martes 26/10/21
LIBRO DIGITAL

Capítulo 30.1. El accidente del presidente - El viaje

Manifestación de AMA frente al Gobierno de Cantabria
Manifestación de AMA frente al Gobierno de Cantabria

A veces, como en los partidos de tenis, lo más difícil es cerrar el mismo, saber terminar, y hacerlo bien. En los libros pasa algo parecido, ese último capítulo es como el final de una buena comida, no se puede estropear con un mal café, que te deje mal sabor de boca.

Han sido tantas las experiencias contadas que, a estas alturas, quien haya tenido la paciencia de leer todas nuestras vicisitudes, seguro que nos conoce, y sabe, de largo, del sufrimiento de cientos de familias, cuya única equivocación ha sido confiar en nuestras instituciones. Las que les han timado, les han engañado, les han maltratado durante más de 20 años.

Es conocido que el éxito tiene muchos padres, pero cuando uno se equivoca,  o lo que es peor, cuando se hace daño a tantas personas, nadie quiere asumir esa responsabilidad, todos intentan esconder el bulto, su autoría.

Era un martes de otoño, de esos días desagradables en los que la lluvia y el viento se ponían de acuerdo para empapar a todo el que se atrevía a salir. Unos amigos de AMA habían quedado para ir a manifestarse a un pueblo cercano donde el presidente del Gobierno iba a inaugurar la reparación de una carretera.

Era en esas etapas preelectorales, donde los políticos aprovechan para salir en los medios y por todos los medios, todo vale con tal de tener ese minuto de gloria en las noticias, y si es inaugurando algo pues miel sobre hojuelas.

Luis marcó el número de Juan, este ya estaba preparado,  con el paraguas en ristre y buscando las llaves del coche, ya que no sabía dónde las había dejado.

Cogió el teléfono y vio su nombre

-    Buenos días, Luis, veo que tú también estás preparado.

-    No te creas, estoy dudando si con este tiempo merece la pena ir.

-    Hombre, hemos quedado y a pesar del tiempo que hace ahora, igual escampa y con un buen chubasquero, seguro que podemos estar allí y que nos vean, que no hemos desaparecido.

-    ¿Pero tú crees que los demás van a ir?

-    Bueno, tú sabes que el Grupo del Jueves tiene esa fuerza especial que hace que el tiempo no sea un gran problema, Si nos hemos manifestado hasta con nieve, esto son simplemente cuatro gotas para nosotros.

-    Tienes razón,  a las 10 donde siempre.

-    ¿Quién coge las pancartas?

-    Le he dicho a Pedro que las lleve él.

-    Pero luego, en la plaza del ayuntamiento, todos juntos preparamos los últimos detalles.

-    Ok, nos vemos allí.

Juan encontró las llaves y después de decirle a Mercedes, su mujer, que se iba con los de AMA, recibió los clásicos reproches de ella.

-    Eres un escaqueador profesional, siempre te las arreglas para no hacer nada en casa. Al menos, cuando vengas, pasa por “El Lupa” y traes el pan, leche y algo de fruta.

-    Esto es importante, es defender nuestra vivienda, no podemos dejar que nos roben lo nuestro.

-    Sí, pero esa disculpa te está cundiendo mucho. La próxima vez voy yo y tú te quedas haciendo la casa y la comida.

-    Vale, tienes razón, la próxima vez vamos los dos.

-    Oye, que yo no he dicho eso.

-    Un beso, que se me hace tarde.

Mercedes se quedó pensado: ¡qué jeta tiene, pero qué corazón más grande!

Sobre las 10 de la mañana allí estaba el grupo reducido de AMA, los más militantes, unas 15 personas, que  distribuidos en varios coches había llegado casi a la vez.

Juan tomó la palabra:

-    Buenos días, amigos, primero, gracias por venir, que con el día que hace tiene mérito, es más para hacer chapuzas en el garaje que para estar aquí debajo de la cornisa del ayuntamiento, pero sabemos que esto no es fácil, y tenemos que intentar que los responsables, empezando por el presidente del Gobierno, vean que lo nuestro no está solucionado y recordarles que ellos son los culpables.

Andrés le contesto:

-    Lo sabemos Juan, aquí estamos, tal y como habíamos acordado, para  seguir en esta precampaña y campaña a los cargos públicos, para que nos vean y nos oigan, los que estamos aquí no lo dudamos, seguro que nos gustaría estar haciendo otras cosas, pero esto es lo que hay, y si hace mal tiempo pues toca fastidiarse y seguir hacia adelante.

AMA formó el grupo del jueves

-    Tienes razón, bueno, manos a la obra, Pedro ha recogido las pancartas y van en su coche, seguimos todos a Juan, que conoce mejor el camino, y a por ellos, que son pocos e injustos.

Se oyen risas y se ven sonrisas e incluso algún aplauso.

La pequeña caravana de 5 coches toma la carretera nacional hasta que después de unos 20 minutos llegar al punto convenido.

Allí no se ve a nadie, por unos momentos reina el desconcierto, ¿qué hacer? ¿nos habremos equivocado? ¿igual no era aquí? Miran en sus móviles la agenda que aparece de las actividades del presidente, donde claramente consta que a las 11 de la mañana estaría allí, pero eran las 10:30 y no estaba ni el apuntador.

Deciden ir al bar de la esquina a tomar unos cafés, y le preguntan al camarero si sabe si es en esa zona donde van a inaugurar un tramo de carretera; el camarero les mira con cara de extrañeza, es un chico joven de apenas 20 años y les dice que él de eso no sabe nada, pero que había visto las apisonadoras pasando estos días por el pueblo, y que han estado arreglando y asfaltado el viejo camino al barrio de La Ermita, pero de la inauguración no tenía ni idea. Cuando más preocupados se encontraban, un abuelo que leyendo el periódico, levantó lo mirada y les dice:

-    Señores les he oído hablar con Chus, y sí, el presidente vendrá hoy por el pueblo, no ha estado en 20 años, pero hoy acude a inaugurar ese tramo de medio kilómetro.

Rápidamente le preguntamos si sabe la hora, ya que creíamos que era a las 11, y responde:

-    El alcalde pedáneo nos comentó que sería al mediodía, nos ha dicho que fuéramos unos cuantos para arroparlo, aquí no hay mucha gente.

Después de darle las gracias y terminar el café, nos damos una vuelta por  cerca del tramo de carretera donde supuestamente se iba a llevar a cabo el acto protocolario, en un pequeño pueblo de los valles pasiegos. Entre los del grupo los había que eran muy aficionados a la fotografía y, rápidamente, desenfundaron de sus coches las cámaras para inmortalizar esa zona con sus largos objetivos.

El tiempo había dado una tregua, y la lluvia cesaba dejando paso a esos rayos que resaltaban en esos pequeños charcos y hacían de espejos y reflejos para mayor gozo de los fotógrafos ocasionales. Otros más inquietos estaban preocupados por el retraso, y por las obligaciones que tenían, y hasta hubo un pequeño intento de motín.

Así, el portavoz de los mismos comenta:

-    Oye Juan, no merece la pena estar aquí perdiendo el tiempo, ya que no sabemos cuándo va a venir el presidente, e incluso si va a venir.

Otros apoyaban la idea.

-    Es cierto, mejor nos vamos para casa y lo dejamos para otro día.

En esto Julio toma la palabra:

-    A ver, ¿estamos tontos o qué?,  nos hemos hecho casi 30 km, para venir aquí, lo hemos hablado ya muchas veces, que estos actos no siempre se realizan según las horas programadas, ya que la agenda de los responsables políticos puede cambiar por muchas causas. Aun sabiendo que es una “puñetada”, creo que merece la pena esperar, por lo menos hasta el mediodía, tal y como nos ha dicho el señor en el bar.

-    Ya, sí, pero es que tenemos otros compromisos.

Ángel con mucha sorna les dijo.:

-    Claro hacer los recados, y cuidar nietos...

Pronto le respondieron ¿y te parecerá poco?,

Julio volvió a intervenir:

-    Esperamos hasta las 12:15 y si para esa hora no tenemos ninguna noticia, nos vamos, ¿qué os parece?

La mayoría asintió, otros, con menos ganas, aceptó la decisión con cara de pocos amigos, y es que llovía sobre mojado. El cansancio era mucho, ya se habían realizado considerables actos de este tipo y no siempre habían salido bien.

Sobre las doce menos cuarto se empieza a observar movimiento, llega una furgoneta de la que bajan varios operarios, con sus trajes de agua amarillos, y se ponen manos a la obra, acordonando la zona.

En un santiamén, comenzaron a llegar coches oficiales y un pequeño microbús que traía a unas 25 personas, detrás varios vehículos de prensa, en uno de ellos destacaba el logotipo de RTVE.

El horario oficial del abuelo de la taberna era el que se estaba cumpliendo, así, al mediodía, la comitiva estaba formada. Ya había llegado el presidente, y el alcalde de la zona y el pedáneo luciendo sus mejores galas, Una pequeña fanfarria  hacía sonar sus instrumentos, calentando para el acto.

Los servicios de protocolo y asistencia que acompañan al presidente pronto improvisaron un pequeño atril, desde el que las autoridades empezaron a dirigirse a los presentes.

El primero fue el alcalde pedáneo, un señor entrado en años, de una altura considerable, y la cara morena curtida por el sol, de rostro agradable y de voz que marcaba el acento de la zona.

-    Estimado presidente, autoridades y amigos, es para nuestro pequeño pueblo un honor contar con su presencia entre nosotros, aquí no estamos acostumbrados a estos actos, y yo no soy de muchas palabras, por ello, solo darles las gracias por ese tramo de carretera, que para otros parece muy poco, pero que para nosotros es de gran importancia, gracias presidente sabemos que sin su impulso esto no hubiera sido posible. Gracias a todos.

El Grupo del Jueves poco a poco se iba acercando con dos pancartas, en una la foto de propio presidente, en la que, mediante el retoque fotográfico, se le había puesto una nariz como la de Pinocho y se podía leer “El Presidente nos miente”,  esta la llevaban entre seis personas, y había otra un poco más grande, donde aparecía un hombre desnudo, y al mismo le habían clavado, en su espalda, cuatro banderillas, la del Gobierno, la de los Ayuntamientos afectados por los derribos, la del demandarte y la de la propia justicia, esta última era llevada por 8 personas, mientras que otros 2 acompañaban a Juan y Amelia que llevaban sendos megáfonos.

Después del alcalde pedáneo era el turno del alcalde del pueblo, este era más joven, y un poco sobrepasado de kilos, con una cara redonda e impecablemente vestido con traje y corbata, su voz era más suave y su léxico más refinado.

-    Estimado presidente, estimadas autoridades estatales, autonómicas y municipales, amigos del pueblo y de la pedanía. Hoy es un día especial para esta zona, una obra ampliamente demanda ve la luz, y esto ha sido posible por el gran trabajo del ejecutivo y sin duda por el presidente del mismo.

Pancarta de AMA

Mientras el alcalde seguía con su discurso los miembros del Grupo del Jueves, se iban acercando, la premisa era no molestar de ninguna forma hasta que el presidente, principal culpable de las situaciones que sufren cientos de familias, tomase la palabra, ya que contra los que nada nos habían hecho, nada teníamos de que responsabilizarles.

Seguía el regidor dando su pequeño mitin, haciendo méritos ante sus jefes, demostrando que él era un activo del partido, y que podía ocupar puestos de mucha más responsabilidad.

-    Esta es una zona abandonada durante mucho tiempo por otros gobiernos regionales, ha tenido que venir este ejecutivo, nuestro presidente, para que se acuerden de dónde está nuestro pueblo; por ello, sin duda, siempre les estaremos agradecidos. Sabemos que los recursos son escasos, y dedicar una parte de los mismos a nuestra zona, a nuestra gente, nos llena de satisfacción. Este pueblo, este territorio, el barrio de La Ermita y nosotros nunca lo olvidaremos, gracias a todos los que han colaborado hoy para que este acto sea posible y que los vehículos puedan subir sin dejarse los bajos por el camino. Gracias, señor presidente, gracias al Gobierno de esta Comunidad que siempre ha sabido estar a la altura, gracias a todos.

Los aplausos de la cola, sonaban mucho más fuerte, y alcalde y presidente se fundían en un gran abrazo.

Algunos de los presentes ya había detectado la presencia de este Grupo del Jueves y las miradas no eran de simpatía. Así, antes de empezar el discurso del presidente, tres personas que se identificaron como miembros de seguridad, nos preguntaron con qué permiso estábamos allí.

A lo que Juan respondió:

-    En uso de nuestra libertad de reunión y expresión que recoge nuestra Constitución.

-    ¿Han pedido Uds. los permisos pertinentes antes la Delegación del Gobierno?

-    Para el uso y disfrute de nuestros derechos constitucionales no necesitamos permiso de las autoridades, ya que son las propias leyes fundamentales las que nos dan ese derecho.

La cara de los miembros de seguridad era de sorpresa e incluso de incomodidad y, en un tono nada agradable, nos dijeron:

-    Tengan Uds. cuidado con los que hacen y lo que dicen no sea que se metan en un buen problema.

Juan, que es tipo tranquilo, les contesto:

-    Gracias por su información que no dudaremos en tener en cuenta, eso sí, tengan Uds. cuidado en la limitación de los derechos constitucionales, que saben que está penado en nuestra legislación vigente.

A continuación se marcharon hacia el grupo que estaba en el acto de inauguración, con cara de pocos amigos.

Algunos de los presentes nos advertían de sí nos metemos en un lío, nos denuncian y nos ponen multas.

Juan volvió a tomar la palabra:

-    Nadie nos dijo que esto era fácil, y que  estuviera exento de riesgos, pero creo sinceramente que los peligros no vienen de posibles infracciones por nuestra parte, sino de que no somos nada gratos a los que aquí están presentes, pero esto ya lo hemos hablado, nosotros tenemos nuestras consignas claras, no faltar, ni insultar a nadie, tener el debido respeto a todos, eso sí, nadie nos puede quitar nuestros derechos a enseñar las heridas que ellos nos han hecho.

Con más miedo que vergüenza se fueron acercando, ya eran visibles por la gran mayoría de los que estaban allí, pero los que miraban hacía el orador, todavía  no notaban todavía la presencia de los que estaban a sus espaldas.

En esta tomo el micrófono el presidente, y antes de decir las primeras palabras ya se escuchaban los aplausos, como si fuera una estrella de cine, o del mundo del deporte.

El presidente era un hombre de edad avanzada, los años se habían acumulado en esas patas de gallo y arrugas que adornaban su tez, abrió sus manos para agradecer los aplausos, pedir un poco de silencio y poder empezar su discurso.

-    Buenos días, amigos de esta hermosa zona que tanto quiero, y de la que tengo grandes recuerdos de mis años mozos, muchos ya me conocéis, algunos incluso me habéis visto por  aquí hace tantos años, cuando nuestro partido, era casi totalmente marginal, ¡cuánto hemos andado juntos! Pero bueno, hoy estoy aquí por algo muy grato como es la inauguración de una carretera, ya sabéis que algunos de la oposición me comparan con el dictador, dicen que él inauguraba pantanos y yo lo hago con las carreteras. ¡Cuánta envidia, cuánta incultura, cuántas personas que nos quieren gobernar y no conocen ni nuestra tierra!

En ese mismo momento, se oyen la voz de Amelia que salía como un torrente por el megáfono:

-    Presidente, queremos justicia, presidente queremos nuestras casas.

Todos los demás a coro chillaban “justicia, justicia, justicia…”, la voz de las 15 personas del Grupo del Jueves resonaba con tal fuerza que con solo oír estas palabras todos los presentes giraron sus cabezas, y la mayoría no acertaba muy bien a saber qué ocurría. Lo que menos podían pensar, es que en medio de esta Cantabria profunda, un poco perdida de la mano de Dios, podía haber un grupo de personas con pancartas pidiendo justicia.

El presidente interrumpió su discurso, y se dirigió desde el megáfono hacia el grupo:

-    Señores de AMA, sabemos de su problema, pero si tienen algo que decirnos tienen mi despacho donde les puedo recibir, pero aquí ni es el lugar ni es el momento.

Amelia le contesto desde el megáfono:

-    Señor presidente Ud. sabe que eso no es cierto, nos hemos reunido con Ud. muchas veces y nuestro problema sigue igual, no perdón, ha empeorado, el paso del tiempo ha hecho mucho más grande la injusticia que Uds. están cometiendo con nuestras familias.

Las palabras de Amelia intentaban ser silenciadas por los silbidos de algunos de los presentes, otros chillan…

-    ¡Fueran, fueran, fuera de aquí, vosotros no pintáis nada en este acto!

Algunos menos racionales directamente insultaban al grupo que estaban con las pancartas:

-    ¡Iros a tomar por…!

-    ¡Sinvergüenzas,…!

-    ¡A mamar a Ampuero...!

Y otras lindezas que fueron subiendo el tono entre algunos de los que estaban en el acto y los que querían denunciar el daño realizado por el presidente a sus familias.

El presidente, algo alterado, está pidiendo calma:

-    Calma amigos, que siempre hay quien no sabe estar en su lugar, siempre hay personas que se creen con todos los derechos, y que los demás también están a su servicio.

Las palabras de presidente eran aplaudidas, y además envalentonaban a la masa.

Después de una discusión que no tenía buena pinta de cómo podía acabar, ya que la tensión seguía subiendo y los nervios estaban a flor de piel, los de seguridad volvieron, pero ahora no eran tres, sino que venían acompañados de otras diez personas, y de algunos miembros de la fuerza del orden que aparecieron allí rápidamente.

Los miembros de la organización del acto, nos dijeron:

-    Bueno, señores, nos dice el presidente que cuando acabe el acto, si Uds. deponen su actitud, les recibe, para comentar sus reivindicaciones.

Otro de ellos intervino:

-    Sean razonables, no creemos situaciones indeseables para todos.

Amelia, que estaba ya muy caliente por lo que había oído, les comentaba:

-    Miren Uds. si aquí hay alguien maltratados son nuestras familias, que llevamos más de 20 años soportando la injusticia por actuaciones del presidente, tiene … que tengamos que aguantar encima insultos de cuatro indocumentados.

Intervino un policía nacional, que tenía una estrella en su uniforme, y nos dijo:

-    Tienen Uds. dos opciones, marcharse ahora y aquí no ha pasado nada o esperar a que acabe el acto y hablar con el presidente. Otra actuación les sitúa a Uds. en una posición complicada, sean Uds. razonables y no creemos un problema de orden público donde todos tenemos algo que perder, y puede que Uds. más.

Juan toma la palabra:

-    Agradecemos sus consejos y sus propuestas, pero nosotros no estamos incumpliendo la ley en ninguna de sus partes, estamos ejerciendo nuestros derechos, no nos merecemos el trato que estamos recibiendo. Las autoridades están, tanto para que el presiente pueda ejercer sus derechos, como los que estamos aquí. Los derechos constitucionales son para todos, no tiene nadie un derecho preferencial, nuestra libertad de expresión tiene el mismo amparo legal que el del presidente.

Intervino otra vez el mando policial:

-    Señor, le aseguro que nosotros también conocemos las normas, y aquí no estamos hablando de impedir nada, sino de aplazarlo por unos momentos para que todos puedan ejercer sus derechos.

Entre el grupo se hace un pequeño corro, hay muchos nervios…

-    ¿Qué hacemos?,  decían unos a otros

-    A ver si nos vamos a meter en un lío, que si además de tener una sentencia de derribo tenemos una multa, hacemos un pan como unas tortas(.)

Luis pidió calma:

-    Hasta aquí todo lo hemos hecho por consenso, estando de acuerdo todos, no nos vamos a arriesgar ahora a buscarnos más problemas de los que tenemos. Creo que es sensato aceptar la reunión con el presidente cuando acaben el acto.

Había división de opiniones entre los que decían que no se podía ceder al chantaje y los que veían mejor tener esa reunión propuesta.

Finalmente Amelia, que era de sangre caliente, se puso casi a llorar de rabia:

-    A mí el cuerpo me pide guerra, bastante daño nos han hecho, pero no puedo volver a mi casa y decirles que además de una sentencia de derribo tengo una denuncia.  Por ello, con todo el dolor, amigos, creo que será mejor hacer caso a Luis.

La mayoría, al ver la tristeza de Amelia, y oír sus palabras, se convencieron de que más vale tener precaución, que meterse en situaciones que no sabes cómo se pueden acabar.

A veces el consenso se hace con una mirada, y las miradas del grupo indicaban que, en ese momento, era mejor replegar velas.

Manifestación de AMA ante el expresidente de Cantabria, Ignacio Diego

Amelia dijo:

-    Nos vamos al bar y esperamos quedamos allí con el presidente si es posible, cogió el megáfono y resonó su voz con más fuerza si cabe.

-    Nos vamos, pero que sepan que es por las personas de este pueblo que no tienen culpa alguna de las actuaciones que Uds. y su Gobierno han hecho con nosotros.

Después, lanzó los mensajes:

-    ¿Qué pedimos?

Y todos en coro contestábamos como siempre…

-    ¡Justicia, justicia y justicia!

Terminando con un…

-    ¡No derribos!, ¡no derribos!...

Manifestación de AMA

Los medios de comunicación que estaban allí siguiendo el acto volvieron sus dispositivos hacia el grupo, inmortalizando el momento con sus cámaras y micrófonos.

Se oyeron unos tímidos aplausos, y se fueron enrollando las pancartas, para salir en dirección al bar del pueblo que estaba, a escasos 100 metros del lugar.

Por ese corto camino se iba comentando la jugada, la cara dura que tenía el presidente, que iba de digno y luego nos ignoraba como si no existiéramos. El grado del mando del  policía, uno decían que era un capitán, otros que un alférez… no había consenso sobre las puntas que tenía su estrella, pero sí en que fue el más convincente y el que más imponía.

Aquellos que tenían más prisa por sus compromisos y obligaciones se fueron en dos coches, después de lamentar no poder quedarse más tiempo y desearnos suerte en la reunión.

Pedir justicia te puede llevar a la desesperación

El tiempo pasaba y el presidente no llegaba, algunos comenzaban a inquietarse,

-    Solo faltaba que nos diera esquinazo.

-    No creo, lo normal es que la comitiva pase por aquí.

-    Igual tiene otro plan de fuga.

Todos se ríen, lo cierto es que con humor estas situaciones se llevan mejor

Luis:

-    Será mejor aprovechar este tiempo para preparar la reunión. Sobre todo saber qué le vamos a pedir.

Amelia:

-    Mejor qué le vamos a exigir, pero este hombre es muy escurridizo. No se moja ni en la ducha.

Juan:

-    Lo importante es sacar un compromiso de que su gobierno va a cumplir con lo recomendado por el Defensor del Pueblo, el Comité de Peticiones del Parlamento Europeo, y reiteradamente el propio Parlamento de Cantabria.

Amelia:

-    Tengo la impresión de que este se nos escapa por los cerros de Úbeda.

El grupo estaba en estas elucubraciones cuando aproximadamente a la media hora llegó la comitiva del presidente, unas 20 personas que le acompañan, y parece que le protegen.

Se acerca al grupo un señor muy bien trajeado, alto y guaperas, que si lo ves por la calle pensarías que era un ligón entrado en años, pero que conserva todavía su atractivo, y que podía levantar más de un suspiro.

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