viernes. 01.07.2022

Nos debe preocupar (mucho más) el aumento de la violencia juvenil

En España nos estamos acostumbrando al aumento de la violencia y agresividad entre los adolescentes, sin que nadie haga nada al respecto. Empezando porque, cada vez que se tocan los contenidos del sistema educativo, estos empeoran. Así, nuestros jóvenes no tienen demasiadas referencias, ni en sus mayores ni en los desaparecidos libros. Sus aliados son el móvil, la tablet, el ordenador, las redes y las series de Netflix. Cada vez empiezan con ello a más temprana edad, que es la primera cuestión que habría que abordar, porque también forma parte, y mucho, del problema.  

Hay una noticia que últimamente se repite en los medios de comunicación: las peleas brutales entre jóvenes adolescentes. Antes de nada, he de decir que no estoy seguro de que se deba dar tanta publicidad a los protagonistas de estos sucesos, ya que en muchos casos es precisamente lo que buscan, pues resulta que la grabación de las peleas tiene que ver con difundirlas posteriormente por Internet y redes sociales. Aunque reconozco que no es justo del todo citar tan solo el autobombo personal como detonante de tanta agresividad, porque hay muchas más cuestiones que forman parte del entuerto. 

Este es un país en el que hay que quedar bien con todo el mundo, y la falta de autoridad es notoria en tantas cuestiones, que asistimos, como no podía ser de otra manera, al aumento de las agresiones dentro del sistema educativo, sanitario, sin olvidarnos del crecimiento del bullying ejercido de forma directa o a través del móvil y las redes. No dejamos de denunciar los hechos, pero no se hace nada para cortar por lo sano.

“La falta de autoridad es notoria, asistimos al aumento de agresiones dentro del sistema educativo, sanitario, sin olvidarnos del crecimiento del bullying”

Peleas entre bandas y meterse con los demás ha existido siempre. Lo que no había es tanta televisión con programación de lo más disparatado, ni tampoco teléfonos inteligentes o redes sociales, que se han convertido en los aliados imprescindibles de adultos pero, y esto es lo peor, también de los pequeños. Punto uno: ¿a qué edad se debe tener un móvil que hace de todo? Son los educadores los que tratan de poner un poco de orden en todo este desaguisado, ya que los padres hacemos una dejación muy peligrosa de autoridad respecto a lo que nuestros hijos, adolescentes, pueden hacer o no. 

Hablando de profesores nos topamos ya con el punto dos. El sistema educativo español es cada vez más lamentable. Y no solo ya por lo que los gobiernos manden poner en los libros. Cada vez se abandona más el mérito, el esfuerzo, y el aprendizaje del respeto debido y convivencia en sociedad más adecuada para todos. Es así de crudo. Si lo que mejor haces es suspender y portarte mal, pero a cambio te pasan de curso, hasta darte un título totalmente inmerecido, ¿qué esperamos después? Evidente que todo esto tiene consecuencias en los comportamientos, precisamente en los malos comportamientos. 

De todas formas, al hablar de agresividad no hay que fijarse especialmente en adolescentes. No, ¡qué va! Es lógico que se incremente. Porque está presente en los principales canales de ocio, que van desde la televisión, series, el cine e incluso el nuevo tipo de noticias por las que apuesta hoy el periodismo, que tienen más que ver con la frivolidad que con las noticias de verdad. Dentro de los medios es también grande la confusión al querer ser un reflejo de la sociedad actual, y pretender también esa audiencia juvenil, que tiene muy diferentes preferencias a las de sus padres y no digamos abuelos. El cambio generacional es entendible, pero no la pérdida de valores, empezando por el respeto a lo que piensa y hace el prójimo. 

“Al hablar de agresividad es lógico que se incremente, porque está presente en la televisión, las series, el cine e incluso en el periodismo”

En lo anterior tienen un papel estelar los padres. Les guste o no, hay que estar encima de nuestros hijos adolescentes, con quién andan y lo que hacen. En casa, donde generalmente están a solas con su móvil, tablet u ordenador, también hay que hablar con ellos, además de ver en nosotros los ejemplos que les pedimos. No es fácil, lo asumo. Se han escrito cientos de libros sobre tener hijos y educarles adecuadamente. Luego, ponerse a ello en el día a día es ya otro cantar. La sensación que yo tengo es que los padres, a nada que vemos problemas, tiramos la toalla. Todos esos críos que se dan palizas entre ellos, utilizando en muchos casos una violencia y agresividad desmedida, han de ver en sus propios hogares que ese no es el camino. Lo que ocurre en España con nuestros adolescentes, no todos por supuesto, es la combinación de dejadez en la educación personal (la de casa), degradación de la educación oficial, a lo que hay que sumar una falta total de exigencia social para que esta mala tendencia sea revertida mediante la adopción de medidas concretas. Voy a poner ejemplos. Se dan periódicamente nuevos datos sobre el bullying en las aulas. Pero no se hace nada. Cada cierto tiempo hay una nueva agresión a un sanitario en su propio hospital o centro de salud. Pero no se hace nada. Aumenta la brutalidad de las palizas grupales o individuales entre adolescentes, y como lo emite la tele parece que el hecho alarma. Pero no se hace nada. Vivimos en un país en el que no se hace nada, sobre nada. Las penas a todo esto son ridículas, y también llevamos años de debates sobre que hay que endurecer determinados delitos. No haría falta la coletilla final, pero es conveniente repetirla por si alguien se da por aludido. No se hace nada. 

Nos debe preocupar (mucho más) el aumento de la violencia juvenil
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