miércoles 27/10/21

Cero quejas por las subidas y a pagar sin rechistar

No sé si quedo mejor diciendo que ha subido todo o matizando que casi todo. Pudiera ser que dé igual una afirmación que otra, a tenor de las pocas quejas que se escuchan en público acerca de que todo está más caro. Menos se comprende hablar de buena salud económica, cuando hay fábricas que medio cierran por falta de suministros, los ERTE se perpetúan, el coste laboral se dispara, y miles de autónomos no pueden acceder a las ayudas Covid por lo exigente de la letra pequeña, quedando millones de euros sin repartir. ¿Hay quién dé más? 

Existen países en los que cuando sube el pan, se tambalean hasta los gobiernos. Que el Coronavirus es un drama humano y también económico, porque hay que seguir viviendo, se demuestra en España con la subida imparable de todos los precios, sin saber dónde está el final de esta locura de intentar hacer ahora todo el negocio que se ha perdido durante la cuarentena y el confinamiento, a costa de los sufridos y silenciosos consumidores.

Cuando se habla de buscar una normalidad desde los buenos datos de la economía, semejante afirmación entra en choque frontal con lo que está pasando con los precios y al tiempo con los suministros de todo tipo que no llegan desde Asía. Se trata de un parón sin precedentes en tiempos de paz que, además de encarecerlo todo, genera un daño brutal al sistema productivo de los países en general. De esta forma hay que traducir el anuncio de la automovilística Seat, que plantea un ERTE hasta junio de 2022, por la falta global de semiconductores. Ante un panorama así, no se puede hablar de recuperación, y sí de aplazamiento sine die de las mejoras, que vendrán cuando se dé por concluida la pandemia en todo el mundo, repito: en todo el mundo.

“En China empezó todo, y es el país del que no salen los productos que escasean, desde coches a materiales de construcción o microchips”

En China empezó todo lo del virus; se ha beneficiado tremendamente de la gigantesca venta de material sanitario; y ahora es el país del que no salen muchos de los productos que escasean a nivel internacional. ¿Cuáles? Pues desde coches, sus piezas, móviles, materiales de construcción, bicicletas, microchips y todo tipo de componentes electrónicos, por citar los casos más preocupantes. ¿La culpa? El Covid, como no, los culpables, y cómo era de frágil el equilibro en la fabricación de todo lo básico, tan centralizado en muy poquitos países. Esta es la cara de un desarrollo mermado, que golpea a los países ricos, pero nos podemos imaginar lo que ocurra en los pobres. En medio, los consumidores, que no pueden comprar como antes, con garantías, y aun precio que cambia por días, semanas y meses, hasta que se ve duplicado o triplicado, como la luz en España. 

Por los motivos que sean, no se puede decir que esta situación preocupe por ahora en los hogares. Muy al contrario, pagamos sin rechistar, pese a las subidas que en nuestro país se han producido en todas las energías conocidas, la alimentación, los seguros, y mejor que pare aquí para no seguir con una lista de cosas más caras que resulta amplísima. Ante ello: cero quejas. Creo sinceramente que con tanto conformismo nos estamos autoengañando, porque tarde o temprano va a venir un recibo mucho más caro de soportar y de pagar. 

La economía mundial está mutando a no se sabe qué. Otros hechos se convierten también en titulares alarmantes. Como estos: “El coste laboral se dispara y marca un récord”. En consecuencias Covid, “miles de autónomos no podrán acceder a las ayudas quedando millones sin repartir”. Vamos ganando tiempo, nada más, porque los indicadores económicos no pintan nada bien, y la mayor prueba es que hay fábricas que mandan a sus trabajadores a casa, ante la falta acuciante de suministros o materias primas de diversa índole, como los semiconductores que no tiene la Seat. 

“No se puede decir que esta situación preocupe en los hogares.  Al contrario, pese a una lista de cosas más caras que resulta amplísima”

Como ha pasado con el Coronavirus, hay otra cuestión no menor y es que no se atisba la menor intención de un gran acuerdo o pacto mundial para reencauzar la actual mala situación. Parece que seguimos en las guerras comerciales, tecnológicas y geoestratégicas (influencias mediante bloques determinados de países) que marcaron el mandato de Trump. Frente a este mapa, Europa no está ni se la espera. En esta parte del mundo, tenemos bastante con lo nuestro, que no es poco: redefinir el papel de la UE para nosotros mismos, como ciudadanos del Viejo Continente. Hemos hecho camino con derechos, libertades, justicia, movilidad, trabajo, sueldos dignos, sanidad, educación, vivienda, fiscalidad, seguridad, protección social y laboral, acogida, integración, cultura, tolerancia y paz. ¿Y a hora qué? Esta es la gran cuestión de la incertidumbre del momento: no saber lo que somos, lo que queremos y hacia dónde vamos. 

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