lunes. 26.09.2022

Encontrar un lugar y convertirlo en “el lugar”. A menudo, buscamos un refugio en la tormenta sin ser de la lluvia y del viento de quien necesitemos resguardo. Ese sitio donde todo va más despacio, los olores son más intensos y el mundo más amable. Con el romper del mar contra la abrupta costa cantábrica o el silbido del viento entre los árboles como melodía, muchos han encontrado en recónditos y bellos parajes cántabros su amparo. Resulta asombroso cómo una simple estructura, algunas veces rudimentaria, se ha convertido en todo un reclamo turístico que atrae a miles de visitantes. Aunque, aquí, el mérito recaiga en otro factor, sus fascinantes localizaciones. Solitarios bancos se han convertido en refugio de muchos, custodian las mejores panorámicas de Cantabria y son protagonistas de las fotografías más ‘posteables’. 

La costa cantábrica cuenta con diversidad de acantilados donde asomarse para contemplar las formas más sinuosas y oír rugir a un indomable mar cantábrico. La localidad de Cóbreces vigila uno de los más bonitos y espectaculares, El Bolao. Hasta allí llegan muchos visitantes para capturar con sus cámaras el insólito paisaje y, aunque los atractivos son muchos en aquel rincón, nadie quiere abandonarlo sin antes descansar y tomarse las fotografías más ‘instagrameables’ en su particular banco a la punta del acantilado. El Bolao posee un encanto especial, y además de disfrutar en primera persona de las mejores vistas, en este enclave esperan las ruinas de un viejo molino y una cascada de agua dulce de más de seis metros que cae sobre las rocas. Y, como no podía ser de otra manera, se trata de uno de los escenarios a los que tampoco puede resistirse el cine. La película Diecisiete eligió Cantabria como localización para rodar sus escenas, y el entorno de El Bolao fue uno de los espacios escogidos.  

Siguiendo la línea litoral, entre el azul del mar y el verde de la costa, descansa otro banco anfitrión de inmejorables vistas, el ubicado en el alto de Gerra. Guardián de las playas de Merón, Gerra y San Vicente, comparte una privilegiada perspectiva con los mejores atardeceres, pues es el lugar perfecto para ver el famoso rayo verde, ese último rayo que se ve en la costa antes de que el sol desaparezca. Junto al banco, una extensión de prados ofrecen la posibilidad de disfrutar durante horas del paisaje hasta ponerse el sol, con un buen picnic y buena compañía, mientras se divisa al fondo una de las villas marineras por excelencia, San Vicente de la Barquera. 

Banco de Gerra | Foto: Turismo de Cantabria
Bancos de Gerra | Foto: Turismo de Cantabria

Sin salir del occidente, Ruiloba invita a pararse en su mirador de la Corneja con un banco tallado en el tronco de un árbol. Sentarse sobre este rústico asiento, oler esa mezcla de madera y salitre y perder la mirada en el horizonte entre esos azules propios del verano hará olvidar toda preocupación. Solo el sonido de una foto bien hecha en un lugar como pocos hará salir de ese trance a quien se atreva a dejarse llevar por el momento. Además, junto al banco hay una zona de merendero donde poder pasar todo el día.

Banco en el mirador de la Corneja | Foto: Turismo de Cantabria
Banco en el mirador de la Corneja | Foto: Turismo de Cantabria

Otro de los lugares más fotografiados de nuestra región con un banco como protagonista es el situado en la playa de Los Tranquilos, uno de los favoritos. Se encuentra en Loredo (Ribamontán al Mar) en la parte alta del extremo oriental de una extensa lengua de arena que comienza en El Puntal. Desde allí, sumido en un remanso de paz se puede divisar la ciudad de Santander, que se oculta tras el bravo mar. En este banco de madera se toman las mejores panorámicas de la bahía, las playas de Somo y Loredo y la isla de Santa Marina. Y, desde el otro lado, el banco en plena península de La Magdalena ofrece unas vistas increíbles de la bahía santanderina y de la Isla de Mouro. 

Banco de la playa de los Tranquilos | Foto: Turismo de Cantabria
Banco de la playa de Los Tranquilos | Foto: Turismo de Cantabria
Banco en la península de La Magdalena | Foto: Turismo de Cantabria
Banco en la península de La Magdalena | Foto: Turismo de Cantabria

Una de las mejores vistas de Cantabria las tiene el monte La Picota, un lugar donde no podía faltar su particular banco desde donde deleitarnos con los ojos. Casi en la cima de la popular ruta por este monte, aguarda a los visitantes con las mejores capturas de la ría de Mogro, el estuario del Río Pas, el campo de golf del Abra del Pas, el Parque Natural de las Dunas de Liencres y la Playa de Valdearenas.

Banco en La Picota | Foto: Turismo de Cantabria
Banco en La Picota | Foto: Turismo de Cantabria

Difíciles de olvidar serán también las vistas desde el banco en el mirador de Santa Catalina, esta vez al paisaje montañoso de la región. Está situado en el monte Hozarcu, en el municipio de Peñarrubia, y destaca por ser el escenario perfecto para divisar el tramo más profundo de la garganta del desfiladero de La Hermida. Cada vez son menos los que se acercan a Cantabria y se quedan sin visitar este rincón, pues se ha convertido en uno de los miradores preferidos en la comunidad.

Banco en el mirador de Santa Catalina | Foto: Turismo de Cantabria
Banco en el mirador de Santa Catalina | Foto: Turismo de Cantabria

Por último, en el interior de Cantabria encontramos el banco escultura de El Soplao en el exterior de la famosa cueva con el mismo nombre, considerada una de las grandes maravillas de la geología donde destacan la espectacularidad, abundancia y diversidad de sus formaciones excéntricas. El valle del Nansa alcanza una belleza sin límites en este enclave rodeado de naturaleza. 

Banco escultura de El Soplao | Foto: Turismo de Cantabria
Banco escultura de El Soplao | Foto: Turismo de Cantabria

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