martes 21/9/21

Que el temor al covid no encierre a nadie en casa

¿Cuántos españoles siguen en casa, sin salir, por motivos del Covid? Buena pregunta de difícil respuesta, aunque, quien más quien menos, conoce de casos que se dan en su ciudad, pueblo o barrio. Solo tienen que preguntar por quien hace tiempo no ven, para ser informado que, por miedo, no sale de casa. Y eso que los mensajes oficiales destacan la confianza, cosa loable, aunque apena saber que hay personas en las que prevalece el temor sobre todo intento de recuperación de la vida que llevábamos antes de aparecer la pandemia.

Llevaba razón, y más en tiempos de Covid, aquel pensamiento poético de Mario Benedetti, sobre que la vivienda no es solo un bien inmobiliario, ya que va más allá, al ser también una forma de consolidación espiritual. Sin duda, dentro del hogar es donde más pensamos, más nos preocupamos y, también, más nos acongojamos ante la eventualidad, como ahora, de lo mal que va el mundo, sin saber el futuro que viene, y sin que nadie con altas responsabilidades nos lo sepa explicar bien.

Por eso muchos españoles vienen prolongando aquello de la cuarentena, el “Quédate en casa”, al no salir de ella, atemorizados por numerosas dudas  que se plantean, y que muy bien se pueden resumir en una sola: miedo a contagiarse y morir por el Coronavirus.

La post pandemia contempla muchas falsedades si lo que dejamos atrás, con muy escaso interés hacia ello, supone olvidarse de la gente y sus preocupaciones. Dicho de otra manera: necesitamos datos reales sobre todos aquellos que han decidido encerrarse en sus casas, por qué, cómo se les puede ayudar, qué mensaje hay que acercarles, y que, ¡por favor!, sientan que existen para el resto de la sociedad. No crean que al hablar así me dirijo especialmente a un sector determinado, como puedan ser los mayores. El miedo es libre y no tiene edades. Y el Covid nos ha venido a demostrar muchas cosas, pero la principal es que somos muy vulnerables, unos auténticos soberbios, para nada indestructibles y todas esas tonterías que se dicen para darle énfasis a nuestra civilización y lo relevante que es. ¿Cómo se puede ser importante con el afán constante de hacer daño que tenemos los humanos?

El miedo no tiene edades. El Covid ha venido a demostrar que somos muy vulnerables, unos auténticos soberbios, para nada indestructibles

Con la declaración oficial de la pandemia, costó meter a los españoles en casa, sin salir, y ahora resulta que hay una importantísima cantidad de ciudadanos que siguen tranquilamente dentro de la seguridad que les ofrece las cuatro paredes en las que habitan. Además de ser una opción, un derecho, una libertad de actuar, semejante decisión de enclaustrarse pone también de manifiesto lo deficiente que ha sido en todo momento la información sobre el Covid-19, la vacuna y la inmunidad de grupo. Nadie puede lograr que todo el mundo crea por igual en lo que se asegura desde las instancias gubernamentales. La prueba del siete es este no salir para nada, a pesar de haber atravesado año y medio de crisis sanitaria.

Desde luego, el verano, caso de Cantabria, no ha contribuido en absoluto a disipar dudas sobre el virus. Ha sido un periodo en el que la pandemia ha estado desbocada, una quinta ola la denominan, y hay voces autorizadas que anuncian que está próxima una nueva ola de propagación, eso sin entrar en las demandas para inyectar una vacuna más a nuestros mayores, una vez que los brotes se están reproduciendo en las residencias para la tercera edad. “Sabiduría y desengaños, aumenta con los años”, dice el refrán. Pero también es lo que hay con los tiempos inestables que vivimos, y la falta de explicaciones y conductas convincentes, que sirvan de ejemplo creíble para la ciudadanía. Como mantengo aquí, creo que hay que mostrar mucha más atención a cómo es la vida hoy, ahora, de muchos españoles, que por diferentes motivos habría que escuchar de su propia boca, en el sentido de la causa por la que han decidido no salir ya de casa hasta que, algún día, la pandemia se controle del todo. Esto último será difícil de alcanzar a nivel mundial, debido a que el desarrollo de los países, y también de su sanidad, son muy diferentes en razón de la riqueza o la pobreza.

Sabiduría y desengaños, aumentan con los años”. Es lo que hay con los tiempos inestables que vivimos, y la falta de explicaciones convincentes

Por si fuera poco, en el momento actual, la ciudadanía tiene cada vez más percepción de que las sanidades públicas están muy deterioradas, lo que se pone de manifiesto cuando acudes o llamas a los ambulatorios en busca de curaciones. Ciertamente, esto no propicia la vuelta total a la seguridad, de bajar de casa a la calle, y regresar al paseo que antes dabas de habitual, y lo mismo cabe decir a la hora de acudir a restaurantes, bares, o a comprar en los comercios tradicionales que frecuentabas, señales inequívocas de crisis económica. Cuando me entero de un nuevo caso que ha decidido dar el paso de regresar a sus costumbres de siempre, lo celebro como si de un conocido cercano se tratase. Es una demostración real de que la confianza se reactiva. Y es que la confianza es la esperanza firme que toda persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada. Casi nada decirlo en este 2022, viniendo del tan desastroso 2021.

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