sábado 25/9/21

Las palabras vacías y bolsillos llenos...

En un país donde la corrupción ha inundado todas las instituciones, pedir fe a los ciudadanos en quienes nos dirigen es demasiado.

Cuando escuchas una vez y otra las mismas palabras por parte de los responsables políticos, que adornan éstas de gestos enérgicos y rotundos, repitiendo su honradez, la decencia de los suyos, y la indecencia de los demás, da para la reflexión, que los "buenos" estén siempre en su parte. Cuando el tiempo, notario de tantos incumplimientos, te permite ver muchas veces que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, esas palabras ya no son promesas, pasan a ser ofensas. Nos sentimos engañados por tanto pico de oro y poca memoria, para cumplir lo que ellos mismos han prometido. Ya cantaba Imperio Argentina aquello de "vales menos que la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda", en la versión actual más resumida "vales menos que la palabra de un político".

Dicen que hablar así de todos es una gran injusticia, que hay tantos tipos o clases de políticos como personas y que los hay honrados, cabales, que cumplen lo que dicen. Ahora bien, nadie nos dice donde están y a nuestra sociedad cada vez le cuesta más encontrarlos, aunque como las meigas "haberlas haylas".

Hay tantos tipos o clases de políticos como personas y nos dicen que los hay honrado, pero nadie nos dice donde están y a nuestra sociedad cada vez le cuesta más encontrarlos

Escuchar en los procesos judiciales las declaraciones de como inflaban los presupuestos de las obras públicas, para robar el dinero de todos cobrando comisiones del 3%, 4% o 5%..., da vergüenza y repugnancia. Donde hablaban de servicio a los ciudadanos, pasamos a ver como era servirse de los recursos de los ciudadanos. Estos procesos dejan desnudos a los responsables políticos, es pura pornografía política cutre. Un enemigo íntimo, contaba con mucha sorna, y ponía en el haber de su Secretario de Organización, que éste había enviado una circular con recomendaciones donde se decía: "Miren Uds. si roban, háganlo honradamente, ¡ah!, y por favor no lo apunten. Si lo apuntan que no pasen del tesorero. Si pasan del tesorero digan que han sido obligados bajo extorsión, coacciones... y sobre todo que los demás partidos hacen lo mismo e incluso mucho más. Finalmente siempre tienen que manifestar que fue por una buena causa, noble y de difícil justificación, la cual queda a su imaginación, que el partido no se lo puede hacer todo, y nunca olviden el comodín de la prescripción. Este mensaje lo destruirán en breves momentos".

Es fácil hablar mal de la clase política, es terreno abonado para la demagogia y el aplauso o incluso el nuevo populismo. Es más, los que ahora llegan al poder dicen que ellos no son políticos y hablan de los mismos en tercera persona. Ya tiene gracia que el Presidente del Imperio diga que no es político o que un diputado, miembro del congreso o alcalde de una gran ciudad diga que no lo son. Si el descrédito de quienes tienen las máximas responsabilidades en un país, quienes administran nuestros recursos han llegado a tal extremo, "Houston, tenemos un problema".

Está ya tan degradada la fama de estos personajes que huyen de esa etiqueta de político, como quien huye de una condena al desprestigio, al deshonor total, disfrazados de gestores, funcionarios, o simples mediadores. Aunque no es cierto, quizás la mayor injustica es meter a todos en el mismo saco, el problema empieza a ser el tamaño del saco de los que ya se conocen. En la memoria colectiva hay políticos respetables y respetados, y la lista según nos alejamos en el tiempo puede ser cada vez más amplia. De los de antes y para poner como ejemplo una Institución que puede ser el Ayuntamiento de Madrid con el añorado " viejo profesor", su alcalde, Tierno Galván, que daba clases de ética en sus mítines. He tenido el privilegio de oírle hablar en directo de los bolsillos de cristal de los políticos, de los programas que estaban para no cumplirse, de que mirando lo que decían los demás muchas veces aprendía mucho más que escuchando a los suyos.

Tan desgraciada esta la fama de estos personajes que huyen de esa etiqueta de político, como quien huye de una condena al desprestigio

Hoy y aunque la vida da muchas vueltas, la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con sus muchos errores, que los tiene, cuando habla también transmite respeto hacia los demás. Es capaz de ser crítica con quienes la apoyan, defender a los presos políticos, sean del color que sean, aunque moleste a los suyos, que eso es lo que tiene mérito, remar a favor de corriente, lo hace cualquiera. Ambos tienen algo que nuestra sociedad cada vez valora menos, muchos años de experiencia, donde se sabe distinguir lo importante de lo urgente, al pedante, al aprendiz de brujo y al "salvapatrias" de la república independiente de su casa. Donde importa más lo que vas a dejar a los demás que lo que quieres para ti. Ahora esos personajes mayores que tendemos a retirar en las residencias, a esconder del público porque no dan guapos en las fotos de los carteles electorales.

No es verdad, no todos son iguales, pero sí es cierto que hay demasiados parecidos, que por la mañana nos dicen lo que tenemos que hacer los demás, y por la tarde ellos hacen todo lo contrario. Que la palabra es un puñal para herir al enemigo, y si el enemigo es del mismo partido, el puñal se hunde hasta el fondo de la empuñadura. Hay que renovar los cargos, no se puede ser Diputado, ni Alcalde semivitalicios, que acaban confundiendo lo público con lo suyo. Ahora bien, ello no quiere decir que despreciemos el gran caudal de sabiduría de nuestros mayores, que tienen tanto por enseñarnos, y no de la pura teoría, si no de esa experiencia que sólo da el haber pasado por tantas etapas en la vida.

Por la mañana nos dicen lo que tenemos que hacer los demás, y por la tarde ellos hacen todo lo contrario

En un país donde la corrupción ha inundado todas las instituciones, pedir fe a los ciudadanos en quienes nos dirigen es demasiado, ¿qué institución ha quedado libre de pecado? Que no nos cuenten milongas, que no nos hablen de tanta honradez, que no cambien los nombres de imputado, acusado, inculpado, encausado procesado, investigado... para seguir con las mismas tropelías. ¿Qué tendrá el poder que nadie quiere dejarlo, incluso cuando le han pillado con las manos en la caja?. Seguro que hay personas que no merecen este tratamiento, pero es su función no callar, separar a estos personajes, demasiadas veces el interés de partido y las recomendaciones del Secretario General están por encima de los intereses de los ciudadanos. Hay cosas que no se hablan, se demuestran. Sus palabras siguen resonando vacías, y sus bolsillos llenos, al menos es lo que, lamentablemente, se ve en cada proceso. Ya nos avisó Adenuauer , "La política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos".