lunes 6/12/21

Otro veinticinco de noviembre más

De nuevo llega el 'Día internacional para la Eliminación de la Violencia de Género', el 25N. Y tristemente seguimos lamentando la terrible lacra de las violencias que las mujeres sufren junto con sus hijos e hijas.

Es repetitivo el discurso, ojalá no lo fuera, pero lamentablemente debemos decir que es así.

Vemos cómo cada día las noticias de los medios de comunicación nos informan de asesinatos, violaciones, agresiones, acosos, vejaciones y una larga lista de violencias que en muchos casos no solo se califican como tal, sino que se les añade el término brutal o salvaje.

Nos matan y matan a nuestros hijos e hijas. Algo que las que no lo hemos sufrido, no podemos ni imaginar

Las mujeres sufren diferentes o diversos tipos de violencia, es evidente que el de la muerte de una mujer o de sus hijos e hijas a manos de su pareja o ex pareja (violencia vicaria) es la más cruel de las violencias que alguien puede padecer.

Los menores fallecidos en casos de violencia de género contra su madre ascienden a 44 de 2013 a octubre de 2021.

Los menores huérfanos por violencia de género ascienden a 24 en 2021, 330 desde 2013.

El número de mujeres asesinadas por su pareja o ex pareja asciende a 37 en 2021 y a 1.118 desde 2003.

Nos matan y matan a nuestros hijos e hijas. Algo que las que no lo hemos sufrido, no podemos ni imaginar. ¿Cómo una madre, puede superar algo de ese calibre?

Cuando un maltratador asesina a los hijos o hijas de una mujer, la está infligiendo el mayor daño a la que se la puede someter, las está matando dejándolas vivir.

Alguien puede decir que los asesinatos a hijos e hijas también los cometen mujeres, y evidentemente es así, no negamos que hay mujeres que matan a sus hijos, pero las cifras hablan, y los contextos también, y estos datos ponen de manifiesto que, el maltratador asesina a sus propios hijos o hijas o a los hijos o hijas de ella, para hacer daño a la mujer, simplemente es así.

Sí, hemos avanzado, pero no es suficiente aún, queda mucho por andar

Conocemos diferentes formas de maltrato a una mujer, muchas de ellas aún sin reconocerse por las propias víctimas, ya que no son conscientes de que lo están padeciendo, pero sin duda, todas y cada una de ellas dejan una secuela que en muchos casos es irreversible y que condicionara su vida para siempre.

Es preocupante como en una sociedad del siglo XXI, dentro de las instituciones y órganos de gobierno, se escuchan y toleran mensajes que más nos recuerdan al Toledo del siglo XVII, que a la sociedad avanzada de la que presumimos.

Sí, hemos avanzado, pero no es suficiente aún, queda mucho por andar.

La educación es básica para esto, la conciencia social es necesaria para frenar que la mitad de la población continúe sufriendo. Y como no, la negación de cualquier discurso que contradiga algo tan irrefutable como son las cifras.

No permitamos que se desvíe el objetivo, objetivo que no es otro que mantenernos vivas, que nuestros hijos e hijas no sean víctimas, que no nos violen, que no nos acosen, que nos desprecien. Porque ser mujer no es ser menos que ser hombre, porque la mujer es un ser humano, esto que parece tan obvio, es aún no entendido por muchos.

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