martes. 09.08.2022

Si bien Cantabria es infinita, por definición resultaría imposible visitarla por completo, por ello es recomendable ir por partes. La costa es uno de sus principales atractivos, más aún en esta época del año en la que el sol aprieta y el mar alivia el calor. Pero si nos alejamos momentáneamente de la orilla del mar encontraremos muchos lugares que visitar en la costa occidental, un espacio en el que se sitúan tres de las villas más destacadas de la comunidad, Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera.

En Santillana del Mar (la villa de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar) encontramos la colegiata de Santa Juliana, un edificio religioso que fue erigido por unos monjes para ayudar a repoblar la zona y exponer las reliquias de la mártir Juliana, cuyo nombre, “Sancta luliana”, acabó siendo la actual Santillana.

A escasos kilómetros de Santillana del Mar (en Ubiarco) está la Ermita de Santa Justa. Esta capilla fue construida en una cavidad natural dentro del propio acantilado en el siglo XVI. Se desconoce exactamente la razón de su enclave, pero probablemente esté relacionada con las historias de los pescadores de la zona, quienes pudieron haberla construido tras la consagración del lugar por unas reliquias de Santa Justa y Rufina. A escasos metros está la playa de Santa Justa, una pequeña cala abierta.

Neocueva del Museo Altamira
Neocueva del Museo Altamira

En Santillana del Mar tampoco podía podía faltar el museo de Altamira, que incluye la entrada a la Neocueva, y que nos enseña cómo era Altamira entre hace 35.000 y 13.000 años, época en la que vivieron varios grupos de cazadores recolectores. La visita permite ver el hábitat de sus pobladores y disfrutar de su arte rupestre.

Una vez completada la visita, y antes de llegar a Comillas, en la localidad de Toñanes está la Cascada de El Bolao, un lugar del litoral que constituye un paisaje único de la zona occidental cántabra, una antigua plataforma de abrasión marina, con relieve redondeado en el que se combinan acantilados, playas, núcleos rurales, praderías y un molino.

El Bolao, en Cóbreces | Foto: Turismo de Cantabria
El Bolao, en Cóbreces | Foto: Turismo de Cantabria

Tras contemplar como fluye el agua por la cascada de El Bolao, nos desplazamos hasta Comillas, una villa en la que el arte se expresa en cada una de sus esquinas. Para empezar, nos encontramos con el Capricho de Gaudí, una construcción vanguardista erigida como el palacete de Máximo Díaz de Quijano, un hombre soltero que amasó una gran fortuna después de emigrar a Cuba y prosperar económicamente, una representación de la figura del indiano. Paseando por los jardines nos encontramos con una estatua del arquitecto catalán Antonio Gaudí.

Si continuamos caminando unos metros hacia arriba llegamos a la Capilla-Panteón y al Palacio de Sobrellano, un edificio mandado construir por D. Antonio López del Piélago y López de Lamadrid, I Marqués de Comillas, e ideado como residencia de verano del Marqués y la Familia Real.

El Capricho de Gaudí es una de las arquitecturas más características de Comillas
El Capricho de Gaudí es una de las arquitecturas más características de Comillas

Como no, no podía faltar la playa de Comillas, un arenal urbano que está bordeado por un Paseo Marítimo al que se llega atravesando el pueblo. Tiene un aparcamiento amplio y varios puntos de acceso.

Para terminar esta ruta por la costa occidental de Cantabria nos dirigimos a San Vicente de la Barquera, una de las villas marineras por excelencia de la tierruca. Aquí tenemos el Convento de San Luis, un edificio religioso erigido por unos monjes franciscanos en el siglo XV. A día de hoy el convento está en ruinas, lo que no impide que sea un referente cultural para los turistas que pasan por San Vicente, ya que en el mismo se hospedaron Carlos I y su séquito cuando visitaron España por primera vez.

Palacio de Sobrellano de Comillas
Palacio de Sobrellano de Comillas

Si caminamos por el interior de la muralla que rodea a la puebla vieja, en su parte más alta encontramos la Iglesia de Santa María de los Ángeles. Este templo religioso, fue construido y ampliado entre los siglos XIII y XVI, y es una joya de la arquitectura gótica en Cantabria, ya que entre sus paredes cuenta con una talla del Cristo crucificado, un sepulcro renacentista del inquisidor Antonio del Corro y un retablo barroco.

Sin alejarnos mucho, llegamos al Castillo del Rey, que cuenta con una estructura de forma alargada y que se amolda al espolón rocoso que se sitúa sobre la bahía de San Vicente, un bastión defensivo que fue erigido a principios del siglo XII. A día de hoy en su interior encontramos una exposición permanente que nos cuenta la historia del pueblo.

Castillo del Rey de San Vicente de la Barquera
Castillo del Rey de San Vicente de la Barquera

Por último, no podía faltar un paseo a orillas del mar, concretamente por las playas de El Rosal y de Merón, que juntas forman un extenso arenal que permite recorrer tres kilómetros durante los que se puede observar San Vicente de la Barquera con los Picos de Europa de fondo.

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