lunes 25/10/21
MEMORIA

Ese “bastardo” del siglo

Benito Mussolini, en el centro de la imagen, mira desafiante al vacío en un encuentro de los “camisas negras” del fascismo.
Benito Mussolini, en el centro de la imagen, mira desafiante al vacío en un encuentro de los “camisas negras” del fascismo.

Una de mis lecturas predilectas durante el pasado confinamiento fue la primera parte de la aclamada trilogía sobre Benito Mussolini, donde su autor, uno de los grandes discípulos de Umberto Eco, Antonio Scurati, ha sido capaz de llegar a las entrañas del fascismo como pocos libros de Historia lo consiguen.

En este primer lanzamiento, Scurati se sumerge en el nacimiento del fascismo italiano como una de las ideologías predominantes en el pasado siglo XX, capaz de llevar a Europa y a la madre de nuestra civilización actual, la propia Italia, al abismo más negro que se podía atisbar. No pretende ser el libro, en esencia, una historia de los Fasci Italiani di combattimento ni de lo que más tarde se convertirá en el Partido Fascista Italiano, pero su autor consigue construir un relato, desde la utilización de diversas fuentes históricas aparecidas entre cada capítulo, que abarca con mucho los límites de un objetivo al cual no se pretende llegar, pero al que se llega, y prácticamente con maestría. 

Scurati se sumerge en el nacimiento del fascismo italiano como una de las ideologías predominantes en el pasado siglo XX

Hace unos días conversaba con un amigo acerca del mismo y de las experiencias y aprendizajes que su lectura nos ha deparado. Puedo decir con absoluta rotundidez que, aun situándose nuestras respectivas ideologías en las antípodas del espectro político, El Hijo del Siglo es una de esas novelas que consiguen aglutinar en una desveladora conclusión a dos personas que están lejos de pensar del mismo modo: quién fue el fascismo, y no qué fue. 

Ninguna de las 819 páginas del libro merece ser desechada. El conjunto del relato hace las veces de borbotón de nombres de personajes históricos -con apéndice biográfico incluido al final-, ciudades y regiones de Italia que tuvieron un papel más que determinante en el colapso de la vieja sociedad liberal decimonónica en favor de la revolución fascista que llevó al Duce a convertirse no ya en el amo de todo un país, sino también en el mal necesario que para unos se constituía en la piedra angular de la lucha contra el bolchevismo, mientras para otros era el enemigo número uno a batir, antiguo compañero de fatigas y más tarde eterno traidor a la causa del proletariado universal. 

Imagen promocional del libro de Antonio Scurati

Imagen promocional del libro de Antonio Scurati

¿Es una novela sobre Benito Mussolini? Rotundamente sí, pero señalar sólo esa virtud es quedarse demasiado corto. Lo es también de esa vieja Europa que, ambientada en la Italia de entreguerras, ha dado todo lo que podía dar a la causa de los viejos ideales liberales triunfantes en el siglo XIX; esa Europa que renace herida ya de muerte tras la Gran Guerra, donde la democracia y el sistema de partidos acaba de iniciar esa larga agonía que conducirá al totalitarismo y a la mezquindad humana de los campos de exterminio.

Página a página, el lector es el encargado de construir la figura de Mussolini desde la lúgubre redacción de Il Popolo d'Italia hasta el despacho de la Presidencia del Gobierno, ocho años a través de los cuáles el fascismo ha sabido superar sus contradicciones internas, eliminar la disidencia, abandonar sus primitivos ideales proletarios, convertirse en la guardia armada de la aristocracia liberal y hasta ganar unas elecciones legislativas después de protagonizar el golpe de Estado de la "Marcha sobre Roma". Pero todavía es pronto para saber cómo terminará la aventura que acaba de iniciar el Duce del fascismo. Por el momento, Winston Churchill y Benedetto Croce son algunos de los prohombres del liberalismo que más aplauden la regeneración de Italia gracias al destello "sagrado" que desprende el hombre, ese hombre, M. El Hijo del Siglo.

Empiezo con ganas ya a leer la siguiente entrega. Imagino que mi amigo también.

Comentarios