martes. 29.11.2022

El que menos culpa tiene es el Coronavirus

La realidad es que el Coronavirus no es un desconocido, algo que seguramente ustedes ya conocen debido a la avalancha de información que hemos recibido sobre este virus.

"La sociedad se ve súbitamente retraída a un estado de barbarie momentánea; una hambruna, una guerra general de exterminio,.. parecen haberle privado de todos sus medios de vida; la industria, el comercio, etc,  parecen aniquilados ¿Cómo supera la burguesía las crisis? Por una parte, mediante la destrucción de una masa de fuerzas productivas. Por otra, mediante la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de mercados viejos. ¿Cómo? Preparando crisis más extensas y más violentas y reduciendo los medios para prevenir esas crisis". 

Seguramente muchos de ustedes encontrarán una gran similitud entre algunas de estas palabras y la situación que actualmente estamos viviendo. Seguramente, quienes no conozcan su origen, las podrían ubicar en cualquier análisis de la actual coyuntura global, como paralelismo de la crisis que estamos viviendo como consecuencia de la expansión del ya tristemente famoso Coronavirus. Sin embargo su origen es bien distinto. Se trata de un extracto del Manifiesto Comunista elaborado por Karl Marx y Friedrich Engels en 1848. Es decir, hace ya la friolera de ciento setenta y dos años. 

Ciento setenta y dos años en los que algunos de estos postulados no han dejado de tener vigencia cada vez que una crisis económica asomaba en el horizonte. Ciento setenta y dos años en los que los supuestos acerca de los manejos de esa mano invisible que según la teoría capitalista regula el mercado y también los impactos de las crisis sistémicas del capitalismo, beneficiando y perjudicando siempre a los mismos, se han cumplido con escrupulosa exactitud. Y en este último caso que nos ocupa es la última frase de lo anteriormente recogido la que parece tomar mucho mayor sentido, “reduciendo los medios para prevenir esas crisis.”

Porque pasada la sorpresa inicial del impacto de la ya declarada pandemia, no deja de causar asombro y un halo cada vez más denso de dudas, el origen de la misma, su rápida propagación y lo que parece ser una absoluta incapacidad para ponerle freno. La pregunta que nos asalta es la siguiente ¿nos ha cogido realmente por sorpresa o son otras las causas de la aparente falta de medios?

La pregunta que nos asalta es la siguiente ¿nos ha cogido realmente por sorpresa o son otras las causas de la aparente falta de medios?

La realidad es que el Coronavirus no es un desconocido, algo que seguramente ustedes ya conocen debido a la avalancha de información que hemos recibido sobre este virus. Lo que quizás muchos no sepan es que el escenario que estamos viviendo tampoco lo es. De hecho en el seno de la OMS (Organización Mundial de la Salud) se habría barajado en los últimos años el supuesto de la aparición de una pandemia causada por un patógeno desconocido que aún no habría entrado en contacto con la especie humana. Un patógeno de características, velocidad de propagación y contagio y niveles de letalidad similares al Coronavirus. Algo de lo que evidentemente habrían informado a los diferentes gobiernos. Convendrán conmigo en que esto elimina el factor sorpresa y nos reduce la anterior pregunta a la segunda parte ¿cual es la causa real de la aparente falta de medios?

Aquí nuestro pensamiento vuelve a viajar de manera inmediata a la última frase del primer párrafo: “Preparando crisis más extensas y más violentas y reduciendo los medios para prevenir esas crisis". Cuando hablamos de medios en el caso que nos ocupa debemos referirnos fundamentalmente, claro está, a medios sanitarios. Todos somos tristemente conscientes de las políticas que el anterior gobierno de nuestro país ha llevado a cabo en esta materia. Recorte presupuestario generalizado en sanidad de miles de millones de euros cada año, reducciones masivas del personal sanitario contratado, precarización de sus condiciones laborales, precarización en consecuencia de la atención sanitaria a los ciudadanos especialmente en la atención primaria, privatización de multitud de hospitales y clínicas, reducción masiva del número de camas en los hospitales, incremento desmesurado de las listas de espera …...Un sin fin de medidas que han dejado seriamente tocado nuestro sistema sanitario. A estas medidas se suma la previsión que el gobierno de Rajoy tenía en 2018 de bajar aún más la inversión en sanidad, hasta un 5,6% del PIB en 2020. Recuerden que 2018 fue el año en el cual la OMS lanzó el aviso antes comentado, casualidad ¿verdad?

Yo que quieren que les diga, hay piezas del puzzle que parecen encajar sin demasiado esfuerzo. Sobre todo teniendo en cuenta que las mismas políticas han sido puestas en práctica de manera generalizada en otros países de nuestro entorno, aunque eso sí, partiendo de modelos sanitarios con mayor fortaleza presupuestaria. 

Parece que privados de los recursos económicos y logísticos que nos habrían permitido dar una respuesta alternativa al confinamiento que hoy en día sufrimos ( ingreso y pruebas de diagnóstico a pacientes con sintomatología leve) la única alternativa ha sido la puesta en marcha de medidas drásticas que todos conocemos, el confinamiento domiciliario, la declaración del estado de alarma, la aparición del unidades militares en nuestras calles, la absoluta restricción de movimientos a la población. A lo que hay que añadir las medidas de índole económica. Medidas que hemos asumido como necesarias, pero me temo que sin cuestionarnos debidamente las otras posibles consecuencias inmediatas y no tan inmediatas que pueden acarrear. 

En los últimos tiempos se hablaba cada vez con mayor insistencia acerca de la llegada de un nuevo ciclo de crisis económica global, una nueva recesión de proporciones similares a la de 2008

En los últimos tiempos se hablaba cada vez con mayor insistencia acerca de la llegada de un nuevo ciclo de crisis económica global, una nueva recesión de proporciones similares a la de 2008. A una población en situación de alerta permanente acerca de los vaivenes de nuestra economía, le habría resultado más fácil ahora que en 2008 identificar en primera instancia tanto las causas como a los responsables reales de dicha crisis. Y también le habría resultado más fácil organizarse y movilizarse para exigir y presionar a sus gobiernos por la implementación de mejores medidas de protección de las clases trabajadoras y los servicios públicos, para que en esta ocasión no fuesen estas las que sufriesen el impacto más fuerte de la crisis. Casualmente esta alerta sanitaria ha venido a actuar como detonante de esa crisis que ahora llevará el nombre de un solo responsable, Coronavirus.  

En una entrevista reciente a la autora de “La Doctrina del Shock”, Naomi Klein, esta recordaba como los detonantes de lo que se ha dado en llamar el capitalismo del desastre pueden consistir en el desarrollo de iniciativas y procesos previamente planificados y desarrollados por esos poderes económicos y financieros que aspiran a sacar beneficio tras el impacto de los mismos, por ejemplo un golpe de estado,  o puede deberse a hechos fortuitos o inesperados, por ejemplo catástrofes naturales o pandemias, que sin embargo crean las condiciones sociales, económicas y sobre todo psicológicas en la población, para que esta a posteriori acepte de buen grado o sin capacidad de reacción las medidas de corte social o económico más radicales que acaban actuando en detrimento de sus derechos y su bienestar social. 

Todo apunta a que se ha desencadenado la tormenta perfecta para que se den ese tipo de cambios con la excusa de una recesión-depresión que ya prácticamente nadie es capaz de negar.  De hecho actualmente los gobiernos se debaten entre priorizar la economía asumiendo un hipotético número elevado de contagios y de muertes (Reino Unido) o medidas de contención y aislamiento de la población que implicarían la total paralización de la actividad económica para detener los contagios. 

Según algunos analistas, la mejor política de salud pública, la segunda opción, sumergirá a la economía en un repentino parón. De hecho ya está ocurriendo. Un shock de la oferta cuyo daño económico será considerable. De este modo el escenario más probable es que las medidas de contención reduzcan la actividad económica en un 50% el primer mes y en un 25% el segundo mes. Este escenario, daría un brutal golpe al PIB mundial, provocaría una disminución del crecimiento anual de la producción del orden del 6,5%. Y el cierre en el segundo mes haría disminuir el crecimiento anual hasta casi el 10% en relación al año anterior. Resumiendo, el impacto económico será, probablemente el doble de duro que en 2008. Y creo que todos tenemos bien fresco en la memoria lo que eso significó.

En resumidas cuentas, afrontamos un mal mucho más profundo que una simple pandemia

En resumidas cuentas, afrontamos un mal mucho más profundo que una simple pandemia. Afrontamos una nueva crisis económica global en la que se ciernen sobre nosotros amenazas mucho más peligrosas que las de hace doce años, que tratarán de acarrear cambios mucho más drásticos, profundos, agresivos y violentos en nuestras vidas y en las formas de relacionarnos, que tratarán de erosionar nuestros derechos como nunca anteriormente. Y aunque quieran atribuirle la responsabilidad a un virus hasta hace bien poco casi desconocido, los responsables son y serán los mismos de siempre y responderán a los mismos nombres de siempre. 

Mucho me temo que esta nueva lucha por nuestra libertad, nuestros derechos, nuestro futuro y el de nuestros hijos no ha hecho más que empezar. Mucho me temo que lo peor está por venir y, sinceramente, no veo a la ciudadanía concienciada ni mentalizada para defenderse de la nueva ofensiva que los poderes económicos y financieros están a punto de desatar. Espero equivocarme.

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