jueves 5/8/21

Cuando escribí: “Ya no se hablará, o sí, de toques de queda”

Como que la semana tiene siete días, se veía venir todo lo que está ocurriendo con contagios masivos, toques de queda y prohibiciones incluso de vender alcohol a partir de una determinada hora, como sucede en Cantabria. Nos lo hemos ganado a pulso, aunque la culpa tiene unas determinadas vertientes que expongo más abajo. Sea como fuere, volvemos al punto de inicio de la pandemia, con muy pocas esperanzas, al menos yo, de que hayamos aprendido esta vez la lección.

El periodismo tiene mucho de premonición, porque observas los comportamientos sociales, los describes y analizas, y, ¡date!, esperas a que lo que presagias se reproduzca tal cual. El 9 de mayo de 2021 publiqué aquí un artículo titulado “Ya no se hablará más (o sí) de alarmas y toques de queda”. Terminaba con esta reflexión crítica: “Para mi gusto, si se hubiera hecho con previsión, consenso, desescalada y un mayor número de vacunas puestas, mejor que mejor. Por el bien de todos, más nos vale que la medida sea acertada, aunque las primeras crónicas escritas al alabar la alarma hablan solo de botellones a destajo y todos a la calle como si no hubiera otro día que celebrar”.

Desde el pasado 17 de julio, Cantabria tiene un nuevo toque de queda. Y Cataluña. Y Valencia. A la espera del sí de los jueces, están otros territorios que se apuntarán a quedarse en casa por la noche, ya que la pandemia está ahora desbocada en España, en plena campaña turística del veraneo. ¿Quién tiene la culpa de semejante desaguisado? Se acusa directamente a los jóvenes, sus botellones y concentraciones multitudinarias sin prevención alguna, también a sus viajes de estudios, que no tenían que haberse dado ni ser consentidos por sus padres, pero aquí las culpas son más amplias, y hay que concretarlas como requiere esta gravísima pandemia que nos va a dar aún mucha guerra dentro de un 2021 que se presenta como otro año perdido.

Hay cinco razones por las que no salimos del Covid como es debido. La inicial es que el mensaje oficial es erróneo (concienciación). La siguiente, que la llamada desescalada ha sido del todo inoportuna (prisas, el veranito, intereses y egoísmos). Una tercera es que la economía y el turismo aprietan lo suyo para funcionar con total normalidad (negocios por encima de salud). Seguidamente, expongo que una crisis sanitaria no necesita de promesas vagas y de plazos de vacunaciones que no se van a cumplir, sino que ha de seguir en todo momento los consejos de los expertos reales, que en todo este proceso han tenido ausencia y presencia por igual (la política choca con la ciencia). La última razón de la mala situación en que volvemos a estar se encuentra en la ausencia de un criterio común de actuación en todos los ámbitos y lugares, y aquí lo mismo entra España que el resto de países de la Unión Europea (desorganización).

Cinco razones por las que no salimos, concienciación, prisas, economía y turismo que aprietan, negocios por encima de salud y desorganización

La imposición en determinadas comunidades autónomas de un nuevo toque de queda no está exenta de una grave polémica porque, se trate de un lugar u otro, los jueces dicen que sí a la medida y que no como ha ocurrido ya en el País Vasco o Canarias. La legislación española necesita de una urgente adaptación al momento que vivimos, así como de cara al futuro y lo que pueda pasar con tintes pandémicos parecidos. Todo lo que ha ocurrido en España en tan solo dos meses, ola juvenil, botellones, una vuelta masiva a la normalidad dejando de lado mascarillas y distancias, todo ello, tendría que haber estado previsto. No ha sido así, y volvemos al inicio de la crisis sanitaria, con un verano muy tocado, avanzando hacia un final de año que se nos va a parecer en muchas cuestiones a lo que ya hemos conocido el pasado año (reuniones de 6 como máximo).

Vivir con normalidad no es cerrar los ojos ante lo que nos pasa. Tampoco es hacer dejación de funciones, como si este problema no fuera del Gobierno de España, y de todos los demás Gobiernos que conforman el sistema político que bajo el amparo de una Constitución nos hemos dado los españoles. Cabría esperar cambios en muchas actitudes, tras los toques de queda que avanzan en todo el país, porque en todos los lugares están mal o lo van a estar pronto. No albergo muchas esperanzas, por eso de que siempre tropezamos en la misma piedra, y vivimos además tiempos muy raros en los que nadie se pone de acuerdo en nada, aunque la cuestión lo requiera con suma urgencia.

Volvemos a retornar al desconcierto, a no saber en lo que creer o no creer, a tener dudas sobre las vacunas y la anunciada inmunización

Así, volvemos a retornar al desconcierto, a no saber en lo que creer o no creer, a tener dudas sobre las vacunas, ya que muchos de los nuevos contagios han recibido ya la totalidad de las dosis, que no les ha servido para la anunciada inmunización. Pese a ser verano, en plenas y merecidas vacaciones también del personal sanitario, se dieron porcentajes de vacunaciones, que se han ido al garete, porque si estás hablando de toques de queda o de prohibir la venta de alcohol a una determinada hora, se pierde el objetivo prioritario que se había anunciado, como contribución a la salida total del virus. Ni que decir que lo que pasa ahora nos lo hemos ganado a pulso, jóvenes y mayores. Que cada uno vaya a lo suyo, a su propia libertad e intereses, no casa bien con lo colectivo, con un trabajo y aspiraciones en común, que es lo que no sucede en España y en el resto del mundo. Ya que cito el término mundial, acabaré señalando que el Covid-19 ha llegado en el peor momento posible. Algo está cambiando con respecto a la forma que teníamos de pensar y actuar en el XX y principios de este XXI. No hay unidad entre países, ni entre pueblos, ni entre las personas. Ahí es donde nace el caos.

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