miércoles 27/10/21
LIBRO DIGITAL

Capítulo 14. El encierro en Liencres. Desde la humildad...

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Después de órdago dado por nuestra amiga Angelines, y ante la situación desesperada que teníamos, unas semanas más tarde, y con no pocas gestiones realizadas, ya teníamos los permisos correspondientes para hacer realidad lo que finalmente fue un clamor del “Grupo del Jueves”, en parte gracias a amigos como Javier Toraya, por aquellos tiempos alcalde pedáneo de Liencres, y Marcos Campo…  

No fue fácil convencer a algunos de la necesidad de hacerlo en ese momento y en ese lugar,  ya que este acto que tenía, sin duda, riesgos, pero al final se consiguió.

Organizar un encierro, con huelga de hambre incluida, no era tarea nada sencilla, ponía también a prueba la capacidad de nuestra asociación. Así como convencer a algunos, que querían hacer la huelga, de que, por edad o patologías diversas, no lo considerábamos oportuno. Había un pequeño grupo  cuyo, enfado era tan grande, que hubo que usar mucha paciencia y diplomacia, los nervios estaban a flor de piel, el hartazgo era mayúsculo, pero, al final, la racionalidad se impuso.

Por otra parte, estaba toda la logística, la preparación que durante semanas hubo que realizar, pero todo llega y más de un centenar de afectados por sentencias de derribo iniciamos, en la noche de aquel viernes, un encierro en Liencres, en su centro cívico, para reclamar una solución definitiva, y acabar con tanto sufrimiento inútil e injusto.

Los coches fueron llegando, la gran mayoría desde Argoños, en una larga caravana, una vez allí se fueron sacando bolsas, sacos de dormir, mantas, sillas, y mesas de camping, algún ordenador… y despacio, pero seguro, se fue formando el campamento para pasar unos días. Se tardó su tiempo en instalarnos, se notaban los nervios. Y vinieron los abrazos entre los que iban llegando y los que ya estaban allí, y las ayudas mutuas en todo lo posible, para, dentro de las limitaciones, estar en las mejores condiciones posibles.

Una vez ubicados, se reunió a todos los participantes en el encierro, y se comentó que los que estaban en huelga de hambre, estarían juntos, y que por la edad de algunos, se les tomaría la tensión, por la mañana y la noche. Así mismo, se advirtió que cualquiera que se sintiera indispuesto lo comunicará lo antes posible, ya que había organizado un servicio médico. Lo teníamos muy claro, por encima de toda reivindicación estaba la salud de nuestros amigos, es cierto, ahora que tanto se habla de que no hay riesgo cero, al menos tomar todas las medidas pertinentes y todas las precauciones posibles. Tengo que reconocer, que dentro de la propia organización había un punto de inquietud e incluso miedo, ya que nunca habíamos vivido una situación de estas características.

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Se pedía a los demás ayuda y colaboración, eran muchas las horas que íbamos a pasar juntos y teníamos claros los objetivos, pero el primero pasaba por una convivencia que nos hiciera al grupo más fuerte y más solidario. El encierro también serviría para el debate sobre la situación que estamos sufriendo, así como para la elaboración de un manifiesto que sería firmado por todos y que tendría como objeto  mostrar el dolor que se estaba produciendo, la petición de responsabilidades, y la demanda de medidas legislativas definitivas que dieran soluciones reales; el manifiesto empezaba con el encabezamiento “DESDE LA HUMILDAD…”

Pronto se hizo de noche, en febrero los días eran todavía cortos, el tiempo  frío, y la lluvia sería una constante, fiel e incómoda compañera  en esas jornadas. 

Había mucho trasiego de amigos que  nos venían a dar su apoyo, cargos públicos que se solidarizaban con nuestra situación, entre ellos recordamos a los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios: María José Sainz de Buruaga del grupo popular, Miguel Ángel Palacio del partido socialista, y el añorado Rafael de la Sierra del regionalista, y muchos más compañeros de los medios de comunicación que realizaban la cobertura informativa del encierro, y que daría lugar, posteriormente, a brillantes crónicas que describían nuestras vivencias y situación.

Se formaron tertulias improvisadas y se contaban mil y una batallas vividas, a los ilustres visitantes, mientras tanto, estos nos fueron dejando sus carros de promesas, sus buenos deseos y, en algunos casos, la emoción al escuchar tantas situaciones duras. Y es que, cada uno con su historia a cuestas, relataba las penalidades que le habían supuesto esas sentencias que acaban siempre siendo una condena para la víctima, y no para el que había cometido el ilícito, el delito.

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La noche del viernes ya cubría Liencres con su manto, y las visitas se iban marchando después de repartir una buena dosis de abrazos y ánimos para todos. Según pasaba el tiempo el  ambiente iba tomando un aire más familiar, se preparaban las cenas, y el olor de los bocadillos de sardinas, del chorizo del pueblo, de la tortilla de la abuela… empezaba a impregnar el local. 

Una vez la noche fue avanzando, unos se pusieron a jugar a las cartas, otros al parchís, y un grupo trabajaba en la elaboración de las peticiones a realizar a las instituciones, y en diseñar, los actos para el resto de los días de encierro. Había que conjugar la reivindicación con la seguridad, y con los actos que llevaran nuestra situación mucho más allá de las paredes del Centro Cívico de Liencres.

foto4Nuestro agradecimiento a José Ahumada, por su recordada descripción de nuestra situación

El sábado pudimos leer a José Ahumada, periodista del Diario Montañés, el cual realizó un reportaje, que nos llegó al corazón. Describía nuestra situación, la historia que soportamos desde hace tanto tiempo, y el grito de desesperación de esas cien personas encerradas ante el "desamparo y la injusticia". Situación que,  más de dos décadas después, seguimos sufriendo.

Él contaba que el  encierro había sido la enésima iniciativa de la Asociación de Maltratados por la Administración (AMA), -que es lo mismo que decir los cientos de familias pendientes de sí su casa se tira o no-, una nueva idea para renovar su la protesta y que mereciese espacio en los periódicos,  entrada en las agendas de los políticos y un poco de atención por parte de la gente a la que ni le va ni le viene.

Imaginación no les falta: fabrican monigotes y pancartas, organizan caminatas, concentraciones y hasta viajes en tren... En esta ocasión el plan consistía en que un centenar de personas permaneciesen en el Centro Cívico de Liencres -como se dice en los hoteles, tres días y dos noches, durmiendo sobre el suelo, incluido-, una estancia solo interrumpida el sábado por el traslado a Santander en autobús para manifestarse ante la sede del Gobierno, y, el domingo, finalizar, reunidos en la plaza del pueblo, con la lectura del manifiesto para, posteriormente, cada cual ir a su casa. Tanta tenacidad e inventiva puede dar la falsa sensación de que se traen cierta juerga, cuando en realidad todos ellos sufren una gran pena y un profundo aburrimiento. 

Juan iba describiendo a lo allí vivido, así como lo comentado con los protagonistas del encierro.

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No van alegres a pelear, ni se sienten imbatibles. Si se han familiarizado con términos jurídicos, están al tanto de las leyes y conocen perfectamente el organigrama del Ejecutivo, es debido a la misma razón por la que un enfermo enriquece su vocabulario con términos que solo auguran desgracia.

MADRUGÓN

En la jornada del sábado, no eran las ocho de la mañana cuando ya estaba todo el mundo arriba en su pobre albergue: dos habitaciones que en condiciones normales deberían servir para dar charlas sobre osteoporosis o celebrar sesiones de cuentacuentos, ofrecían el aspecto de un alojamiento improvisado para las víctimas de una catástrofe; lo que son, a fin de cuentas. 

Sacos de dormir, galletas enrolladas -de las de tumbarse encima, no de las de comer, porque también había ayuno-, garrafas de agua, bolsas con ropa, un mobiliario plástico de camping y, alrededor de todo ello, gente más o menos atareada.

La noche resultó larga. Habían llegado sobre las nueve de la noche del viernes, se entretuvieron charlando y siguiendo en un par de ordenadores las novedades sobre la condena al alcalde de Piélagos. Los más animados echaron una partida al mus. Sobre las dos de la madrugada todos estaban intentando dormir. A las seis y media comenzaba la procesión al servicio. Esos cuerpos -la mayor parte de los encerrados supera los sesenta años- no están para este trote.

En realidad, el encierro es la alternativa suave a la intención, por parte de un grupo de propietarios, de iniciar una huelga de hambre indefinida, una idea que el presidente de AMA, Antonio Vilela, entre otros, ayudó a descartar. Pero que no levanten la voz o que se muevan con calma no quiere decir que no estén desesperados. Son ya veinte años de angustia; diez de movilización.

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¿Qué ha cambiado en este tiempo? "Ahora estamos peor, sobre todo físicamente -afirma tajante Vilela-; la gente se nos muere. Este último año hemos enterrado a siete personas de la asociación: un chaval de 41, un vecino, un amigo que hace tres meses... gente que ya no lo verá nunca. Trabajamos porque sus familias vean tengan la solución, pero todos somos más mayores, estamos más cansados y decepcionados".

Hace tiempo que todos comprendieron que llevar la razón no produce satisfacción alguna, como tampoco que rueden cabezas mientras su problema persista. Después de tanto hablar, explicar y argumentar, el quid de la cuestión se resume en: legalización, viviendas de sustitución o indemnización. Todo lo demás ya está dicho.

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HISTORIAS PERSONALES

Si se tiene interés por escuchar, cualquiera de ellos puede recitar la historia de su desgracia, el sucesivo paso por los estados de sorpresa, miedo, rabia y la lucha interior por no llegar al de resignación. 

Dan su nombre y el de su urbanización con sentencia como si fuese el segundo apellido. Cuentan las diversas formas en que les han tomado el pelo, comparten 'argumentario' y coinciden en el nombre del culpable final, Revilla, pero cada cual es libre de sentir más inquina por uno u otro causante de sus desdichas.

Tal y como están las cosas, cualquier ayuda vale, venga de quien venga, aunque todos los partidos compartan responsabilidad en el desastre -recordemos: 575 viviendas pendientes de derribo-. En la jornada del sábado recibieron la visita de Ignacio Diego y María José Sáenz de Buruaga; y probablemente continúe el desfile. Sobre todo ahora, cuando se acercan las elecciones. "Por una parte sí que es cierto que están más receptivos, pero también sabemos que esta es una época en que se tiende a decir a todo que sí y se hace poco. Es tiempo de promesas, no de gestión", dice Vilela.

Se va haciendo tarde. Tienen que celebrar una reunión antes de subir a los autobuses que les llevarán a Santander. Las últimas instrucciones sobre un papel que ya saben interpretar de memoria. En tal sitio a tal hora, para ir otra vez a desgañitarse frente a la sede del Gobierno, sin que asome un solo responsable, para que parezca que el chorreo se lo llevan los policías y los guardas de seguridad que aguantan a la puerta con cara de póquer.

Por si fuera poco, llueve y hace frío. "No se apiada de nosotros ni el tiempo", murmura una señora. Tiene razón: la verdad es que es una forma bien asquerosa de pasar el fin de semana.

Con esta medida  pedíamos y exigíamos al Gobierno, al Parlamento y a los ayuntamientos afectados que nos den una solución "definitiva" a las "víctimas" de las sentencias de derribo.

"No queremos más palabras, ni más resoluciones que sean un adorno, queremos una solución definitiva, una solución para todos. Y que se haga justicia a tantos años de maltrato, por parte de las administraciones públicas, a nuestras familias". 

Todos participantes salimos del centro cívico para manifestarnos el sábado por Santander bajo el lema “Presidente, ¿por qué nos miente?”. El encierro concluiría a las 14:00 horas del domingo.

Esta nueva acción de protesta se suma a iniciativas que organiza periódicamente la asociación, como las concentraciones que se repiten cada jueves ante la sede del Gobierno regional. También esta semana un grupo de afectados se ha reunido, con el lema 'Solo queremos que se haga justicia'.

El encierro tocaba a su fin, en el Centro Cívico de Liencres se recogían, entre una mezcla de tristeza y cansancio, las pertenencias, se limpiaba el local y al grito de “pedimos justicia” los participantes, cerca ya de la dos de la tarde del domingo,  se acercaban en a la Plaza Adolfo Suárez para asistir a la lectura al manifiesto "de los cien", en alusión a las personas que han participado en esta movilización.

El “Manifiesto de los 100”, fue un documento firmado por todos los participantes en el encierro realizado con el corazón encogido y  la vista borrosa por las lágrimas de más de uno de ellos. Se oían, a través de megáfono de Angelines, las palabras de los asistentes, entre escenas de emoción. 

En el documento, 'Desde la humildad', AMA describe los sentimientos y las sensaciones de "desamparo e injusticia que sufren nuestras familias".

En el acto AMA ha reclamado a los ayuntamientos afectados que acaben los trabajos que están realizando, con el fin de que se puedan tramitar las "regularizaciones" que se puedan llevar a cabo en cada municipio.

Los afectados han vuelto a expresar su preocupación por "el retraso y los incumplimientos" de estos ayuntamientos, porque, según explican, les han manifestado en distintas ocasiones que esos trabajos ya estaban listos para ser presentados, pero, a día de hoy, es "muy poco" lo que conocen sobre ellos y lo peor es que, una década después de este encierro, la situación es bastante similar.

AMA ha hecho de nuevo un llamamiento a las instituciones para que "el gran esfuerzo que están haciendo las familias consiga la compensación que se merecen, que es una solución justa y rápida".

La asociación ha pedido a los jueces que tengan en cuenta, en sus resoluciones, a las familias, que son "la parte más débil" y que "llevan tantos años sufriendo esta injusticia".

Desde la emoción del momento, con la voz entrecortada de algunos, se iban desgranando “el manifiesto de los cien”.

DESDE LA HUMILDAD

Desde la humildad, que da el ser víctima e incomprendido,  maltratado y machacado durante tantos años,

Desde la humildad, que supone que otros pidan el derribo de tu vivienda y ni quieran hablar contigo, ni ver tu hogar, ni a tu familia, solo quieren ver tu casa destrozada.

Desde la humildad, de sentir que la ley existe para quien tiene dinero para comprarla.

Desde la humildad, de ver lo dura que puede ser la justicia con los inocentes, y lo ciega que puede ser con el poder.

Desde la humildad, de ver todos los días cómo pasa el tiempo y todo sigue igual, tu vivienda la siguen considerando ilegal.

Desde la humildad, de sentir cómo tus familiares, amigos y vecinos están abandonados.

Desde la humildad, de saber que tu vivienda puede ser derribada solo para hacerte daño.

Desde la humildad, de oír cómo están trabajando, cómo están buscando soluciones que tú nunca verás.

Desde la humildad, de pasar los fines de semana de manifestación en manifestación en buscando  el calor humano de otras víctimas como tú.

Desde la humildad, de ver  en los medios de comunicación cómo hablan de tu situación mientras tú estás hundido en tu desesperación.

Desde la humildad, de oír a los técnicos dar cifras, hablar de  artículos, de Planes Generales, de modificaciones legislativas, mientras tú solo pides vivir como los demás.

Desde la humildad, solo quiero arropar a mi hija y que le pueda contar una historia con un final feliz.

Desde la humildad, de los que nunca hemos daños a los demás, que cese esta tortura.

Desde la humildad, de ver las lágrimas derramadas a escondidas por tu madre y la mía.

Desde la humildad, del dolor intenso de la soledad de las largas noches de insomnio.

Desde la humildad, de ver cómo mi amigo del alma ya nunca soñará con su casa legal.

Desde la humildad, de saber que esto es fruto de la corrupción, de la avaricia.

Desde la humildad, de  saber que esto ya no importa, mientras tú no puedes más, ya no lo soportas. 

Desde la humildad, de que has pedido mil veces soluciones, y mil veces se  han sonreído es tus narices.

Desde la humildad, de escuchar al presidente de Cantabria que somos el mayor problema de nuestra comunidad, y al día siguiente ya ni se acuerda de tu cara.

Desde la humildad, que supone soportar cómo tu presidente, y tu alcalde te mienten.

Desde la humildad, de ofrecer ayuda y acuerdos con todo el mundo, y  ver que nadie se acuerda de ti.

Desde la humildad, de no haber roto un plato y saber que te están partiendo el corazón.

Desde la humildad, de los que tienden la mano y al otro lado le hacen un corte de mangas.

Desde la humildad, de marchar tantos años por el camino de la verdad.

Desde la humildad, de quien habla con sinceridad.

Desde la humildad, de soñar un mundo mejor.

Desde  la humildad...

Desde la humildad, pido y  ruego a todo el mundo, que no nos salven, que nos den nada, ni una promesa más, que solamente queremos lo que es nuestro, nuestra casa, nuestro patrimonio.

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Cuando dicen que tanto esfuerzo no sirve para nada, hay que recordar que aquel  encierro fue el mayor impulso para que se pudieran realizar importantes modificaciones legislativas, y concretamente la ley de 4 de abril de 2011, por la cual se tenía que respetar el patrimonio de los afectados y no derribar las viviendas antes de dar las justas indemnizaciones  que corresponden a los mismos.

Es cierto que la citada ley fue declarada inconstitucional, pero no lo es menos, que fue la base en la que se fundamentó uno de los mayores logros a nivel nacional en la protección del tercero de buena fe, y con la ayuda de otras organizaciones, el Senado aprobó por unanimidad la inclusión en nuestra legislación del artículo 108.3 de la Ley de la Jurisdicción Contencioso - Administrativa

Tantos esfuerzos, tantas lágrimas derramadas de Angelines y sus amigos, tantas reuniones y aportaciones de iniciativas legislativas también han servido para cambiar nuestra sociedad, y proteger más y mejor a todos los ciudadanos terceros de buena fe en el ámbito del urbanismo.

Mientras recordábamos aquel encierro, la Marcha continuaba por las calles de Santander ahora camino hacia el Parlamento de Cantabria.

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