sábado 29/1/22

Los muros, los derechos humanos y París

Los atentados de París han aumentado el miedo y el rechazo a quienes vienen de fuera, lo que fomenta la creación de nuevos muros. Fronteras físicas pero también de otro tipo, como la hipocresía.

Hace unos días se celebraba el 26 aniversario de la caída de Muro de Berlín, símbolo de tantas cosas en el despropósito de quienes dirigen los países. El muro como símbolo de represión, aislamiento, de guerra fría, de que no nos contaminen, de miedo.

Un muro construido para evitar la huida hacia un mundo soñado, hacia un posible mundo mejor, hacia la utopía y la libertad;  pero los muros tienen sobre todo un componente de vergüenza, de represión de inseguridad; cuando te proteges, y más de esta forma, estás haciendo toda una declaración de intenciones, poniendo de manifiesto un miedo, que queda patente, hacia el que queda al otro lado.

Los asesinatos en París, las ejecuciones de jóvenes en la discoteca Bataclan, han aumentado los miedos hacia el exterior, la barbarie de unos asesinos ha construido en pocos instantes uno de los muros más elevados y difíciles de traspasar, el miedo al diferente, el miedo a los que vienen de lejos, aunque a veces lo hayamos creado en nuestras entrañas.

Unos de los problemas que más han separado a las personas, ha sido sin duda la religión, las mayores brutalidades, guerras y asesinatos se justifican en su nombre, basta mirar nuestra propia historia, para descubrir el horror disfrazado de mandamiento religioso. Los muros más altos, y crueles también los han levantado en su nombre.

No se entienda mal, no quiere decir que todo lo que tiene que ver con la religión sea negativo, sería tanto como negar su importante aportación, y el consiguiente avance de la ciencia, la filosofía, la ética y la moral,  pero si que las imposiciones es esta materia han producido y producen graves daños a la colectividad, se ha matado tanto en el nombre de Dios y de Alá, que no reconocerlo es cerrar los ojos a la realidad. Si algo hemos avanzado en este sentido, se debe en gran parte a los estados laicos, a la separación de la religión y el Estado. La libertad de culto y cultura, no puede pasar por su imposición, ahí si tenemos un problema, hay religiones y estados que confunden pecado y delito, donde la ley sagrada y religiosa tiene prevalencia sobre la civil.

No debemos olvidar que en el corazón de nuestra Europa, de esa Europa que mira muchas veces por encima del hombro a los demás, por ser nido de culturas, de prosperidad, de una de las mayores rentas per cápita, de modernidad, de historia; esa historia que nos recuerda aquello que decía Hobbes "que el hombre es un lobo para el hombre", donde nació el odio, y se hicieron las mayores atrocidades con dos guerras mundiales, y muchos millones de muertos. Seamos humildes y aprendamos de ella,  de nuestra propia historia.

Permítannos que desconfiemos de nuestros dirigentes, de aquellos que nos hablaban de las armas de destrucción masiva, que nunca aparecieron, pero sirvieron de excusa para invadir un país; ahora bien, los Estados tienen la obligación de proteger la vida de sus ciudadanos, y cuando se sufren ataques tan atroces, es normal que haya medidas excepcionales; pero que nadie caiga en la tentación de usar el miedo, como unas posibles amenazas químicas y bacteriológicas, si realmente no hay base sólida para ello, no nos metan más miedo en el cuerpo, y sobre todo, que no sea para otros fines no confesables.

Es necesario un avance en el respeto, la reciprocidad y la tolerancia, donde una constitución universal nos garantice a todos unos derechos básicos para la convivencia y una vida digna, y lo más parecido a ello es, sin duda, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Simplemente, respetando el   Artículo 1º "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros" , qué paso más importante hubiéramos dado.

Los muros siguen existiendo actualmente en Europa, se siguen, desgraciadamente, construyendo esos muros de la vergüenza, ya sea para frenar refugiados sirios, kurdos, afganos, jordanos...que peregrinan, con sus pocas pertenencias, por las tierras de Turquía, los Balcanes, realizando la diáspora del desterrado, expulsados de sus tierras  por los mismos que han cometido la barbarie en París, y las bombas financiadas por quienes no les dejan pasar. Estos días se están levantado muros en Eslovenia, lo hemos visto en Bulgaria, Grecia, Hungría y Croacia, muros en Dinamarca o en Francia. Se construyen los más poderosos muros, los que se diseñan y acuerdan en los despachos y en las propias instituciones de representación de los ciudadanos europeos.

Muros en Ceuta y Melilla con el fin contener el flujo migratorio en el sur de Europa, donde se ponen las ya  famosas concertinas con el fin de que corten e impidan a los africanos el paso a Europa, a esa tierra prometida, a los que vienen, sobre todo, de la miseria del África negra. Quienes quieren saltar los muros están desesperados, dispuestos a jugarse su vida, porque la que tienen, en la otra parte, les vale muy poco. Muros que Israel construye en Cisjordania  y que pueden violar toda la legalidad internacional, que oprimen y someten al débil. El gran muro entre México y Estados Unidos, con el  pretexto de acabar con la emigración ilegal, lejos de solucionar el problema, los tramos que cierran la frontera han provocado más de 10.000 muertes desde que comenzó la construcción del mismo. Muros para contener la pobreza de las favelas, muros para recluir un pueblo como en el Sáhara.

El muro de la segregación en Eslovaquia, donde  las autoridades de ese país siguen construyendo muros en varias localidades, con el objetivo de separar a la comunidad romaní del resto de la sociedad. En Eslovaquia existen más de doce muros con el propósito de aislar a la comunidad romaní. El muro siempre ha sido un metáfora de la separación entre las personas, las ideas, las civilizaciones, etnias, religiones... pero el mayor muro es el que separa a los pobres de los demás.

Muros artificiales creados por responsables políticos que separan, segregan, crean guetos en nuestra   sociedad. La imagen más clara de la intolerancia es la violencia y la construcción de muros, que ponen de relieve el grave problema de la debilidad de nuestro sistema. A lo largo de la historia los muros han sido una constante para defenderse, hay muros para que no salgan, y muros para que no entren. Hay muros entre países, muros entre etnias, y muros entre personas, hay muros muy largos que su huella se ve desde el espacio, muros que han hecho historia como el de Adriano, y muros que han desaparecido como el de Babilonia, si no fuera por su problemática ubicación y disputa, el muro que mejor nos podía representar sería el Muro de las Lamentaciones.

Es verdad, un mundo sin muros es una utopía, es cierta, la necesidad de medidas coercitivas contra quienes ataca a derechos tan básicos como la vida, pero en el camino hacia esa utopía, se pueden ir  construyendo espacios más justos y habitables, donde "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona", Art. 3 DUHD.

Quizás uno de los muros más difíciles de derribar es el de la hipocresía. El que construimos con nuestras acciones. Al final, quienes construyen la mayoría de los muros, muchas veces los hemos elegido nosotros. Contra la intolerancia, contra el racismo y la xenofobia, contra la violencia, la miseria, contra los muros, el mejor antídoto y la mejor vacuna es una constitución universal que nos proteja a todos, sin distinción de raza, credo, sexo, pensamiento, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Su respeto y cumplimiento es unos de los mayores avances sociales. Desde uno de los más pequeños pueblos de Cantabria un grupo de amigos, año tras año, seguimos recordando y apoyando esa Declaración Universal, presentando iniciativas para que los pueblos tengan símbolos que recuerden esos derechos que son de todos. Así una vez más, el domingo 13 de diciembre en el Ayuntamiento de Argoños, a las 12 horas, estás invitado a leer o escuchar la declaración Universal de los Derechos Humanos.

Que nuestra voz transmita tan importante mensaje, en estos días tan duros donde la violencia y  la palabra guerra vuelve con fuerza, quizás sea necesario volver a recordar a Gandhi, y como se puede trasformar pacíficamente nuestro mundo.  "Sé el cambio que quieres ver en el mundo"  Mohandas Karamchand Gandhi-Mahatma Gandhi .

Los muros, los derechos humanos y París
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