domingo 1/8/21

Que perder no desluzca una carrera…

Pedro Casares, el enésimo fracaso del socialismo cántabro por alumbrar un líder que se convierta en referente de la izquierda con el cuajo y la inteligencia suficientes para conquistar algún día el gobierno local, ha puesto pies en polvorosa.

Cuenta la leyenda que el PSOE de Cantabria quería de verdad gobernar Santander, y que por eso se pasó años y años buscando con esfuerzo de entre ellos a los mejores candidatos para la alcaldía. Pero la ciudadanía, que no les entendía, prefería una y otra vez a la derecha, y elección tras elección les negó el pan y sal hasta convertirlos en políticamente irrelevantes. Sota (¿ya se ha jubilado?), Cabezón, Gómez De Diego, Casares... todos ganadores en la cabeza de alguien, que se toparon con la tozuda realidad de que no les querían, y tampoco eran los mejores. Y así hasta hoy, inasequibles al desaliento...

El trepismo tiene siempre una hoja de ruta donde ningún fracaso en las urnas se queda sin plan alternativo

Pedro Casares, el enésimo fracaso del socialismo cántabro por alumbrar un líder que se convierta en referente de la izquierda con el cuajo y la inteligencia suficientes para conquistar algún día el gobierno local, ha puesto pies en polvorosa. Ha perdido en dos intentos sucesivos, y, como hacen los que quieren medrar antes que servir, le ha faltado tiempo para escapar de la fría oposición a los calores de otras poltronas donde seguir cómodamente su carrera. El trepismo tiene siempre una hoja de ruta donde ningún fracaso en las urnas se queda sin plan alternativo, que también siempre pasa por encontrar cobijo en puestos de más arriba, donde el afecto ciudadano impacta menos y los riesgos para que la ascensión mantenga su ritmo son muy escasos. Quedarse atrás no está nunca en el horizonte de los mediocres, y si lo hacen, un buen golpe de cadera los coloca otra vez en el camino. Sin miramientos ni solidaridades, con la misma cara con la que en su día pidieron votos y apoyos.

Pedro Casares ha usado Santander como estación de paso cuando no ha llegado a donde quería, y ahora quienes le votaron se quedan con una mano delante y otra detrás

Santander se ha convertido en un laboratorio político del escapismo. Si De la Serna dejó la alcaldía para ser ministro, que era lo menos en lo que podía caber todo su ego, ahora Casares abandona a sus votantes y a los militantes socialistas para satisfacer aspiraciones que como un gris portavoz en la oposición difícilmente podría alcanzar. Los divismos son tenaces a la hora de subir como la espuma, sobre todo los de los más tontos, aún a costa de frustrar ilusiones y de romper compromisos. Y como las excusas lo aguantan todo, y el valor para ponerlas es descarado, sugerir sacrificios inesperados para disculpar la huida es tan cínico como tramposo. Pedro Casares ha usado Santander como estación de paso cuando no ha llegado a donde quería, y ahora quienes le votaron se quedan con una mano delante y otra detrás mientras él se marcha para hacer las américas. Para según qué gente, la fidelidad se queda en los asuntos del corazón (supongo), que lo de los débitos políticos es más cosa de ir y venir y quedarse solamente si conviene.

Cumplir no está de moda, ni cuando se gana ni cuando se pierde. Especialmente cuando el que pierde no quiere asumir las consecuencias, que deberían pasar por entender que no se da la talla y que la puerta que señalan los que escogen es la de la salida. Casares, que va a salir elegido diputado sin acreditar más valía que la de ser un oscuro líder local cómplice de las purgas de su secretario general en Cantabria, que una vez que se ha colocado, por cierto, ha pasado de él casi tanto como los votantes santanderinos, se cobra la factura de haber estado en las peleas partidistas del lado del que impone las listas. Y más champán, que estamos de fiesta. Que dejar el ayuntamiento frustre las expectativas de la buena gente de su partido y de los honestos votantes de su candidatura municipal es lo de menos. Lo importante, más que para nadie para él, es seguir en franca ascensión hasta el reino de los cielos. Y así todo, y así siempre...

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