jueves. 30.06.2022

Con el paso del tiempo el trabajo artesanal se va convirtiendo en algo escaso, ya que el proceso industrial ha devorado muchas de las profesiones que antaño se realizaban con las manos. Pero a día de hoy todavía hay valientes que ponen su empeño en no perder el valor de lo artesanal y continúan trabajando con las manos.

Este es el caso de Abel Portilla, maestro campanero que se encuentra al frente de la empresa Hermanos Portilla y que fabrica campanas en su taller de Gajano. Esta es una tradición que se remonta hasta finales del siglo XV y que se ha ido transmitiendo de generación en generación, ya que la zona de Trasmiera es tierra campanera por tradición. Abel fabrica campanas con la técnica de fundición de la cera perdida, un método milenario que consiste en fundir el metal para introducir este en un molde que acabe adoptando la forma de la campana.

Abel viajó hasta Oldenzaal, Holanda, para instalar una campana de 5.000 kilos en la iglesia de San Plechelm

Sus campanas tañen por todo Cantabria, las últimas que ha colocado han sido las de la Catedral de Santander y en la iglesia de Mirones. Pero el sonido de las mismas ha llegado más allá de nuestras fronteras y es que hace poco Abel viajó hasta Oldenzaal, Holanda, para instalar una campana de 5.000 kilos en la iglesia de San Plechelm. “Es el trabajo más importante que he hecho. Holanda es tierra de campanas, pero ya se han industrializado y en este caso el cliente quería una artesanal”, apunta Abel Portilla. En esta iglesia, la campana proveniente desde España pasó a ser una pieza más de un carillón de 70 campanas que tiene el edificio neerlandés.

 

Pero volviendo a tierras españolas, Abel no solo trabaja minuciosamente en su taller de Gajano, sino que utiliza otra técnica con mucha “solera”, la fundición a pie de torre: “Antiguamente costaba más transportarlas, entonces cuando llegaba San Blas, en febrero, los campaneros se movían por España y fabricaban las campanas a pie de torre. Se hacían los hornos y de ahí se subían al campanario”, asegura Portilla, que cuenta cómo hizo la última en Os de Balaguer, Lérida, donde llamó la atención de los vecinos y los turistas: “Llegar a un pueblo, montar un horno y tener la capacidad de volver una materia prima sólida como es el bronce a estado líquido es una aventura para ellos. De esta forma también queremos demostrar que, con medios precarios, se pueden conseguir cosas muy importantes”. Esto no solo tiene algo de ceremonioso en cuanto a la puesta en escena, sino también en el plano espiritual, donde acude un cura antes de la colocación de la misma: “Para que no haya malos espíritus, un cura bendice la campana antes de que entre en la iglesia”.

Construcción campanas
Construcción campanas

Ahora mismo, Abel se encuentra trabajando minuciosamente en una nueva campana para la iglesia de Yudego, en Burgos, ya que hace en su taller “la filosofía de la empresa es hacer poco y hacerlo bien”. Sin embargo, Abel se ha planteado un nuevo objetivo, divulgar su labor para que el oficio de maestro campanero y las profesiones artesanales en general no caigan en el olvido y sean capaces de perdurar en el tiempo. “El oficio de las campanas es el mismo que se utilizaba en la edad media para fabricar esculturas”.

Abel se ha planteado un nuevo objetivo, divulgar su labor para que el oficio de maestro campanero

Aunque Abel se ha traído a una persona de Burgos para ser su relevo, apunta a que ya no hay aprendices, lo que pone en peligro el progreso de estas labores. “La gente va a las universidades y aprende de todo. Pero no a trabajar con las manos, lo que pretendo es hacer un curso para enseñar a la gente a trabajar con las manos con medios muy precarios porque así se pueden hacer cosas muy importantes”.

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