jueves 17/6/21

Empatía

Echo de menos la capacidad de ponerse en la piel de los ciudadanos sobre los que recaen las medidas, ya sean ciudadanos comunes y corrientes o servidores públicos que tienen que llevar a cabo protocolos o planes que en ocasiones resultan imposibles de llevar a término.

Son muchas las medidas que las diferentes administraciones, desde la local hasta la estatal pasando por la regional, han tomado desde que se inició la llamada “desescalada”. Desde permitir la apertura de determinados locales y tipos de negocios hasta la reapertura de las escuelas y centros educativos pasando por cines y teatros.

Hay algo que todavía no hemos hecho nosotros, los ciudadanos pero que dentro incluyo a quienes nos gobiernan, que es abrir los ojos y pensar con la cabeza fría. Está claro que la situación vuelve a ser la que es porque hemos perdido todo punto de racionalidad y empatía con los demás. Empezando por nuestros gobernantes que, con la mejor de las intenciones, esto vaya por delante, han ido tomando decisiones para volver no a una nueva normalidad si no a la anterior normalidad, punto. Echo de menos la capacidad de ponerse en la piel de los ciudadanos sobre los que recaen las medidas, ya sean ciudadanos comunes y corrientes o servidores públicos que tienen que llevar a cabo protocolos o planes que en ocasiones resultan imposibles de llevar a término.

Es cierto que es una minoría la que empaña todo el trabajo realizado, pero sería cínico decir que todo se ha hecho bien

También echo de menos el sentido de pertenencia a una sociedad cohesionada que trabaje y luche por un bien común porque los episodios que estamos viviendo son deshumanizadores. Lo son para nuestros mayores, quienes se nos siguen yendo sin poder cogerlos de la mano y despedirnos; también para nuestros sanitarios, cualquiera que sea su trabajo, que dedican lo mejor de sí mismos con una actitud de trabajo supererogatoria para suplir la falta de medios materiales y humanos; lo son también para quienes fuera del ámbito sanitario han sido durante meses considerados esenciales.

Todo esto parece no estar sirviendo para nada. Es cierto que es una minoría la que empaña todo el trabajo realizado, pero sería cínico decir que todo se ha hecho bien porque las cifras son las cifras y no mienten.

Parece que vivimos en una sociedad cada vez más deshumanizada y menos empática donde los sentimientos de amor propio son capaces de sepultar cualquier logro colectivo o anhelo común por satisfacer un impulso efímero y primario con la excusa de “defender nuestros derechos”.

Desafortunadamente esta crisis sanitaria no parece que esté sirviendo para darnos cuenta de todos los problemas que tenemos y buscar una solución conjunta con perspectiva de futuro y a largo plazo. Seguimos siendo revanchistas, cortoplacistas y profundamente ignorantes.

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