jueves. 29.09.2022

El encanto de la zona occidental de la región es inmenso. No solo la vista disfrutará de paisajes inolvidables, sino que la memoria será capaz de recrear épocas pasadas. Los niños sentirán más cerca eso que sus abuelos les cuentan en cada visita, se adentrarán en el interior de la tierra, disfrutarán de animales nunca vistos y valorarán las maravillas que la naturaleza ha dejado en ‘la tierruca’. La Cantabria occidental ofrece muchas alternativas para pasar el día en familia, con especial protagonismo en los pequeños de la casa.

Una visita original es sumergirse en el Poblado Cántabro de Cabezón de la Sal que recrea uno de estos núcleos de la Edad del Bronce. Los niños detendrán el tiempo cientos de años atrás y se sentirán habitantes del lugar a través de un recorrido por el interior de estas casas. Se sentarán junto al fuego, rodeados por el telar, las cerámicas de cocina y almacén, los aperos de labranza, el armamento etc. Como si de una máquina del tiempo se tratara, atravesar la muralla que lo rodea y poner un pie en este poblado cántabro transportará a los visitantes a diferentes momentos de la historia. Además, los niños serán los protagonistas en todo momento y construirán sus propias edificaciones de la época, podrán aprender a hacer cabañitas de barro y paja o a tejer en un telar, acercándose así, al modo de vida de los antiguos cántabros.

Poblado cántabro de Cabezón de la Sal
Poblado cántabro de Cabezón de la Sal

Sin movernos de Cabezón de la Sal, un gran Bosque de Secuoyas plantadas alrededor de los años 40 dejará sorprendidos a niños y mayores de internarse en él. De 2,5 hectáreas, con 848 ejemplares de esta especie de una altura media de 36 metros y un perímetro medio de 1,6 metros, así como 25 pies de Pinus radiata, constituye un espacio único de silencio y paz solo interrumpido por el sonido de la vegetación que allí convive. En el bosque puede realizarse una ruta circular de dos kilómetros, perfecta para disfrutar el entorno natural en familia. Las Secuoyas del Monte Cabezón son un Espacio Natural Protegido de Cantabria, declarado Monumento Natural, e incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Cantabria.

Secuoyas en otoño de Cabezón de la Sal | Foto: Turismo de Cantabria
Secuoyas en otoño de Cabezón de la Sal | Foto: Turismo de Cantabria

Una de las festividades más atractivas para niños y mayores son las Guerras Cántabras que este año se celebran del 26 de agosto al 4 de septiembre en Los Corrales de Buelna. Esta fiesta declarada de interés turístico internacional es una recreación única en la que se reproduce la resistencia de Cantabria al imperio romano y quien se acerque encontrará las 13 tribus y clanes de las guerras cántabras. El pueblo se transforma con la reconstrucción del campamento romano, de un mercado o de edificaciones cántabras de la época

Las Guerras Cántabras vuelven a recrear el conflicto entre las legiones romanas y las tribus cántabras
Las Guerras Cántabras

Perderse por las calles de pinos que dibujan el ya famoso laberinto de Villapresente es siempre una buena opción para pasar con niños. Considerado inicialmente como el más grande de ese tipo en España, lo componen algo más de cinco kilómetros de pasillos y los asistentes tendrán que buscar la salida entre sus confusas calles para dar por completado con éxito el juego al que se rinden pequeños y mayores, pues allí todos viven la infancia de nuevo. ​​El horario de apertura es de 10:30 a 20:00 horas y la última hora de entrada a la actividad es a las 19:00 horas.

Laberinto de Villapresente interior
Laberinto de Villapresente interior

Los niños también pueden descubrir el interior de Cantabria visitando una de sus cuevas más famosas ubicada en la Sierra de Arnero, entre los municipios de Herrerías, Valdáliga y Rionansa, El Soplao. Esta zona del occidente cántabro guarda en su interior una de las grandes maravillas geológica a nivel internacional. Fue descubierta a principios del siglo XX con motivo de la explotación de las minas de La Florida y la inmersión en el mundo subterráneo que requiere su visita será una experiencia única para niños y mayores. Una recreación de tren minero traslada, a través de la galería minera de La Isidra, hasta una estación interior. A partir de aquí, se realiza el circuito a pie por diversas galerías y salas donde contemplar bellas y espectaculares formaciones entre las que destacan las llamadas 'excéntricas', además del conjunto las caprichosas formas que adoptan estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, etc.

Cerca de la Cueva de El Soplao, en el municipio de Herrerías, se encuentra la Ferrería y molino de Cades, uno de los pocos ejemplos de ingenios hidráulicos que se pueden ver en funcionamiento. Este edificio que forma parte de un conjunto rural del siglo XVIII ofrece visitas guiadas donde se ponen en marcha sus máquinas, mostrando el trabajo de los ferrones y molineros de la época. Para completar el día, el lugar invita a pasear por el bosque de ribera próximo, entre hayas, fresnos o avellanos.

Dos millones de visitantes han entrado en la Cueva de El Soplao
Cueva de El Soplao

En Santillana del Mar, la Cueva de Altamira es su joya estrella, una cavidad natural en la roca en la que se conserva uno de los ciclos pictóricos y artísticos más importantes de la prehistoria declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. La cueva no está abierta a su visita, pero sí se visita la réplica, la Neocueva en el Museo de Altamira. La cueva original tiene un régimen de acceso controlado y muy limitado de visita pública. En esta localidad también se encuentra el Zoo de Santillana,  de unas seis hectáreas de extensión en el que se desarrollan 40 programas de cría en cautividad de especies en peligro de extinción como las Panteras de las Nieves, los Leones Asiáticos, el Tití Emperador, el Lobo Ibérico, la Nutria y el Bisonte Europeo, los Tigres o los Orangutanes de Sumatra.

Cueva de Altamira 02.jpg
Cueva de Altamira

Y para disfrutar de la aventura, Cabuerniaventura está ubicado en el corazón de la comarca de Cabuérniga, en el centro de la Reserva Nacional del Saja, en Ruente. Desde los parques de juegos en altura con tirolinas, puentes y rocódromos hasta un relajante paseo en poni, los niños podrán disfrutar de un día rodeado de naturaleza e incluso también de la noche, pues cuenta con alojamiento.

 

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