jueves. 18.08.2022

Que los del norte son de buen comer es un hecho por todos conocido que, aunque pueda caer en el estereotipo, es indiscutiblemente cierto y Cantabria es un claro ejemplo de ello. Desde contundentes platos de cuchara, como el cocido montañés, hasta los más exquisitos bocados marinos, como las anchoas de Santoña, pasando por quesos con denominación de origen, como el Bejes-Tresviso, y carnes tan selectas como las de las vacas tudancas, la gastronomía de ‘la Tierruca’ es el resultado de una ubicación geográfica privilegiada que ha propiciado la comunión de un sinfín de alimentos para dar unos platos dignos de cualquier mesa de renombre.

Como en cualquier paraíso gastronómico que se precie, siempre hay un aspecto que suele triunfar sobre los demás, ese pequeño lujo burgués: los postres. Y, claramente, la pequeña Comunidad no iba a ser menos. ¿Quién no ha comprado unas corbatas al pasar por Unquera de camino a Asturias o volviendo a Cantabria? ¿Quién no ha maldecido a un pobre sobao tras absorber toda la leche de la taza? ¿Acaso hay alguien que haya parado en Torrelavega y se haya marchado sin sus deliciosos hojaldres? La respuesta a todo esto es siempre unánime: no. Pero, puesto que no todo el mundo ha tenido la posibilidad de degustar algunos de estos manjares, he aquí una enumeración de algunos de los imprescindibles en su visita a la tierra de José María de Pereda.

Si empezamos por el sur de la Comunidad es imprescindible mencionar las famosas pantortillas de Reinosa, un dulce “exclusivo” pues solo se pueden elaborar en dicho municipio. Cuentan las lenguas antiguas que se tienen que preparar en la zona de Campoo ya que es el único sitio del mundo con el clima ideal para que el postre tenga la textura ampliamente conocida que le caracteriza. Se trata de una masa de hojaldre con forma plana y redonda coronado por una fina capa de azúcar caramelizado, lo que le da ese toque tan único.

Pantortillas de Reinosa (Wikipedia)
Pantortillas de Reinosa (Wikipedia)

Un poco más al norte nos encontramos con los Valles Pasiegos, cuna de algunos de los postres más conocidos de ‘la Tierruca’ y con los que compatriotas de otras regiones nos identifican. Indudablemente, se trata de los sobaos. Porque por mucho que sea un producto comercializado en cualquier supermercado español, nadie los hace como sus creadores. De origen desconocido, se cree que la receta actual puede provenir del siglo XIX, dado que en esa época comenzó a ser más asequible el azúcar, aunque se piensa que en siglos anteriores podía endulzarse la masa con miel. Se prepara con mantequilla, harina de trigo, huevos, rajadura de limón, licor y azúcar y se presenta semi envuelto en un papel. Cuenta con Indicación Geográfica Protegida desde 2004. Sin salir de los Valles, es imposible no mencionar a otra de las grandes representantes de la repostería cántabra: la quesada. Un postre con consistencia de pudín elaborado con mantequilla, leche, azúcar, limón y canela imprescindible en cualquier mesa de dulces organizadas por un montañés.

La quesada, una de las maravillas gastronómicas de España
La quesada, una de las maravillas gastronómicas de España

Hablar de hojaldre es hablar de Torrelavega. La capital de Besaya está irremediablemente unida a este dulce en el imaginario popular, especialmente sus archiconocidas polkas -láminas de hojaldre con una fina capa de azúcar denominada “glasa real”-. Es tal su fama que con el cambio de milenio se creó la Cofradía del Hojaldre para promocionar, aún más si cabe, el manjar estrella de la ciudad.

Y, siguiendo con los hojaldres, no se puede dejar de mencionar a las famosas corbatas de Unquera. Elaboradas en esta pequeña localidad de la Costa Occidental cántabra a base de harina, huevos, azúcar, almendras y mantequilla, toman su nombre de su característica forma imitando al accesorio en cuestión. Recubiertas también por esa “glasa real” son de mayor tamaño que las polkas torrelaveguensas.

Corbatas de Unquera | Foto: Corbatas Pindal
Corbatas de Unquera | Foto: Corbatas Pindal

Por último, nos encontramos con los dulces más conocidos de la comarca de Trasmiera: los sacristanes de Liérganes. Se trata de una galleta crujiente en forma de serpentina, muy común para regalar en fechas señaladas, por lo que es típico verlos envasados en una bolsa de plástico transparente con un lazo a modo decorativo. Elaborados a partir de mantequilla, harina, sal, agua y azúcar harán las delicias de todos aquellos que se animen a probarlos.

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