martes 18/1/22

¿El aforamiento? Un privilegio innecesario

La comparación con los países de nuestro entorno puede ser, en cierto modo, injusta. Cuando se sospecha que un político esta manchado por un caso de corrupción, dimite. Sí, dimite.

La última encuesta del CIS refleja que entre las principales preocupaciones de los españoles se encuentra la corrupción. Un problema que por desgracia para nuestra sociedad se ha convertido en algo tan habitual como la gripe en invierno. La cotidianidad con la que tratamos los casos de corrupción hoy en día llevan al absurdo de que algunos digan que es normal, que somos el país del Lazarillo de Tormes. Pues miren no, me niego a pensar así. Prefiero creer que somos el país de Don Quijote que luchaba por sus sueños o el país de la Pepa de 1812, precursora del constitucionalismo, entre muchos otros ejemplos.

Es innegable que lo que comenzó siendo un problema se esta convirtiendo en una epidemia. La clase política no es inmune a esta patología, es más, parece que es un foco de contagio. Dejando a un lado el símil médico, es una evidencia el descrédito que ha sufrido el ejercicio de la política en España. La política se percibe por la sociedad como algo ajeno, que en la mayoría de los casos no se ejerce en beneficio de la sociedad, sino con un fin personal.

Un problema que por desgracia para nuestra sociedad se ha convertido en algo tan habitual como la gripe en invierno

Para recuperar la confianza de los ciudadanos en la política es necesario dar pasos que acerquen este desempeño a los ciudadanos. Recientemente en el Parlamento de Cantabria se debatió sobre esta cuestión, se planteó la supresión del privilegio del aforamiento de los diputados y miembros del gobierno. Sí, privilegio. Por mucho que otros lo quieran llamar prerrogativa funcional o de cualquier otra forma, esto es un privilegio. Es más, es un privilegio innecesario. En los países de nuestro entorno, a los que tanto acudimos para imitar aquello que nos beneficia, es una figura minoritaria, prácticamente inexistente.

Es más, es un privilegio innecesario

La comparación con los países de nuestro entorno puede ser, en cierto modo, injusta. Permítanme explicarme, en los países que se toman como ejemplo para imitar sus políticas, cuando se sospecha que un político esta manchado por un caso de corrupción, dimite. Sí, dimite. Dimisión considerada en España como una “rara avis”, más aún cuando los políticos hace tiempo que dejaron de esgrimir la dignidad política en el ejercicio de su cargo. No se alarmen, como toda epidemia, con el esfuerzo y vigilancia de la ciudadanía es posible erradicarla. Solo es necesario que los ciudadanos ejerzan su derecho a voto el 20 de diciembre aplicando el sentido común. Eso sí, cuando acudan a ejercer su derecho a voto recuerden que entre los españoles hay más gente honrada que chorizos, aunque estos últimos hagan mucho ruido.

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