jueves 24/6/21

Una oficina de vivienda rural para no perder el tren del COVID

Las posibilidades de trabajo de esta oficina de vivienda rural son muchas, se puede fomentar el alquiler colaborativo en el que la renta se paga con la restauración de la vivienda, se puede trabajar codo con codo con los pequeños ayuntamientos para realizar cambios de titularidad forzosa en casas que pronto serán ruinas, incluso se puede llegar a expropiar

Parece que la pandemia ha abierto los ojos a mucha gente y les ha descubierto las maravillas de vivir en las zonas rurales de Cantabria, lejos de ruido, de humos y sobre todo de virus. Una buena noticia para nuestros valles y un tren que el Gobierno Autonómico no debería de dejar pasar.

Nuestro medio rural no suele tener oportunidades como esta, generalmente las crisis traen recortes y los recortes siempre comienzan por los sectores más débiles, quizá la costumbre hace que estos recortes pequeñitos pasen desapercibidos, pero son pequeños palos en las ruedas de la repoblación. Que cierren una oficina bancaria en un pueblo puede parecer trivial si hay una abierta en el pueblo de al lado, pero es una gota más en un vaso a la que se suma el cierre del consultorio, el no tener tienda, el no tener cobertura… Una gota en un vaso que termina por colmarse y acaba expulsando a los jóvenes de los pueblos, señor Revilla, no podemos permitirnos ni un paso atrás.

El venir a vivir a los valles no es tarea fácil, no solo por todos los factores que han echado a los que aquí vivían, sino porque aunque el 70% de las viviendas vacías están en las zonas rurales estas no salen al mercado. Para colmo las pocas que hay están aumentando de precio con el aumento de la demanda, resulta que vivir en el pueblo se puede convertir en un lujo con lo que la gran oportunidad se puede convertir en la gran trampa.

Sacar al mercado esas viviendas no es sencillo, muchas son herencias que pertenecen a múltiples propietarios, otras no tienen el valor que tendrían en el alfoz de una ciudad y ese escaso valor no merece el esfuerzo de venderla, en algunas el valor sentimental es mayor que el económico y poco a poco se convierten en ruina por el desuso… En el medio rural más que en cualquier otro sitio es necesaria una herramienta que facilite el acceso a la vivienda antes de que sea demasiado tarde.

Los ayuntamientos que ven cómo se caen sus casas no tienen esa herramienta, muchos de ellos ni siquiera pueden cobrar el IBI de esos inmuebles porque les resultaría más caro localizar al propietario que lo que cobrarían por el impuesto. No podemos dejar solas a las entidades locales ni tampoco permitirles el libre albedrío que les pretende dar la futura ley del suelo, conocida como LOTUCA. Es necesario un ente capaz de movilizar vivienda y cuanto antes se constituya mejor, la ola del COVID no durará para siempre.

Desde Podemos proponemos una oficina de intermediación que saque al mercado todas esas viviendas en colaboración con los ayuntamientos y acompañada de medidas legislativas que permitan, por ejemplo, incrementos progresivos del IBI para las viviendas vacías o ventajas fiscales para quien se decida a poner a la venta un inmueble. En definitiva, proponemos imaginación para no perder este tren.

Las posibilidades de trabajo de esta oficina de vivienda rural son muchas, se puede fomentar el alquiler colaborativo en el que la renta se paga con la restauración de la vivienda, se puede trabajar codo con codo con los pequeños ayuntamientos para realizar cambios de titularidad forzosa en casas que pronto serán ruinas, incluso se puede llegar a expropiar. Tranquilidad, no nos asustemos, dentro de nada van a expropiar cientos de hectáreas para construir molinos de viento que no traerán nada a los valles, no pasa nada por expropiar para llenar esos valles de vida.

Miles de jóvenes no pueden acceder a la vivienda mientras miles de casas se caen por desuso, pongamos fin a este sinsentido.

Una oficina de vivienda rural para no perder el tren del COVID
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