viernes 21/1/22

Cuando llega la noche del 5 de enero afloran los nervios ante la llegada de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Es una de las pocas (por no decir la única) noches del año en la que los niños apremian a sus padres a irse a la cama y no al contrario, ya que esta es una festividad que gusta tanto a niños como a mayores. Sin embargo, pocos conocen las muchas historias sobre el origen de estos seres de leyenda.

La primera referencia que tenemos de Melchor, Gaspar y Baltasar es en el Evangelio de San Mateo, donde simplemente se habla de unos magos, de los cuales no se menciona sus nombres ni si eran reyes. Concretamente, el Evangelio dice que estos magos vinieron desde Oriente siguiendo una estrella que les guiaba para que adorasen al rey de los judíos que acababa de nacer.

Este peregrinaje llamó la atención de Herodes el Grande, el rey de Judea, quien hizo llamar a estos magos para preguntarles qué pretendían con este viaje y decirles que una vez encontrasen a este niño se lo comunicasen.

Cuando los magos llegaron a su destino, les ofrecieron al niño los presentes que llevaban para él. La Mirra, como presagio de sus sufrimientos venideros; el incienso, que era la ofrenda de los dioses; y el oro; el metal de los reyes. Tras esto, los ángeles les dijeron a sus Majestades que no diesen aviso a Herodes del paradero del niño, ya que este solo quería matarle.

Por otro lado, llama poderosamente la atención el relato que Marco Polo, el universal mercader veneciano, dedica a los Reyes Magos en su obra Libro de las maravillas. Allí nos cuenta que los Magos partieron a Belén desde la ciudad persa de Sava, donde Marco Polo asegura que se encontraban enterrados.

Los Magos llevaron sus presentes al recién nacido, que consideraban como un profeta

Según este relato, los Magos llevaron sus presentes al recién nacido, que consideraban como un profeta, para saber si era rey terrenal (si aceptaba el oro), Dios (si aceptaba el incienso) o médico (si aceptaba la mirra). Al visitarlo por separado, cada uno de los Reyes veía al niño Jesús como si fuera de su edad y apariencia. Cuando se acercaron los tres juntos al portal, lo vieron como el recién nacido que era, pero con la suficiente madurez como para aceptar los tres regalos y, en correspondencia, entregar a los Magos como regalo un pequeño cofre.

De regreso a Sava, los Reyes decidieron abrir el cofre, encontrando dentro una piedra. Debieron de sentirse decepcionados, porque arrojaron la piedra a un pozo, pero cuando la piedra alcanzó el fondo, un fuego ardiente bajó del cielo y se introdujo en el pozo. Ante este fascinante prodigio, los Reyes se persuadieron del carácter divino del niño y quedaron comprensiblemente arrepentidos de su conducta. No pudiendo recuperar la piedra sin abrasarse, tomaron muestras del fuego y lo repartieron por sus respectivas ciudades, Sava, Ava y Cashan, depositadas en templos donde se adoran como un fuego sagrado.

Otra leyenda cuenta que los Reyes Magos se bautizaron tras la resurrección de aquel a quien adoraron cuando era un niño, que llegaron a ser obispos y que sus restos se encuentran en la catedral de Colonia. De alguna manera prodigiosa, lejos de su enterramiento alemán, los Reyes Magos de Oriente dan muestras de una vitalidad asombrosa que despliegan cada año, de este a oeste y de norte a sur, en dos fechas que millones de personas de todas las edades guardan como una entrañable ilusión en su memoria: 5 de enero, 6 de enero.

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