miércoles 25/5/22
SOCIEDAD

La Cocina Económica ofrece un “soporte básico” a todo aquel que lo necesite

La crisis económica ha supuesto que se equipare el número de extranjeros y cántabros que acuden a pedir ayuda.

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Algunos de los voluntarios que trabajan en la Cocina Económica

La Cocina Económica de Santander es un auténtico ejemplo de solidaridad, amor y comprensión.
Las Hijas de la Caridad se encargan día a día de dotar a todos los que acuden hasta ellas de las necesidades más básicas, que no sólo se basan en comer y vestirse, sino en tener aspiraciones y en sostener a las personas en los momentos más bajos. 
Y no están solas, las acompañan unos 90 voluntarios repartidos por cada una de las labores y actividades que se realizan: comedor, limpieza, lavandería, peluquería o talleres, entre otras muchas.
Debido a la crisis económica que azota a España desde hace varios años, el número de personas que acuden desesperadas a solicitar ayuda se ha elevado, llegando a recibir en invierno a 270 personas, que acuden a diario a comer.
Otra de las consecuencias de la crisis es que el número de extranjeros y cántabros que son asistidos por la Cocina Económica se ha equiparado, aunque la actitud de estos últimos sigue siendo aún de “sentimiento de vergüenza”, según explica Sor María Asunción Echarri, máxima responsable de la Cocina Económica. Quizá porque jamás pensaron verse en una situación así.
“Cada día es muy intenso. Comienza con el desayuno y después se habilitan las duchas”, informa Sor María Asunción, quien añade que “se les da ropa limpia, que es un soporte básico, como pueden ser también unas zapatillas”.
A continuación, se les facilita la búsqueda de trabajo y, para ello, los voluntarios les ayudan en la elaboración de un currículum, les dan ideas y les asesoran y reorientan, ya que el apoyo que les prestan es esencial.
Los talleres que se realizan a diario en la Cocina Económica, además de enseñarles oficios o el idioma, les sirven para socializar entre ellos y para crear lazos y relaciones, algo que les ayuda en uno de los principales problemas que tienen parte de los que acuden a la Cocina Económica, la soledad. Con estas actividades se sienten arropados y acompañados, además de queridos y respetados. Se les transmite un “amor incondicional, que sepan que pueden contar con nosotras sabiendo que hay muchos recursos”, explica Echarri.
Cada uno de los tres talleres que imparten están orientados y enfocados a las distintas características de las personas. Las monitorias, junto con la psicóloga, les ayudan a canalizar y estructurar el tiempo, les alientan y aconsejan en cada decisión que tomen, e intentan encauzarles por el buen camino con la realización de terapias.
En el primero de ellos se engloba a las personas con mayores dificultades, como puede ser un problema de adicción, quienes acuden al comedor y, posteriormente, realizan dinámicas de artesanía sencilla.
El segundo es más estructurado y se les da una gratificación digna por el trabajo que realizan.
Y en el tercer taller están los encargados de fabricar los lotes que varias empresas pequeñas de Cantabria les encargan, como pueden ser alpargatas, bolsos, delantales o cuadernos.
En cuanto a las comidas, desde hace aproximadamente tres años instalaron un autoservicio, donde cada persona que acude solicita lo que quiere a los voluntarios que se encuentran tras el mostrador.
A diario cocinan legumbre o arroz, sopa de caldo cocido y ensalada. Y de postre comen cada día un pastel gracias a dos famosas confiterías de Cantabria que les envían todos los días los excedentes. Por la noche, el postre es más ligero: yogur o fruta.
Otro de los servicios que presta la Cocina Económica de Santander es el alojamiento. 
Cuentan con varios pisos para prestar a las familias, aunque, en la actualidad, se encuentran todos habitados. También se les da apoyo puntual a los que están en la calle pagando el alojamiento de una sola noche, luego son las personas las que se tienen que gestionar. Y, finalmente, en el edificio situado en la calle Tantín tienen habitaciones que se habilitan cuando empieza el frío, entre finales de septiembre y principios de octubre, hasta el 31 de mayo.
Tienen la misión de ayudar y no dejar a nadie en la calle, por lo que cuando se han cubierto todas las camas, se ponen en el suelo colchones para que estén resguardados del frío y la lluvia.
No hay una estancia estipulada, va en función de las necesidades de cada persona, y tienen como norma no reservar camas, es decir, si alguien se va durante el día por el motivo que sea, cuando llegue por la noche puede que esa cama está ya habitada por otra persona que también lo necesite.

 

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