domingo 23/1/22

Medios dependientes

Conseguir torcer la voz, es decir, la voluntad del votante, no es tarea fácil si no posees la mayoría de medios de comunicación del país. Así, periódicos tan importantes como El País se quitan la careta y de manera continua y con intensidad creciente vierten, en editoriales e informaciones, argumentos falaces destinados a quebrar la confianza ciudadana en PODEMOS.

Ante el imperativo categórico de que PODEMOS no debe formar parte, en  ningún caso, del Gobierno de España, los distintos agentes sociales, políticos y económicos no ahorran esfuerzos tendentes a cumplir ese mandato. España es formalmente una democracia y, mientras siga siéndolo, la última apelación para la solución de este tipo de cuestiones no es otro que el electorado y su voto. Por lo tanto, las estrategias han de ir dirigidas a torcer la voz del ciudadano que, aún muy tímidamente, ha expresado su opción por los intereses de la mayoría, contrapuestos evidentemente con los de los poderes económicos y financieros.

Ante el imperativo categórico de que PODEMOS no debe formar parte, en  ningún caso, del Gobierno de España, los distintos agentes sociales, políticos y económicos no ahorran esfuerzos tendentes a cumplir ese mandato

Conseguir torcer la voz, es decir, la voluntad del votante, no es tarea fácil si no posees la mayoría de medios de comunicación del país. En caso contrario el problema se dulcifica. Así, periódicos tan importantes como El País se quitan la careta y de manera continua y con intensidad creciente vierten, en editoriales e informaciones, argumentos falaces destinados a quebrar la confianza ciudadana en PODEMOS. Hasta mi admirado Peridis dibuja a los líderes de esa formación conduciendo un automóvil en el que llevan a Rajoy a La Moncloa. El argumento según el cual la responsabilidad de que Rajoy llegue a formar gobierno recae sobre PODEMOS, por no apoyar un gobierno con Ciudadanos en ministerios y programa, es falaz, como ya advertí, pues Iglesias y los suyos han mostrado desde el principio una actitud absolutamente proactiva para la formación de un gobierno con el PSOE, Compromís e IU, propuesta constantemente despreciada por el PSOE que desde el primer momento prefirió llegar, y llegó, a un acuerdo con Ciudadanos diametralmente opuesto en contenidos a la razón de ser de PODEMOS. Esta formación llegó incluso a hacer concesiones muy importantes respecto de su posición inicial, como la renuncia a la vicepresidencia para Iglesias, algunas  de tal calado que se corrió el riesgo de desdibujar su razón de ser, como la exclusión de la reforma laboral de Zapatero del programa de derogaciones legislativas. Siendo así, el auténtico responsable de permitir un gobierno del PP es el PSOE, no sé si decir Sánchez porque parece que en el partido no le dejan. 

De ceder los líderes, o las bases, de PODEMOS a la enorme presión que medios y partidos ejercen sobre ellos, cabría la acusación simétrica de traición al electorado por permitir un gobierno de Ciudadanos, acusación no menos grave que la de propiciar  uno del PP, como tanto gustó de repetir Sánchez en la campaña electoral. Tanto PSOE como los medios que articulan esa presión sobre la formación morada, conocen perfectamente lo defectuoso de su razonamiento, pero no les importa si con ello pueden conseguir una rebaja en el apoyo popular a quien no debe gobernar, por mandato del Ibex 35 y grupos financieros internacionales. No en vano entre los propietarios de PRISA se encuentran el HSBC, Caixabank, Banco de Santander, Telefónica y hasta un inversor catarí especializado en negocios de petróleo, gas y construcciones. ¿Cómo iba a permanecer El País neutral ante el posible acceso de PODEMOS al gobierno, cuando el principal objetivo de ese gobierno sería liberar al ejecutivo y al legislativo del férreo dominio que sobre ellos ejercen sus accionistas, todos ellos paradigmas del poder económico? Al no ser un medio independiente, ni tampoco transparente, no puede actuar sino en defensa de sus propios intereses, para lo cual ha de retorcer los argumentos convirtiéndolos en falacias que, al ser intencionadas, constituyen auténticos sofismas.

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