martes 28/9/21
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Capítulo 30.2. El accidente del presidente - El accidente

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-    Soy Gustavo Rojo, jefe de gabinete de presidente del Gobierno, miren, la agenda del presidente es muy complicada y llena de actos, por ello no les puede dedicar más de 10 minutos.

Juan toma la palabra.:

-    Por nosotros no hay inconvenientes, es más(,) nos sobran 9 minutos, si el presidente se compromete por escrito a darnos las soluciones que tantas veces le hemos pedido.

El jefe de gabinete frunció el ceño y…

-    Señores este no es lugar para un acuerdo de esas características, yo les recomiendo que den un primer paso para tener una reunión en la sede del Gobierno con todos los actores que puedan ayudar a las partes a buscar las soluciones que todos queremos.

En esto entra el presidente, con cuatro señores más que nos sabíamos si eran asesores o guardaespaldas, y con una sonrisa un tanto forzada nos dice:

-    Buenos días, señores, lamento lo ocurrido en el acto, pero saben que estoy a su disposición.

Pronto, entre unos cuantos juntaron tres mesas pusieron las sillas dejando, en un santiamén, la taberna de Gervasio como si fuera el salón donde se celebran las sesiones del consejo de ministros.

El jefe de gabinete, que se ve que es él que más manda, nos indica dónde sentarnos cada uno, así, en una parte están los que acompañan al presidente, con este el medio, y en la otra los miembros del grupo que allí quedábamos. 

Una vez sentados, sin pérdida de tiempo, el presidente toma la palabra:

-    Bueno, señores, creo que hoy no hemos empezado con buen pie, pero eso lo podemos remediar ahora. 

Juan: 

-    Por nuestra parte, estamos ansioso en saber qué nos puede ofrecer, ya que nosotros solo queremos que se arregle los que Uds. han estropeado.

Presidente:

-    Saben Uds. perfectamente que estamos ante una situación nada fácil, lamento de verdad su situación y pueden creerme que mi gobierno está haciendo todo lo posible por solucionar esta situación.

Luis:

-    Presidente eso nos dijo en el año 2005, hace más de 15 años, para entonces esas palabras podían tener algún sentido ahora(,) presidente(,) con toda cordialidad, eso no es creíble.

El jefe de gabinete le hace una seña al presidente y nos dice:

-    Desde luego con reproches no vamos a llegar muy lejos, es mejor centrarnos en cómo podemos salir de esta situación tan complicada, para nosotros también puede ser muy fácil echar balones fuera, cargando la culpa a otras administraciones.

Amelia se estaba poniendo cada vez más nerviosa: 

-    Ustedes esperan que olvidemos el daño que nos han hecho, lo que hemos sufrido por sus actuaciones claramente ilegales, no nos vengan con cuentos, lo que tienen que hacer de una vez es cumplir  lo que han prometido.

El jefe de gabinete:

-    Uds. mismos tienen que saber a qué han venido si a desahogarse, o a dar pasos para que esta reunión tenga algún sentido, si no, tenemos mucho trabajo y no queremos perder más tiempo.

Juan: 

-    Es sus manos esta resolver esta situación, no intenten echar las culpas sobre los que somos las víctimas de sus actuaciones. Desde luego que queremos soluciones, a ver si se creen que estamos aquí por placer, en lugar de estar con nuestras familias.

Presidente:

-    Por favor, no se crean  que esto es fácil, hay muchas cosas que no dependen de nosotros, ahí están los jueces que no están ayudando mucho en esta situación.

Luis:

-    Presidente, los jueces desde luego que han cometido muchos errores también, pero las ilegalidades las han realizado Uds.

Presidente:

-    Les recuerdo que estamos en un proceso judicial y con sentencias firmes de derribo en su fase final, en la ejecución de esas sentencias, y eso, la verdad es que no nos pone nada fácil la situación.

Juan: 

-    Sabemos perfectamente cuál es nuestra situación judicial, pero también sabemos, quiénes nos han llevado a hasta allí, quiénes son los culpables de la misma y Ud., sin duda, es uno de los principales. Créame, no lo decimos ni con mala uva, porque la en realidad no somos nosotros quienes los han dicho, han sido los propios, jueces con más de 35 sentencias, los que condenan a su Gobierno. Por ello, dennos soluciones reales.

Presidente:

-    Yo lo que les puedo ofrecer es una reunión en sede de presidencia con todos los datos encima de la mesa, y ver qué posibles soluciones hay o cuál es el camino más adecuado.

A Amelia los ojos le echaban chispas:

-    No aguanto más a esta gente, nos están tomando el pelo, esto es lo mismo que nos dijeron hace una década, y seguimos sin soluciones, sin aprobarse los PGOU, seguimos con miedo a que nos derriben las viviendas.

Aquí Amelia ya había perdido los nervios, la presión y la pena eran demasiadas y a grito pelado:

-    Son Uds. unos hipócritas, unos maltratadores de familias, no hay derecho a que sigan tomándonos el pelo, a que nos consideren que somos tontos.

Con el enfado y los nervios se levantó corriendo de la silla, dando un fuerte golpe a la mesa, que impulsada ese golpe hace que la misma caiga, derribando a varias personas de las que se sentaban junto al Presidente, y este cayó hacia atrás con la mala suerte que su cabeza fue a dar con una columna situada detrás de él.

La conmoción fue total, por unos instantes el presidente quedó inerte en suelo, y de una herida en parte lateral de su cabeza empezaba a sangrar. Los chillidos y el miedo se apoderaron de todos.

Rápidamente un miembro de su equipo, que luego supimos que era médico, le hizo los primeros auxilios parecía inconsciente, algunos corrieron para incorporarle, pero el médico dijo que calma, que no se podía tocar, pidió una manta, y Emilio, el dueño del bar, en un momento saco una de esas de cuadros y, de inmediato, pidieron a todos que desalojáramos el lugar.

Solo quedaron allí cuatro o cinco personas, la preocupación era máxima, como el pánico y el miedo se habían apoderado de todos, nos temíamos lo peor. En la calle, las lágrimas de más de uno rodaban por las mejillas, y a la pobre Amelia le dio un ataque de ansiedad. Dado que no sabíamos  cómo atenderla, llamamos al 112 y nos dijeron que unas ambulancias ya se dirigían hacia la zona.

En unos instantes, que a nosotros nos parecieron eternos, llegaron tres  vehículos sanitarios, de las que salió un equipo médico que nos preguntó los que había pasado y dónde estaban los heridos. 

 

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Mientras, otros, ya informados por el equipo del presidente, entraron rápidamente en bar.  Entre los que estaban fuera atendieron de varios golpes a dos personas de su equipo y a Amelia, que no tenía consuelo, y por mucho que le decíamos que había sido un accidente, ella era una mar de lágrimas.

-    ¡Dios mío, que me lo he cargado!

-    ¡Ha sido un accidente!, ¡ha sido un accidente!

Se agarraba los cabellos y escondía su cara como si estuviera avergonzada. Cuando nos teníamos lo peor, cuando el miedo a los que les pudiera pasar al presidente y las consecuencias que pudiera tener para todos, con lo ocurrido estaban en estado de shock.

Sobre todo volaba la posibilidad de una tragedia, seguían llegando ambulancias y vehículos de la policía nacional y guardia civil,  y casi sin hacer preguntas acordaron la zona. En el pequeño grupo la inquietud era total, no sabían qué hacer ni hacia dónde mirar, solo se intentaba dar consuelo a Amelia y tener alguna noticia del estado del presidente.

Después de uno 15 minutos, que a nosotros nos parecieron varias horas, nos comentaron que se lo llevaban, que su estado era preocupante, y en poco tiempo salía en una camilla llevada por los trabajadores del servicio de emergencias. 

Nos pareció que el presidente con la mano hacia una señal de calma, pero ya se sabe, aquí hay quien lo ve todo negativo y se pone en lo peor. Algunos miembros de su equipo echaban miradas que interpretábamos de desprecio, pero que igual simplemente eran de preocupación.

La policía nacional nos indicó que tenían que levantar un atestado sobre lo sucedido que nadie se marchara de la zona, y que deberíamos tener paciencia, ya que se tardaría un buen rato en hacer todo ello.

Nosotros solo acertábamos a decir, señores ha sido un accidente, ha sido un accidente, ya es mala fortuna que esa columna estuvieran justo detrás del presidente, lo sentimos mucho. 

Seguían llegando vehículos, la policía científica, aquello era un tumulto de personas trabajando midiendo…, y se improvisó un pequeño lugar donde los agentes iban tomando declaración a los presentes.

Primero lo hicieron con los miembros de equipo del presidente, nosotros desde la calle no sabíamos muy bien lo que estaban declarando, pero lo que era claro es que había sido un accidente y la mala suerte había hecho el resto del trabajo.

 

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Eran casi las dos de la tarde, después de una larga espera nos fueron llamando uno por uno, a la primera que llamaron fue a Amelia, pero al ver su estado, decidieron darla un tiempo para que se fuera calmando. 

A Juan fue el primero al que llamaron:

-    Buenos días, ¿nos puede facilitar su DNI?

Juan buscó en su cartera y con los nervios casi no era capaz de sacar el mismo, y eso que es un hombre tranquilo, pero  en esa situación de inquietud estaban todos aturdidos, al final lo encontró y se lo dio al agente.

-    ¿Nos puede explicar resumidamente cómo se han producido los hechos?

A Juan les temblaban las manos, la tensión era evidente

-    Ha sido un accidente, Amelia se ha levantado con la mala suerte que su chaqueta se ha enganchado con la mesa, y como lo ha realizado muy rápido, y la mesa no debía estar muy estable, la misma se ha caído sobre el presidente y las personas que estaban cerca de él, pero él ha tenido la mala suerte de que esa columna que estaba detrás.

-    ¿Ud. me puede confirmar que no hay nada personal, y no ha sido provocado?

-    La duda ofende, sé que es su trabajo, pero somos personas muy respetuosas y nosotros condenamos cualquier tipo de violencia, incluso la verbal, no es nuestra forma de hacer las cosas, y nuestro comportamiento se puede juzgar por tantos años. A pesar de la gran injusticia que sufrimos siempre hemos respetado a todo el mundo.

El policía con semblante serio le comentó:

-    Sí, Ud. lo ha dicho, yo tengo que hacer mi trabajo, por ello le agradezco que se limite a responder a los hechos ocurridos, que pueden tener después las consideraciones que crean convenientes mis superiores y los jueces(,) con los datos que nosotros le facilitamos.

-    ¿Por qué Amelia, se levantó tan rápidamente?, ¿cuál era el objeto de ese comportamiento, si estaban ustedes en una reunión?

Juan estaba incómodo, no sabía muy bien a qué venían tantas preguntas a tantas personas cuando el tema no dejaba lugar a dudas, pero…

-    Ha sido un momento de acaloramiento, ya que lo que estaba escuchando ofendía a cualquiera que estuviera en nuestra situación.

-    ¿Entonces Ud. me confirma que fue un compartimiento agresivo?

-    No, yo no le confirmo nada de ello, lo que comento, es que ella se levantó, ya que se sintió atacada por unos comentarios, pero en ningún momento hay la más mínima intención de hacer ningún daño a nadie, es un instante de emotividad, de nervios, en definitiva se trata de alzar la voz, nada más, ante lo que estaba escuchando.

-    ¿Pero Ud. admite que ese comportamiento tiene una grado de agresividad?

-    No, le esto diciendo que lo que se subía era el tono de voz, y  que se levantaba por los nervios y que todo ha sido un accidente como lo han podido ver todos los presentes.

-    Ya, pero todos los presentes no opinan como lo está haciendo Ud.

-    Sinceramente, no entiendo esto, las cosas son tan claras que por mi parte, no puede más que decirle que ha sido un lamentable accidente, que sentimos y mucho lo que ha pasado, pero que es fruto de la casualidad.

-    Y quizás de la actuación que han tenido Ud. al provocar ese estado de tensión

-    Esto me parece que es intentar buscar donde no hay, bastante estamos sufriendo, lo único que le puedo decir es manifestar nuestro deseo de que el presidente se recupere lo antes posible, por mucho mal que nos hayan podido hacer, nosotros nunca haríamos ese tipo de actuaciones que parecen insinuar, somos gente honrada y trabajadora, que simplemente lucha porque no le roben lo suyo, pero jamás haríamos daño a nadie.

-    Muchas gracias por su declaración, puede Ud. decir que pase otro de su grupo.

-    Prefecto, pero señor, esto puede ser una pérdida de tiempo para todos.

-    Gracias por su interés, pero nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo e intentamos hacerlo lo mejor posible.

A uno por uno les fueron tomaron declaración a  todos los del grupo. El tiempo se hacía eterno.

Los medios de comunicación rodeaban toda la zona, los periodistas buscaban protagonistas, y en reiteradas ocasiones pidieron declaraciones del grupo, que era muy reacio a hablar con  ellos, ya que la situación era muy complicada.

Después de mucho insistir, se comentó la situación y se decidió que Juan fuera el portavoz, y que hiciera unas declaraciones lo más escuetas posibles.

Los micrófonos se agolpaban ante Juan, los periodistas empezaron a preguntar:

-    ¿Uds. estaba presente cuando ha sucedido el accidente? 

-    Sí, estábamos teniendo una reunión.

-    ¿Y cómo es posible que en una reunión pueda acabar el presidente con la cabeza abierta?

-    Ha sido un accidente, fruto de la mala suerte y de una mesa mal colocada.

-    ¿Pero nos han dicho que ha sido culpa de alguno de Uds?

-    La palabra culpa aquí creo que está fuera de lugar, ha sido un accidente y esperamos que se recupere los más pronto posible.

-    Hay quién incluso ha llegado a hablar de un atentado con él

-    Si lo de la culpa está fuera de lugar imagínense Uds., esas insinuaciones que presuntamente pueden ser hasta un delito. Nada que ver con la realidad.

-    ¿Nos puede dar Ud. su versión de los hechos?

-    No, yo no les doy una versión, yo les cuento la realidad porque estaba muy cerca del presidente. Miren una persona de nuestro grupo se ha levantado, y al hacerlo se ha enganchado en la mesa, la cual ha caído sobre él, haciéndole perder el equilibro y su silla se ha ido hacia atrás, con la mala suerte de que había una columna donde se ha dado un fuerte golpe en la cabeza.

Juan quería dejar totalmente claro que había sido un accidente y que lo lamentaban profundamente.

-    Desde nuestro grupo y en nombre de todos queremos dejar claro, primero, que ha sido un lamentable accidente.

Segundo, que esperamos que el presidente tenga una pronta recuperación.

Tercero que esto nada tiene que ver con nuestra situación, y nos duele profundamente cualquier insinuación en sentido contrario, ya que nosotros respetamos a todos las instituciones y personas.

-    ¿No cree Ud. que esto puede tener consecuencias?

-    No lo sé, lo único que en este momento esperamos es el pronto restablecimiento del presidente.

Los periodistas seguían con sus preguntas., pero Juan alzó los brazos

-    Gracias, señores, por respeto hacia Uds. hemos hecho estas declaraciones, pero son momentos complicados donde no podemos dar más información, pero ustedes soben que nos tienen siempre a su disposición. Les reiteramos nuestro agradecimiento. 

La policía nos dijo que pusiéramos en un papel los datos de todos y un número de teléfono donde estuviésemos localizados, y a Amelia le comentaron que debía ir a la comisaría, esto preocupó mucho a todos, así que se le preguntó al responsable de policía a qué se debía que tuviera que con ellos.

-    No se preocupen, te trata de unas diligencias a las que nos obliga el protocolo cuando ocurren sucesos de estos tipos.

-    Por favor, ella está muy nerviosa podemos acompañarla.

-    No es necesario, pero si ella se encuentra mejor si va alguno de Uds. no hay problema, pero con dos personas es más que suficiente.

Cuando se le comenta al grupo todos quieren ir con ella, al final, Juan y Luis son los que nombra el grupo para acompañarla,  que sigue que no vive en sí, y tiene tal susto en cuerpo, que la pobre casi ni articula palabra.

Lo cierto, es que en la comisaria todo fue rápido,  meros temas de trámite, que  dejaron Amelía más tranquila. 

Sobre las cuatro y media de la tarde llegábamos a casa, dejábamos a Amelia con los suyos, que salieron corriendo a abrazarla, y en ella se volvieron a aparecer esas lágrimas que hablaban por sí solas de la tensión vivida.

Ya casi sin ganas de comer y muy cansados solo necesitábamos descansar, pero las noticias se habían difundido por los medios y todos sabían lo ocurrido, alguno, si te descuidas, mejor que los que estaban allí, siempre hay algún listo que te cuenta lo que has hecho.

Al ver a ese grupo de amigos delante de casa se agradecía el apoyo, no sentirnos solos cuando las cosas van mal es muy satisfactorio, pero después de los abrazos,  de  volver a comentar brevemente lo ocurrido y de tomar un tentempié, una siesta reparadora es lo mejor para descansar el cerebro y hasta el alma.

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