viernes. 12.08.2022

De armas químicas en Irak a cumbre OTAN, errónea, en España

No me gusta la Cumbre de la OTAN que está a punto de comenzar en Madrid. En su programa no incluye explorar todas las vías diplomáticas para hablar con Rusia, acordar, y parar la Guerra de Ucrania, y las consecuencias de su posible propagación a otros países de ese entorno. La cita no es más que la constatación del militarismo en que nos han enrolado, España sin ir más lejos, cuyo papel y compras de armas en medio de la grave crisis económica que tenemos, no comparto. Verán como de las conclusiones de la cumbre no saldrá nada bueno, incluida la valoración rusa, que fiel a su propaganda consistirá en un mensaje apocalíptico.

Con los conflictos bélicos no se puede ser políticamente correcto y callar. O dejarse embaucar como sucedió con la invasión de Irak, por unas armas químicas que nunca existieron. Quienes promueven las guerras, en defensa solo de sus intereses, más económicos que otra cosa, ostentan igualmente un gran poder mediático para manipular los hechos, de cara a convencer al mayor número de ciudadanos en favor de sus cruzadas, a las que suelen denominar defensa de la libertad, por la democracia o salvaguardar los derechos de los habitantes de los países invadidos, agredidos y saqueados. Putin lo hace con los rusos, intentando tener siempre de su lado a la opinión pública por la Guerra de Ucrania. Al tiempo, elimina por diferentes medios toda crítica interna o manifestación que se pueda dar, para parar en seco semejante masacre humana contra el pueblo ucraniano.  

Cuando el mundo atraviesa crisis profundas, derivadas del ruido que provocan tambores de guerra en algún punto geográfico, la posición que toma España no resulta comprensible ni aceptable, porque es algo así como meternos donde no nos llaman. Ocurrió con nuestro alineamiento con Estados Unidos e Inglaterra para invadir Irak, y ahora con una Cumbre de la OTAN en Madrid, en plena crisis de calado tan agudo, por la actitud belicista de Rusia contra algunos de los países con los que hace frontera, y que antaño formaban parte de la extinta Unión Soviética, que Putin quiere recuperar, con la aquiescencia de China, India, Brasil o Corea del Norte.

La que se celebra ahora en Madrid es la 32 Cumbre de la OTAN. Aquí ya se celebró otra en 1997, no exenta de polémica, ya que fue calificada por Rusia como el mayor error de Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy, en junio de 2022, ¿va a servir este conclave militar para algo, además de costarle a España 50 millones en organización? A tenor de los temas principales que se van a tratar, opino que no. Está la adhesión de Finlandia y Suecia, algo que Rusia ve como un nuevo desafío a su seguridad. Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur llevan su preocupación por el desafío chino, lo que abriría otro frente conflictivo, que se sumaría a lo que está pasando en Europa. Con Rusia hay que hablar cara a cara; a Putin hay que mirarle de frente. ¿Cómo se va a tomar esta nueva reunión de la OTAN? Pues parecido a lo que ya pasó en 1997. Por supuesto que no hay que mostrar debilidad frente a Vladimir; Alemania no lo hace, porque ya ha roto todo tipo de lazos con el país tan cercano a sus fronteras. Ya no se debate cerrar el grifo de la economía a Rusia, porque no interesa a nadie. Ahora se está en la escalada militar, con la compra masiva de armas por parte de todos, incluida España, que ha disparado su presupuesto militar. Coincidiendo con esta cumbre de la OTAN, compramos 20 nuevos cazas, por más de 2000 millones de euros. Son escenificaciones de cara al belicismo que nos espera a todos, porque nos lo imponen así.

Se está en la escalada militar, incluida España. Coincidiendo con esta Cumbre de la OTAN, compramos 20 cazas, por más de 2000 millones

Ya lo he contado en otras ocasiones. Fui de los ciudadanos engañados por las excusas que se dieron para la invasión de Irak. Por aquello de que tenían armas químicas, muy peligrosas, ¿recuerdan? Desde entonces, me dije: ¡nunca más! Que nunca más me dejaría llevar por las mentiras que conviven en paralelo a las guerras que se montan las mal llamadas superpotencias. Está más que claro que nuestra civilización nunca aprenderá la lección de la paz. Hemos pasado dos guerras mundiales. Está el horror atómico de Hiroshima y Nagasaki. Oriente Medio es un permanente polvorín. Centroamérica, ninguneada a capricho del poderoso país del norte. Lo de Corea del Norte no tiene nombre con un líder loco que ha construido un país tremendamente armado, pero su pueblo se muere de hambre. Lo de Irán y la India, enredando permanentemente. Y suma y sigue, porque sería interminable. No he citado lo de Putin, Rusia, ya que es lo que toca en el ahora.

 

Tras los reiterados errores diplomáticos, toca insistir en la búsqueda de la paz. Esa es la cita a lograr, no una cumbre belicista en España

La Cumbre de la OTAN en Madrid, pese a su agenda, es una escenificación de unidad, poder, fuerza, y aviso a navegantes, en este caso a los rusos. No va a solucionar nada. Si acaso, enquistar más la peliaguda situación en que vivimos, que amenaza con extender el conflicto ucraniano al resto de Europa, aunque los europeos vivimos en la inopia y a la espera del verano para irnos de vacaciones y tomar el sol y darnos chapuzones en las playas o las piscinas. Una gran mayoría no tiene sentido, ni quiere tenerlo, de lo que realmente nos jugamos. Que nos quieren meter en una muy gordísima, de la que ya se avisa a la población en el propio Reino Unido, en el sentido de que “tendrán que volver a luchar por Europa”. Mensaje más claro, agua. Son más voces para la guerra que para la paz. Por eso he querido escribir este artículo: para ponerme del lado de la paz, ahora y siempre. Para volver al sentido de un mundo que hable y acuerde entere sí.

No quiero que solo sean palabras. Porque si solo fueran eso, hubiéramos estado mintiéndonos millones de veces, cuando proclamamos la construcción de una sociedad con futuro, cuidada medioambientalmente, para que habiten en ella nuestros hijos. Quiero seguir fiel a esta premisa, donde no caben cumbres como esta de la OTAN, ni soberbias reiteradas por parte de Putin, ni el papel egoísta de China o la Unión Europea. Solo vale preservar las vidas, que no pueden ser arrebatadas, como en Ucrania, por el estadillo de las bombas. Tras los reiterados errores diplomáticos y comerciales interesados de los últimos meses, toca insistir las veces que sean necesarias en la búsqueda de la paz. Esa es la cita a lograr. No una cumbre belicista en España.

De armas químicas en Irak a cumbre OTAN, errónea, en España
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