martes 19/10/21

No estamos solas - Ser mujer libre no es delito

La libertad es uno de los principios fundamentales. Es también un derecho que me pertenece por el mero hecho de ser persona, pero que desgraciadamente tengo que reclamar constantemente por ser mujer.

La libertad es uno de los principios fundamentales que sustenta el estado social y democrático de derecho. Es también un derecho, un derecho que me pertenece por el mero hecho de ser persona, pero que desgraciadamente tengo que reclamar constantemente por el mero hecho de ser mujer.

Amanecíamos hace unos días con la trágica noticia del asesinato de dos chicas argentinas que estaban haciendo turismo. Amanecíamos con esa trágica noticia y con la conclusión más perversa del machismo encubierto: viajaban solas. ¡Sí señores y señoras, es que viajaban solas! Dos mujeres juntas resulta que van solas. ¿Hasta qué punto la mujer que me acompaña es invisible?

Esa falacia de que viajaran solas no hace sino volver a centrar la responsabilidad en ellas

Pero no nos quedemos ahí, ahondemos en el mensaje. Esa falacia de que viajaran solas no hace sino volver a centrar la responsabilidad en ellas. La mujeres somos las responsables de lo que nos pasa, y lo malo es por propia inconsciencia: ¡Anda que viajar solas…! ¿Saben como se llama la línea que separa ser una inconsciente de un aventurero? La respuesta es sencilla: se llama vagina. ¡Ay si los asesinados hubieran sido hombres! ¡Qué distinto sería el asunto! Nadie les hubiera juzgado por viajar, ni hubieran dicho que iban solos. Nadie hubiera cuestionado a sus padres por dejarles hacerlo. Nadie se hubiera preguntado que ropa llevaban puesta o si esa noche habían bebido. Nadie se hubiese atrevido a responsabilizarles de su propio asesinato. Todo el mundo, hombres y mujeres, les habrían entendido víctimas y pedirían para sus asesinos la máxima de las penas. Pero no, no es el caso. La realidad es que somos víctimas de nuestra propia inconsciencia al reclamar nuestro derecho a ser libres.

Pero no sólo somos inconscientes por querer “viajar solas”, también lo somos cuando reclamamos volver a casa de noche solas, sin temor a que nos hagan daño cuando cruzamos una calle con esquinas mal iluminadas. Y es que nos han enseñado a temer. De las primeras cosas para las que se nos entrena desde niñas es por donde no podemos andar “solas”. Pensad en todas las cosas que se nos ha enseñado que no podemos hacer. Pensad en todos los lugares a donde no podemos ir. ¿Somos libres? Ahora pensad en el argumento con el que justifican hacernos vivir con miedo: nuestra seguridad. Y por esa “seguridad” las mujeres terminamos confinadas a los espacios privados. Espacios en los que por desgracia también somos el blanco de las violencias machistas.

Quizás resulta que no existe el lugar seguro. Quizás es que la solución tampoco consiste en crearlos. Quizás es que la única solución pasa necesariamente por dejarnos ser profundamente libres. Y eso pasa por erradicar y penar el machismo y la misoginia.

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