jueves 2/12/21

La punta del Iceberg

25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; efeméride que sirve para reclamar a instituciones y gobernantes  la necesidad de acabar con toda forma de discriminación hacia las mujeres, la mitad de la población mundial. Un día para reivindicar que cualquier atentado contra la libertad de las mujeres es una agresión intolerable al conjunto de la sociedad. Un día para recordar que todo tipo de violencia de género es una lacra de la sociedad y que detrás de cada frío dato numérico -1.118 mujeres y 44 menores víctimas mortales de la violencia machista desde 2003 y 2013 respectivamente- , hay vidas que se rompen, hay sueños que se acaban… Asesinatos que tienen una historia detrás que debe ser contada. Historias de vida, relatos de violencia que, legítimamente,  deben ser visibilizados con el fin de que las mujeres y sus hijos e hijas  puedan  restituir los derechos que les han sido  arrebatados.

Se impone reflexionar sobre lo lejos que aún estamos de alcanzar los objetivos marcados

La violencia machista, que como la punta de un iceberg surge cada 25 de noviembre para recordarnos su persistencia y que trágicamente se concreta en crímenes de género, esconde detrás  miles de formas,  unas invisibles, otras evidentes, que limitan la vida de las víctimas o acaban vilmente  con ella. Ante esta triste realidad, se impone reflexionar sobre lo lejos que aún estamos de alcanzar los objetivos marcados para combatir con eficacia un gravísimo problema con un alto coste social. Un fenómeno que ha pasado en las dos últimas décadas del ámbito privado a considerarse un asunto público pero que aún resiste y  permanece, convirtiéndose en una rutina que ya no causa alarma social, aunque la norma siga siendo que los vejados, humillados o asesinados sigan siendo las mujeres y sus hijos e hijas.

Detrás de cada golpe, de cada insulto, de cada maltrato físico o psicológico se esconde una violencia estructural sustentada en una ideología patriarcal que contrariamente a lo que algunos sectores se empeñan en cuestionar, se retroalimenta y sustenta en una sociedad profundamente desigualitaria. Actuaciones inadmisibles en pleno siglo XXI que hielan la sangre y son propias de un machismo permitido y amparado por una sociedad que aún mira hacia otro lado.

Desde el feminismo propositivo se necesita de más hombres que se sumen a la causa de no perpetuar el modelo social actual donde la mujer es sometida por el mero hecho de serlo. Todos, mujeres y hombres, debemos sumar esfuerzos para seguir avanzando en una lucha sin cuartel que no finalizará hasta que no haya ni una sola mujer  que sufra violencia, humillación o miedo por el mero hecho de ser mujer, una sociedad donde el rechazo, la vejación o el desprecio no lo sufra la víctima sino el agresor.

No debemos cesar en mantener vivo el empeño de cambiar las reglas del juego para permitirnos avanzar hacia una sociedad igualitaria

Porque alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres es el verdadero antídoto contra la violencia de género. No debemos cesar en mantener vivo el empeño de cambiar las reglas del juego para permitirnos avanzar hacia una sociedad igualitaria, donde nadie se sienta superior a nadie, donde impere la cultura del respeto con independencia del género, donde el entramado social abandone su actitud silente e indiferente ante la violencia que sufren las mujeres en su entorno familiar, laboral o de vecindad  y donde la justicia defienda y prime en sus resoluciones judiciales el interés superior del menor. Edifiquemos entre todos un muro infranqueable de rechazo hacia cualquier expresión de la violencia machista.

Pero como sucede con esas masas imponentes de hielo que se desgajan de la banquisa polar y vagan a la deriva  haciendo peligrosa  la navegación,  la violencia física  es tan solo el culmen visible de la humillación y el  maltrato. Y no todo concluye aquí. Por debajo de la superficie  se explaya un amplio muestrario  de vejaciones más difusas, más telúricas, que se encuentran en el origen mismo del problema. Sin duda avanzamos   con rumbo firme, pero hemos de permanecer  alerta: la singladura  para arribar a puerto seguro  aún será  larga, fría  y amenazante.

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