sábado. 13.04.2024

El paso del tiempo ha sido especialmente duro con algunos de los oficios más tradicionales de la tierruca. Sin lugar a dudas, el de las rederas es uno de los más castigados. Estas trabajadoras, que en su inmensa mayoría siempre han sido mujeres, se dedican al montaje y la reparación de las redes de pesca, y desde tiempos inmemoriales conformaban una parte importante de la actividad económica de municipios vinculados a la mar como Santoña, pese a que muchas veces han pasado desapercibidas.

Ahora, viendo la falta de relevo generacional que se está produciendo no solo en Cantabria, sino en el conjunto de todo el país, desde la Consejería de Pesca del Gobierno regional se han puesto en marcha dos cursos de iniciación al mantenimiento de artes y aparejos de pesca que se desarrollan en las Cofradías de Pescadores de Santoña y Colindres.

"Hubo un verano en el que me castigaron a coser redes, y lo que pasó es que me gustó muchísimo hacerlo”

El curso consiste en 64 horas en las cuales se aprenden las nociones más básicas: A enhebrar una aguja, a doblar, a reforzar la maya… los primeros pasos para conocer un oficio del que es difícil no enamorarse. Y eso se lo pueden preguntar a Soledad Alonso, profesora del mismo, y que empezó en esto casi por casualidad. “Mi padre era marinero y mi madre conservera, solo mi abuela había cosido algo. Hubo un verano en el que me castigaron a coser redes, y lo que pasó es que me gustó muchísimo hacerlo”, asegura.

Ella empezó su camino hace más de tres décadas. Entonces, dedicó cuatro años a aprender el oficio. Después de alejarse durante 17, volvió para quedarse hace doce. Y ahora son las propias rederas las que se encargan de enseñar los secretos de este oficio a los nuevos estudiantes. Una vez acaben este curso de iniciación, deberán continuar formándose para adquirir conocimientos y fluidez, ya que como la propia Soledad comenta, “esto no es como hacer punto de cruz, se trata de un trabajo que necesita aprendizaje”.

Las clases se desarrollan de lunes a jueves de 9:30 a 13:30 horas y de momento la respuesta está siendo más que positiva. “Tanto en Santoña como en Colindres nos encontramos a alumnos muy aventajados y motivados. En este momento aquí tenemos a 16 personas participando y hay una lista de espera de otros siete, así que cuando acabe el curso, se harán más”, añade. 

Clase del curso de rederas
Clase del curso de rederas

Es un trabajo laborioso, de cuidar los detalles en redes que alcanzan los centenares de metros de longitud

Y es que el desconocimiento que existe alrededor de la profesión había llevado a la falta de interés por parte de los jóvenes, lo que les empujó a dar este paso hacia delante. El de las rederas es un trabajo laborioso, de cuidar los detalles en redes que alcanzan los centenares de metros de longitud y necesitan ser tratadas con el mimo necesario para reparar sus imperfecciones antes de volver a la mar a acompañar a los pescadores. "La parte más complicada es reconocer la falta de mallas y hacerlas. Después, coger agilidad y fluidez con la aguja", explica Soledad.

Rederas en el puerto de Santoña
Rederas en el puerto de Santoña

Una labor imprescindible y que ha sido pocas veces valorada. Por ello, desde hace un tiempo se están dando los pasos necesarios para otorgarles el lugar que merecen. En marzo del pasado año, el Gobierno de Cantabria inició los trámites necesarios para acreditar a las rederas cántabras como trabajadoras profesionales. Para ello se formó a un grupo de mujeres del sector para que se encarguen de evaluar y acreditar a este colectivo. 

Poco a poco y paso a paso son las propias rederas la que han dicho basta ya al olvido. La historia las situará en el lugar que merecen y mientras tantos, ellas enseñan a nuevos aprendices a mantener viva esta imprescindible tradición.
 

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