jueves. 18.08.2022

Más incendios y pueblos abandonados sin vigilantes del hábitat

Este verano está sobrepasando todas las previsiones en cuanto al aumento de temperaturas, dando la razón a la teoría de que las consecuencias del Cambio Climático están ya encima. Aunque no es menos cierto que España arrastra desde siempre falta de previsión y coordinación en la rápida extinción de los incendios, lo que genera las lógicas críticas de quienes lo pierden todo, casa y enseres engullidos por las llamas. Cada año también se repite la historia de lo insuficiente de las dotaciones humanas y el obsoleto material que utilizan para apagar los fuegos, que, en lo que va de año, han acabado con cerca de 95.000 hectáreas.

España parece un país negado de cara a erradicar su ancestral problema con los incendios en verano, que matan la naturaleza, o las grandes nevadas en invierno, que colapsan el país de un día para otro. Lo que sucede es que, junto a la lección nunca aprendida, este verano de 2022 ya se puede calificar como uno de los más catastróficos por el fuego incontrolado. La inoperancia de las administraciones, principalmente la del Estado, ha tenido mucho que ver en los destrozos irreparables en innumerables parajes (por ejemplo: que haya bomberos forestales durante todo el año).

Material insuficiente, falta de personal, mejor y mayor coordinación, imprevisión ante las altas temperaturas que estamos padeciendo, hacer más caso de las quejas y consejos de las personas que viven en las zonas arrasadas, y dar una sensación, ahora inexistente, de unidad política nacional cuando se producen las emergencias. Son las cuestiones de las que se viene hablando en paralelo a que los fuegos aumentan cada vez más. En lo que va de este 2022, se han quemado cerca de 95.000 hectáreas, lo que supone un crecimiento gigantesco con respecto a balances de años anteriores.

El Cambio Climático también sale a escena. Especialmente, por haberse superado en muchas jornadas los 40 grados centígrados. Dice un proverbio chino que el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años, y el segundo mejor momento es ahora. Las consecuencias ya tan visibles del deterioro del clima requieren de acciones contundentes que no se van a tomar, porque no se quieren tomar. Producen estupor muchos de los anuncios publicitarios que se emiten hoy por televisión, sumándose a la acción de combatir el declive progresivo del planeta, por nuestras propias agresiones. Son mensajes más bien vacíos, con un alto grado de hipócritas promesas, pero no de conservación real. Ya lo he escrito en otras ocasiones. O las medidas son contundentes, o llegará un momento en que no podremos hacer nada. Si antes estaban mal las cosas, ahora con la Guerra de Ucrania regresamos a un mundo militarizado, de alarma nuclear incluso, aspectos que chocan frontalmente con el sostenimiento del medio ambiente, porque todo lo bélico es al tiempo destructivo y, por supuesto, contaminante.

Con la Guerra de Ucrania regresamos a un mundo militarizado, de alarma nuclear, porque todo lo bélico es al tiempo destructivo y contaminante

El despoblamiento tan agresivo que está viviendo España en sus zonas rurales, ahonda más en el problema del cuidado de parajes, que son esenciales para los pueblos y sus habitantes, ya que forman parte de una forma de vivir, de una herencia de amor a la naturaleza, que desgraciadamente se va perdiendo, porque las zonas rurales se quedan vacías. No escuchar como es debido a estos pocos pobladores, sobre el mejor mantenimiento de bellos entornos, es otra de las cuestiones que hay ahora encima de la mesa. Con la experiencia acumulada en materia de incendios, no puede ser que vayamos a peor. Tampoco que hace diez años tuviéramos los mejores hidroaviones o helicópteros, y que ahora, al menos así se denuncia, mucho de este material esté obsoleto, porque no se ha renovado como es debido.

España ofrece poca seriedad en los denominados grandes temas de debate para este siglo. Uno ya lo hemos citado, el Cambio Climático. Otro es el de los asuntos europeos decisivos, como puede ser ahora el ahorro energético, que a su vez redundaría en beneficio del ecosistema. Nuestro país da la espalda a la Unión Europea y se niega a rebajar el consumo en aire acondicionado o calefacción. ¡Menuda solidaridad demostramos con los países más cercanos y dependientes del gas ruso (Alemania)! Naciones que antes nos han prestado todo su apoyo, sin ir más lejos en la crisis del Covid, en la que seguimos inmersos.

Cada verano, con los fuegos, resurge la misma polémica. No es otra que las quejas de una falta de agilidad por parte de la Administración Central

Muchos de los fuegos que están sufriendo las regiones españolas son intencionados, haciendo gala de una conducta ya conocida, frente a la que no hay suficiente pedagogía, ni tampoco castigo ejemplar proveniente de una dura legislación con el problema que suponen los pirómanos. A esto se suma todo lo demás, desde el cambio drástico en las temperaturas y los fallos en la mejor extinción de los muchos fuegos que se propagan. Todo lo que está pasando y arrastramos con respecto a los incendios requeriría de tomar la decisión de crear una gran agencia estatal contra el fuego, que estuviera dotada de todos los medios humanos, técnicos y materiales, además de ser la encargada de adoptar las medidas necesarias sea cual fuere la comunidad autónoma. Cada verano, con los fuegos, resurge la misma polémica. No es otra que las quejas desde los municipios donde se propagan las llamas de una falta de agilidad por parte de la Administración Central, que si escasa o nula coordinación con los equipos de extinción locales, y todo ello teñido de la angustia de muchos vecinos que están a punto de perder su casa y enseres a manos de las incontroladas llamas. Que esta historia se repita año tras año, y que cada vez las consecuencias vayan a peor, resulta del todo intolerable dentro de un país que se cree fuerte y resolutivo, cuando la realidad es otra muy distinta. Seguimos sin dar la talla en lo fundamental, generando como ocurre la desconfianza y desolación de muchos ciudadanos afectados por catástrofes sobrevenidas o provocadas por intereses de muy diversa índole.

 

 

 

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