sábado 28/5/22

A medida que pasa el tiempo cuesta más mantener algunas tradiciones, ya que con el transcurrir de los años hay cosas que caen en el olvido. Sin embargo, hay muchos amantes de lo primigenio que se empeñan en mantener vivas algunas costumbres de antaño.

 En la Merindad de Campoo es costumbre tocar el rabel o bandurria

Desde hace años en la Merindad de Campoo es costumbre tocar el rabel o bandurria, un instrumento de cuerda, cuyo aspecto es similar al del violín, y que se utiliza de acompañamiento durante el canto.

A día de hoy no es habitual encontrarse con muchos músicos que incluyan este instrumento en su repertorio. Sin embargo, el grupo ‘El Romancero en la calle’ nació hace más de 10 años para mantener vivo este instrumento.

Uno de sus cuatro componentes, Luis Crespo, cuenta que comenzó con el rabel cuando se enteró que el rabelista Chema Puente daba clases de este instrumento al lado de su casa: “Yo empecé con el rabel gracias a las clases con Chema Puente. Al principio utilizaba un rabel que me prestaron, pero a medida que iba tocando y aprendiendo me fabriqué mi propio instrumento”. Crespo apunta a la importancia de fabricarse un instrumento propio y adaptarse a él, ya que “no hay dos rabeles iguales”.

Componentes de El Romancero en la calle

Componentes de El Romancero en la calle

Una parte muy positiva de esto es que se puede fabricar con la madera que se tenga a mano porque no hay ningún manual de instrucciones. “Tú coges cualquier madera que te encuentres, yo la primera la hice con un palé. La construcción del rabel es algo que debes hacer tú porque eres el que lo va a tocar, de esta manera puedes hacerlo como quieras. Antes evidentemente lo hacías a mano y ahora con herramientas. No hay una ciencia exacta porque ninguno suena igual que otro”.

El grupo nació cuando acabamos en la escuela. Entonces Chema Puente empezó a llamarnos para hacer un grupo

“El grupo nació cuando acabamos en la escuela. Entonces Chema Puente empezó a llamarnos para hacer un grupo con el ánimo de divertirse y divulgar el romancero tradicional panhispánico porque nadie tocaba el rabel. Así que empezamos a ensayar y a tocar y así se creo el grupo”. Desde ese momento han pasado más de diez años, actualmente siguen cuatro componentes (Mimi San Emeterio, Manuel Saiz Rumayor, Julio Sánchez y Luis Crespo Barreda) de los siete iniciales. Crespo recuerda que los comienzos no fueron fáciles: “Es muy complicado tocar siete personas cada uno con su rabel porque no suena uno igual que otro. Pero según íbamos ensayando aquello rodaba y sonaba bien. Esto es una afición que nos ha permitido tocar por todo Cantabria e incluso salir de la comunidad, ya que hemos actuado en León o Valladolid”.

No obstante, a pesar de que hay escuelas de rabelistas, Luis Crespo no ve claro si los jóvenes se moverán al son de la música de la bandurria. “Es complicado saber si este instrumento perdurará en el tiempo o no, porque ya no están muchas personas que lo tocaban en su día”.

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