sábado 27/11/21

Venancio Diego

Las crisis se atajan desde el compromiso de pisar la calle continuamente para darte una dosis permanente de realidad, que es la que hace que cambien las cosas a mejor. Venancio Diego fue siempre un ciudadano comprometido, fiel a sus creencias, y peleón como el que más ante cualquier injusticia con la que se topara en su camino de lucha sindical en pro de una justicia social que abarcara a todos por igual.

Hace años que participo en tertulias de radio y televisión, y he de reconocer que me gustaba coincidir en los debates con Venancio Diego, porque siempre se mantuvo fiel a sus principios, y me encandilaba por sincero, claro y transparente. Podía llegar a ser demoledor a la hora de defender aquello que pensaba y consideraba justo, porque esto tan moderno de ser políticamente correcto no iba con él. Lo mismo digo de la demanda actual de una mayor transparencia en todo lo público, económico y social, porque si me atengo a lo que se pretende (¡ya veremos!), entonces Venancio fue un visionario en toda regla que aplicó la coherencia en todo aquello que llevó a cabo.

Trabajaba yo en Radio Minuto, emisora entonces de Prisa, y cubrí muchas informaciones de este gran dirigente de Comisiones Obreras. Dio un aire nuevo al sindicato y creo no exagerar si añado que también al sindicalismo en Cantabria. Su mirada no engañaba cuando enfilaba derechos laborales, abordaba despidos improcedentes y otras circunstancias en que se vieran involucradas empresas, empresarios y trabajadores. Simplemente, con buen hacer siempre, imponía. Pienso que no llevaba bien, como tantos, la delicada línea industrial en que se encuentra esta región, y las cifras en aumento de quienes deciden hacer la maleta e irse a otras partes en busca de oportunidades.

En fin, como él resumiría, esto es lo que hay, pero hay que creer, luchar, pelearlo, criticarlo y pisar la calle para darte cuenta de que no basta con una rueda de prensa, una información o un artículo que mandes a un medio en el que hablas de un problema empresarial concreto. Creía muchísimo en esta tierra y en nuestras gentes, y no es una frase hecha. Venancio sí que era un europeísta convencido, aunque hay que ver en lo que se ha convertido aquella primera Comunidad Económica Europea, que tanto admiraba por lo que suponía de solidaridad entre los países miembros. Impulsó la Casa de Europa en Cantabria, cuyo sólo nombre ya merece un respeto. Hablaba de Europa con pasión, con esperanza, incluso cuando en España aún no se sabía qué hacer o dónde colocar la bandera de las doce estrellas. Olfateó como nadie que la entrada de España en la CEE iba a ser la mejor inversión de futuro de este país, porque cambiaría a mejor la fisonomía de pueblos y ciudades.

Venancio, en sí mismo, era un revulsivo contra el inmovilismo, la apatía, el conformismo y el mantenimiento de viejas ideas que a la postre iban a caer por sí solas. Fue haciendo edad, como todos, pero la cabeza y el verbo siempre estuvieron de su parte para compartir una experiencia que ha hecho época dentro de los personajes decisivos de Cantabria, cuya opinión tenía peso político y social. Se nos ha ido un padre de ideas renovadas y luchas cuya memoria vale la pena no dejar en el olvido. No es verdad que ya no surjan hombres y mujeres así. Como en alguna ocasión le escuché plantear: tan sólo basta que se alce una voz, y a esa voz le seguirá otra, y a la anterior otra y otra, hasta ser muchas voces juntas y valiosas. Lo hizo rematadamente bien, con una personalidad arrolladora que no dejaba indiferente a nadie. Algo me falta ya en las tertulias de radio y televisión, cuando no escucho el énfasis y coraje con que Venancio defendía aquello que creía justo por el bien general. ¡Descansa en paz, mi recordado amigo! 

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