martes 19/10/21

Sacrificios por el Covid aniquilados por los necios

Con el Coronavirus vamos de ola en ola. Estamos ya en la quinta, y la llaman “ola joven”. Qué pena ser como somos en este país. Apelo al lamento ya que el sacrificio llevado a cabo por millones de españoles, y su ejemplar comportamiento, se ha ido todo al garete por un buen número de necios, que solo están a lo suyo. Vivir a tope, dicen, que no es otra cosa que hacer lo que les da la gana, mientras contagian el virus a los demás. 

España vuelve a entrar en el túnel oscuro e impredecible que es el Covid. Nos veíamos muy felices, con la vacunación a buen ritmo, sin toque de queda que valiese, y fuera la mascarilla. Pero volvemos a estar en todas las quinielas de país peligroso al que viajar, con la recomendación de mejor no acercarse por aquí. 

Muchas miradas se dirigen hacia la juventud y su forma de practicar el ocio, incluido el uso de la hostelería, que me temo va a pagar injustamente el pato de tanto contagio imparable, que sitúa a regiones enteras, caso de Cantabria, al límite de sus posibilidades sanitarias. Desde el principio, la información y consiguiente formación de la población con respecto al Coronavirus ha sido penosa. Por si fuera poco, en España se ha adelantado la eliminación de un toque de queda, que en este verano sería aún necesario (pongamos hasta la una de la madrugada). Sobre las mascarillas y retirarlas en las calles, la medida ha sido igualmente precipitada, tanto, que la población en general desconfía y la sigue utilizando por la calle. 

“Si los expertos dicen que es mejor ir con calma, ¿por qué no se les ha hecho caso? Por el maldito individualismo español de ir de sobrados”

No se pueden tomar decisiones en contra de la lógica de los hechos, que en este caso nos dice que el Covid sigue muy fuerte, lo que ya hace hablar de una quinta ola que, denominada como la “ola joven”. Si los expertos dicen que es mejor ir con calma, antes de tomar medidas que, ya se ve, son contraproducentes, ¿por qué no se les ha hecho caso? Por el maldito individualismo español, que genera comportamientos de ir de sobrados, de saberlo todo, los más listos del mundo mundial, cuando nada de esto es así. De esta manera, nos hemos metido de lleno nuevamente en el laberinto del Covid, y las medidas urgentes que habrá que retomar sobre cierres en el interior de la hostelería y limitación de aforos en las diferentes actividades laborales o culturales que llevamos a cabo de habitual. 

Seguimos hablando de recuperación, y más con la remodelación en el Gobierno central, que se acaba de producir. Pero estamos a punto de perder una oportunidad de oro para haber mejorado de verdad, sacrificio que han llevado a cabo millones de españoles, con un comportamiento ejemplar ante el virus, aunque necios siempre ha habido, hay y habrá. Tras el levantamiento de las medidas preventivas, algunos han salido desbocados a comerse el mundo, y como peor actitud tenemos los viajes de estudios, que por mucho que quieran justificar unos padres que no quieren entender, ha sido una malísima idea. 

“Hay como dos sociedades diferentes. La que sigue creyendo en la prevención. Y aquella que se comporta como si le diera todo igual”

La resolución de esta crisis sanitaria debería seguir centralizada en un Ministerio de Sanidad que tenga claro lo que hay que hacer, y se haga cumplir por igual en todas las comunidades autónomas. Pero ya estamos en la carrera de la recuperación, que no entiende de restricciones como las que hemos tenido en el pasado, y por eso prevalecen los anuncios de levantar prohibiciones al tiempo que estamos inmersos en un proceso masivo de vacunación, que queda tocada por esta quinta ola Coronavirus. Reconozco que no es fácil tomar decisiones cuando hay tantos sectores económicos que se la juegan. Pero con los muchos esfuerzos que tantos hemos hecho, unos más que otros, no tendríamos que haber permitido caer nuevamente en contagios incontrolados, reuniones masivas alocadas, viajes que no hay que hacer, contactos con personas distintas a nuestro entorno habitual, y actividades que, por muy dura que sea la decisión a tomar, no tendrían que llevarse a cabo. Ni más ni menos, esto es lo que hemos hecho mal en España. Nos han entrado las prisas por regresar a antes del Covid, como si hubiera alguien que no lo prefiera en vez de moverse con mascarilla. Hay como dos sociedades diferentes. La que sigue creyendo en la necesaria prevención. Y aquella que se comporta como si le diera todo igual, olvidando que su libertad termina cuando empieza la de los demás. Sencillamente, los necios no quieren escuchar; no han aprendido nada de la fatídica racha sanitaria que atraviesa el mundo, y tampoco han pensado lo más mínimo en hacer algunas cosas de manera diferente, porque no podemos seguir en lo que mejor sabemos hacer: destruir nuestro mundo. Quienes no se plantean cambio alguno solo quieren vivir a tope, como si los demás fuéramos unos tristes, que nos encanta encerrarnos en casa, lavarnos mucho las manos, utilizar contantemente gel, y llevar las mascarilla correspondiente a la posibilidad de contagio que tenemos cada cual. Y no es así. Queremos vivir libremente, que nuestro país salga adelante, sus empresarios, trabajadores, autónomos, la hostelería, el turismo, el comercio, los taxistas, así, del primero al último. Aunque con los necios, egoístas, insolidarios, cargados encima de razones de que pueden hacer lo que les venga en gana y cuando les venga en gana, no se puede contar, mientras nos joden a todos los demás, de nuevo, con los contagios incontrolados del virus.

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