miércoles 23/6/21

Esta pandemia es diferente, sí, hay redes sociales

Reflexiones desde casa. Día 29.

Había también Facebook, Twitter e Instagram cuando el Ébola saltó de África a Europa y Estados Unidos, pero nada como ahora con el coronavirus. Se habla más de las redes por el ruido que hacen que por lo que entretienen. Debemos ser conscientes que sin el móvil, el wasap, el ordenador o la tablet, la mitad de la población estaría ya majareta, hablando sola, a falta de intercambiar información, chistes o bulos (espero que sin querer) sobre la pandemia. Uno de esos chistes es el teletrabajo en este país. Otra fake news extendida es la España digitalizada, que de tanto vende avance, nunca terminó de llegar. El coronavirus y sus consecuencias, como sacarnos de nuestros trabajos, nos ha puesto en la auténtica realidad, por ejemplo, de lo que nuestro sistema educativo es capaz de hacer a distancia. Lo mismo se podría aseverar de otras tantísimas cuestiones, donde, todo hay que decirlo, se salva la banca y poco más. La cara fea de pinchar en el me gusta, tuitear o retuitear, es contar mentiras. Propagar auténticas bestialidades es subir un peldaño en la escalada de despropósitos que vivimos. Dicen que Putin y sus servicios secretos se manejan con auténtica habilidad en los bulos. En España tenemos el triste episodio de Cataluña. Pero regresemos de Rusia al coronavirus y las redes sociales. Lo cierto es que la batalla encarnizada contra el bicho se dilucida en las salas hospitalarias, y también en lo que se narra (y cómo) en las redes principales, sin olvidar que existen un montón de ellas. Controlarlas es como poner puertas al campo. Se ha intentado otras veces, y esta es una más, pero me temo que sin éxito. Los dueños de las redes siempre han hecho ascos a contar con un manual ético de uso de lo que ellos llaman autopistas de la información, para demérito de los medios de comunicación serios. Las cosas hoy se hacen, se aplauden o se critican, al instante, en tiempo real, en las redes sociales. Eso también hay que valorarlo como positivo, porque manipular se ha hecho más difícil. Otra cuestión que sitúa a las redes en el cuadro de honor es su contribución a la solidaridad y la ayuda rápida de mascarillas o respiradores que España no tenía, y ahí seguimos mayormente. Aquí no hay bulos que valgan, porque detrás de los perfiles hay colectivos sociales y asistenciales entregados en cuerpo y alma a la causa de salvar vidas. En resumen, y como tantas cosas en la vida, las redes tienen su parte buena y su parte mala. Pedir responsabilidad con tantos millones de usuarios que hay en España y resto del mundo no es una opción y sí una obligación, que puede conllevar incluso que te arreen una buena coz, que en las redes se denomina zasca.
 

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