo todo el tiempo del mundo. Me he quedado tardo.

El carril equivocado
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