martes 30/11/21
MEMORIA HISTÓRICA

Ni memoria ni justicia en el Valle de los Caídos

Los delirios de grandeza de un régimen dictatorial acabaron representando un intento por tergiversar la historia de un pueblo. Así, cientos de víctimas republicanas descansan junto a sus asesinos en uno de los mausoleos más grandes del mundo construido por un dictador. La mayoría sin identificar y sin el permiso de sus familias. Entre ellos yacen también decenas de represaliados cántabros.

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Se trata del mausoleo más grande que existe en Europa

El Valle de los Caídos es el vivo ejemplo de la falta de memoria y justicia que gobiernan España. Fue Francisco Franco, cuyo golpe militar y posterior dictadura escribieron 39 años de la historia española, quien inauguró el monumento en 1959. Su sepulcro y el del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, permanecen adornados con claveles frescos en el monumento. La basílica del Valle, construida por miles de presos políticos, se encuentra custodiada por dos grandes escudos de piedra con las águilas características de la simbología franquista. En medio de este panorama, en un acto de propaganda franquista y más tarde en uno de irresponsabilidad democrática, se ha querido otorgar a este lugar en la madrileña Sierra de Guadarrama de un sentido reconciliador de “las dos Españas”.

Un viaje al Valle de los Caídos

La entrada al monte de Cuelgamuros, el paraje escogido por Franco después de su desfile de la Victoria por Madrid en 1940 para albergar el monumento, es una pendiente de seis kilómetros que se puede recorrer en vehículo particular o en un autobús de línea que hace cada día el trayecto entre el pueblo de El Escorial y el Valle de los Caídos. El precio total del viaje son 8,60 Euros, e incluye la entrada de 6 euros al Valle, propiedad del Estado que gestiona Patrimonio Nacional.

En un acto de propaganda franquista y más tarde en uno de irresponsabilidad democrática, se ha querido otorgar a este lugar en la madrileña Sierra de Guadarrama de un sentido reconciliador de “las dos Españas”

Un martes cualquiera catorce personas, la mayoría de ellas extranjeras (Argentina, Alemania, Inglaterra) y algún español curioso, toman el autobús que les recogerá en el mismo aparcamiento bajo la cruz de los caídos dos horas más tarde. Al cruzar la puerta de piedra custodiada por la Guardia Civil, una carretera en pendiente rodeada por un bosque de pinos asciende hasta la basílica. A mitad de camino ya se puede observar la cruz más alta de la Cristiandad -150 metros- que corona la cima sobre la basílica construida en el interior de la montaña.

Una vez arriba, la mole de piedra granítica está rodeada del mismo bosque de pinos, decorado con mesas de madera y alguna pequeña fuente, como si los domingos aquel lugar gris se fuera a convertir en un alegre merendero. La entrada a la basílica es una enorme explanada rodeada por cipreses desde la que, de espaldas a la construcción incrustada en la montaña, se contempla una privilegiada vista de la sierra madrileña.

Dejamos atrás las montañas nevadas para contemplar la basílica bajo la imponente Cruz de los Caídos. Debajo, la entrada a la iglesia se extiende en un gran soportal horizontal lleno de columnas, con un escudo del águila en piedra a cada lado. En el medio, una puerta que da acceso al interior de la montaña aparece coronada por una inmensa escultura que representa La Piedad.

“Esta basílica fue inaugurada por Franco”

Tras una primera sala que alberga la tienda de souvenirs y el arco detector de metales, una inscripción en la piedra indica que “este monumento fue inaugurado por Francisco Franco el 1 de abril de 1959”.  La siguiente sala está custodiada por dos gigantes arcángeles de acero a los lados de una enorme reja que actúa como puerta de acceso a la sala abovedada, un túnel de 260 metros. Estamos dentro de un monumento erigido por el franquismo que guarda osarios con los cuerpos de otros sublevados, así como con los restos de quienes fueron asesinados por ellos. En total, cerca de 34.000 difuntos.

Un monumento erigido por el franquismo que guarda osarios con los cuerpos de otros sublevados, así como con los restos de quienes fueron asesinados por ellos.

Seis vírgenes ostentan capilla a ambos lados de la gran bóveda con suelo de brillante mármol y paredes de piedra, acompañadas de tapices con escenas del Apocalipsis. Detrás de todas las capillas del templo se encuentran los osarios. Destaca entre las figuras la Virgen de África, que debe sus honores a la celebración del inicio de la guerra (iniciada en territorio africano), tal y como especifica un cartel frente a ella.

Pasado el túnel, aparece una enorme estancia circular coronada por una cúpula que alberga en el medio el altar mayor. Frente a éste, en el suelo, la tumba de Primo de Rivera; en el lado opuesto, la de Francisco Franco. La decisión de enterrar al Generalísimo en el Valle fue tomada por el gobierno de la época y ratificada por Juan Carlos I, que asumiría la jefatura de Estado dos días después de la muerte de Franco, el 22 de noviembre de 1975. Sobre las sepulturas de ambos, claveles frescos rojos y blancos.

Tras el altar mayor, el coro de madera, y a los lados dos capillas con más huesos mezclados de “los caídos por dios y por España”.

¿Quiénes son ‘los caídos’?

Según datos de Patrimonio Nacional, en la basílica del Valle de los Caídos hay enterrados 33.833 cuerpos en columbarios u osarios individuales y colectivos. Se trata de restos de víctimas de “uno y otro lado” en la Guerra Civil, procedentes de “491 traslados llevados a cabo entre 1959 y 1983”. De todas ellas, 21.423 están identificadas y 12.410 figuran en los archivos como "desconocidas".

De todas ellas, 21.423 están identificadas y 12.410 figuran en los archivos como "desconocidas"

En el periódico ABC de Sevilla de 30 de mayo de 1958, se pone en conocimiento el fin de las obras del monumento a los familiares de las personas “que cayeron en nuestra Cruzada”, invitándoles a que manifiesten si desean o consienten que los restos de sus familiares sean trasladados al Valle. De esta manera, miles de cuerpos fueron trasladados al lugar elegido por Franco para honrar a los caídos por la causa fascista.

Entonces, ¿cómo es posible que sublevados y oprimidos descansen bajo el mismo techo? Por un lado, aquel monumento – uno de los mausoleos más grandes del mundo erigidos por un dictador – que tardó en construirse casi veinte años, necesitó de mucha mano de obra, que se obtuvo de los presos que en aquellos años nutrían las cárceles franquistas. Las cifras de los obreros empleados en la construcción van desde los 2.000 a los 20.000 según los distintos testimonios. Lo cierto es que durante la empresa, muchos presos murieron y fueron enterrados en el lugar de sus trabajos forzados.

Por otra parte, desde el inicio de su construcción, aún sin aparecer en la letra de los textos oficiales, empezaba a escucharse que el Valle era “de todos y para todos”. Esta visión reconciliadora fue corroborada por el papa Juan XXIII al erigir en Basílica Menor la iglesia de la Santa Cruz el 7 abril de 1960.

Se lleva a cabo de esta manera, a través de un Decreto Ley, un intento por suavizar la imagen del régimen, un acto de propaganda que consistió en trasladar a víctimas republicanas, que yacían en cementerios y fosas comunes de distintos lugares de España, hasta aquel monte junto al Escorial. No se sabe con exactitud cuántos cuerpos fueron trasladados, pero hay algo claro: los restos de las víctimas republicanas viajaron hasta Cuelgamuros desde todas las provincias españolas excepto Ourense, A Coruña, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, y lo hicieron en su mayoría sin el consentimiento de sus familiares.

Desde Cantabria, existe certeza de que se trasladaron restos de víctimas republicanas de la fosa común del cementerio de Ciriego. Según Antonio Ontañón, que ha investigado sobre los asesinatos cometidos en Santander en los primeros años del golpe militar, el número de exhumaciones llevadas a cabo para su traslado al Valle de los Caídos estaría en torno a las 142 personas.

Desde Cantabria, existe certeza de que se trasladaron restos de víctimas republicanas de la fosa común del cementerio de Ciriego

Pese a la escasa información existente en torno a estos traslados o la identidad de los restos, existe un escrito del entonces párroco de Ciriego que corrobora que hay cántabros entre los “caídos” en la sierra madrileña. En el documento, el cura se muestra ofendido al expresar la urgencia que las autoridades locales le imponen para la exhumación de los cadáveres, para las que asegura no dispone de suficientes operarios.

“Imposible” identificar los restos

Ya en democracia, algunos familiares de víctimas del franquismo solicitaron la exhumación de los restos de republicanos enterrados en el Valle de los Caídos. Bien para su identificación, o bien porque tenían certeza de que sus seres queridos estaban allí sepultados.

Pero pocos han conseguido salir de Cuelgamuros. Sólo existe un caso en el que se consiguieron exhumar los restos de unas 130 víctimas navarras. Fue en el año 1980.

Después, esta posibilidad quedó cerrada.  En mayo de 2011, el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba anunció que sería “prácticamente imposible" identificar los restos de las personas enterradas en la basílica del Valle de los Caídos, donde los casi 34.000 cuerpos se encuentran mezclados en osarios encerrados en las distintas capillas.

Ni olvido, ni perdón, sino justicia

Pasada la dictadura, el Valle se mantuvo como propiedad del Estado, y pasó a formar parte de algún punto del programa de casi todos los partidos políticos creados desde entonces. Sin embargo, la media de 250.000 visitantes que el lugar tiene al año (que proporcionan al Estado unos ingresos anuales de unos dos millones de euros) no observarán en los carteles que recorren el monumento las circunstancias en las que se construyó aquel templo, ni las condiciones en las que se rellenaron los osarios, ni siquiera verán una referencia a Franco como dictador.

Esta situación no cambió en exceso tras la aprobación de la Ley de Memoria Histórica el 16 de octubre de 2007, en la que consta un artículo referente al mausoleo. Este polémico artículo, aprobado con el apoyo de todos los partidos políticos, es de nuevo un intento de “despolitizar” el monumento, convirtiéndolo exclusivamente en lugar de culto religioso. 

España es el segundo país del mundo, después de Camboya, con más desaparecidos en fosas comunes

Dos horas después de recorrer el Valle de los Caídos, ya de vuelta en el autobús, aquellos extranjeros, maravillados por lo imponente de aquella cruz y aquella basílica, volverían a sus países  sin saber la historia de los presos que murieron sobre aquellas piedras, ni la de las familias que saben que sus allegados fusilados pueden estar allí enterrados. Puede que nunca sepan que España es el segundo país del mundo, después de Camboya, con más desaparecidos en fosas comunes. Seguramente nadie les contará que nunca ha habido ningún juicio contra los responsables en el país que se vanaglorió de extraditar a Pinochet y dio lecciones de historia a Argentina. Desde donde hoy, por cierto, se investigan y se tramitan las querellas contra los crímenes del franquismo.

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