miércoles. 22.05.2024

Pese a que Mariana de Brito es un nombre esencial para el devenir de Cantabria, su nombre ha pasado desapercibido durante muchos años. Es a través de diversos documentos oficiales de la época por los que conocemos su figura. Mariana nació en 1607 en Madrid, en el seno de una familia adinerada, que provenía del Ducado de Luxemburgo, donde su padre desempañaba un importante rol. Durante su infancia, Mariana se mostró como una niña adelantada a su tiempo que crecía en el seno de una familia de altos funcionarios y sabía leer y escribir, la máxima enseñanza que existía en la época para una mujer. 

Esto se sabe debido a que su rúbrica aparece en diferentes documentos oficiales, como indican las investigaciones hechas en torno a su figura. En 1633 se casó con Juan de Oliveres, cuyo padre era natural de Cantabria y que sellaba la alianza de dos importantes familias de la época, reforzando de esta manera su poder y su patrimonio económico. 

LLEGADA A CANTABRIA

Solo seis años después, su marido fallecía, lo que la hacía abandonar la capital para llegar hasta Riotuerto. El desarrollo de la artillería en el siglo XV obligó a que llegase una revolución tecnológica en medio de una carrera armamentística de las distintas potencias. En este momento histórico, España necesita dar también un paso adelante y por eso se decide, ante la falta de artillería propia, montar una nueva fundación en el norte, la Real Fábrica de Artillería de la Cavada y Liérganes. 

Ya enfermo su fundador, Jan Curtius, vendió la valiosa fundición a varios funcionarios hispanoflamencos, entre los que se encontraba Jorge de Bande, segundo marido de Mariana. Este enlace supuso un escándalo para la época ya que se produjo apenas un año después de que ella enviudase. 

Con el paso del tiempo, su marido quedó como único propietario de la fundición, que consiguió el brillo propio de la fábrica más importante del reino, llegando a producir hasta mil cañones anuales con destino a la marina y al ejército. 

30 AÑOS AL FRENTE DE LA FÁBRICA

Tras la muerte de Bande en 1643, ya enriquecido enormemente, su mujer Mariana de Brito tomó el mando de la fundición operada por los técnicos flamencos (cerca de setenta familias se asentaron en la zona) y alcanzando altos rendimientos. 

La importante fortuna que Jorge de Bande aglutinó durante su vida levantó recelos y envidias entre la alta sociedad y que finalmente originaron una intervención del estado. 

De Brito tuvo que pelear durante siete largos años para poder recuperar la fábrica

Los bienes de Mariana fueron intervenidos judicialmente y sacados después a subasta. De Brito tuvo que pelear durante siete largos años para poder recuperar la fábrica, recomprándosela en subasta al Estado con bienes de sus hijos. Estuvo al frente de la misma durante tres décadas.  

Poco a poco, la actividad industrial de la fábrica fue cayendo debido al fin de las políticas de guerras de la monarquía española, lo que redujo los márgenes de beneficio durante los siguientes años de su intensa vida. 

Se trata de una mujer olvidada por los libros de historia, de la que apenas hay registros, no hay fotografías, pero que supuso un importante adelanto en una época en la que la industria armamentística era esencial para la prosperidad del país.
 

Mariana de Brito, la dama de hierro de Cantabria
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