lunes 17/1/22

La igualdad en el mundo rural

Las mujeres de los pueblos estamos consiguiendo metas que antes nos parecían inalcanzables, estamos transformando la vida en el ámbito rural para el que demandamos servicios y comunicaciones, acabar con la brecha digital y todas las acciones que impliquen fijar población en nuestros municipios rurales.

Decía el filósofo taoísta Lao-Tse que un viaje de mil millas comienza con un solo paso.

Miles de pasos llevamos andados las mujeres en este viaje personal y colectivo para poder ocupar nuestro lugar en el mundo, el que nos corresponde por derecho, el que sirve de fundamento a cada nueva conmemoración del 8 de marzo, el día de la reivindicación feminista en esencia.

Largo camino recorrido de generaciones de mujeres que desde su experiencia diaria se atrevieron con audacia y valentía a plantar cara a la sociedad de su tiempo para iniciar ese primer paso absolutamente necesario en la ardua lucha por la igualdad de oportunidades.

Las mujeres que tenemos el conocimiento de la experiencia de la vida en los pueblos hemos sido muy conscientes de esas situaciones

Muchas etapas superadas en este viaje de descubrimiento constante del conocimiento de ser mujer en una sociedad cultural y socialmente masculina. Para detectar y reconocer nuestra capacidad de transformar la sociedad en la que vivimos una vez que nos nace la conciencia, que diría Rigoberta Menchú.

Y avances, indudables avances, que hemos podido constatar a lo largo del tiempo dedicado a luchar por la mejora de nuestras condiciones políticas y sociales. Especial mención quiero hacer a las mujeres del mundo rural, pues ellas lo tuvieron más complicado siendo la ruralidad, paradójicamente, un elemento que acentuaba la discriminación de las mujeres ante una mayor falta de oportunidades.

Las mujeres que tenemos el conocimiento de la experiencia de la vida en los pueblos hemos sido muy conscientes de esas situaciones. Nuestras abuelas, nuestras madres, que habían vivido la desigualdad de trabajar en la agricultura y la ganadería después de atender sus hogares, sin tener la titularidad de la explotación de sus granjas ganaderas, querían otro lugar en el mundo para sus hijas y nietas. Hoy paso a paso, las mujeres rurales son titulares de sus explotaciones, tienen sus empresas de agroalimentación y participan en las organizaciones ganaderas en defensa de la mejora de las condiciones de vida de las mujeres y hombres del campo. Pasos continuos y permanentes para desarrollar la conciencia de la igualdad en el ámbito rural, tan necesitado de medidas de acción positiva en esta materia.

El campo tiene en nosotras un elemento de fuerza incuestionable para permanecer y preservar nuestro modo de vida, nuestra cultura y tradiciones

Las mujeres de los pueblos estamos consiguiendo metas que antes nos parecían inalcanzables, estamos transformando la vida en el ámbito rural para el que demandamos servicios y comunicaciones, acabar con la brecha digital y todas las acciones que impliquen fijar población en nuestros municipios rurales, hoy el gran objetivo de las políticas públicas en Europa, España y Cantabria sobre las que las mujeres tenemos mucho que aportar y decidir.

El campo tiene en nosotras un elemento de fuerza incuestionable para permanecer y preservar nuestro modo de vida, nuestra cultura y tradiciones. Está en nuestra mano generar la conciencia necesaria para abordar este fenómeno desde una perspectiva igualitaria. Una filosofía de cambio que aquellas mujeres que venimos de los pueblos y que tenemos responsabilidades políticas gracias a los miles de pasos andados por las mujeres que nos precedieron.

Como mujer nacida y criada en un pueblo, orgullosa de ello, conocedora de las dificultades y oportunidades del mundo rural, soy muy consciente de la andadura de las mujeres de mi generación para avanzar en la lucha en favor de la igualdad. Hoy milito en un partido político y ocupo la Secretaría de Organización de mi Partido, desarrollando las labores de Gobierno desde la Consejería de Presidencia. Si retrocedemos en el tiempo observando a la vida de nuestras madres y abuelas los pasos caminados son sin duda de gigante, pero hemos de seguir caminando para llegar a la meta, aún a millas de distancia.

Pero todo esto es fruto de una herencia cultural a lo largo del tiempo forjada por nuestras abuelas y madres que no se resignaban ante las desigualdades. Ellas han sido capaces sin medios, sin recursos, sin oportunidades, de iniciar este cambio. Ellas tenían lo más importante, una mente abierta en favor de la igualdad y a ellas les debemos continuar el camino marcado.

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