miércoles 12/5/21

Aplauso diario a los trabajadores de hospitales

Reflexiones desde casa. Día 3

Tercer día sin salir de casa. No he perdido la costumbre del afeitado diario y, ahora con el coronavirus, menos. Cuestión distinta es que, cuando acabe todo, habría que hacer una gran estatua en ciudad que se prestase al español con pijama, bata y zapatillas. Hay que procurar que esta ropa de descanso no termine andando sola. Cambio de marcha: me inicio en pilates, por eso tan cierto de que mover el esqueleto despeja la mente, y lo no menos cierto de tener como en mi caso un cuerpo rechoncho. El teletrabajo se mezcla con las noticias que difunden los medios de comunicación. Al final de la epidemia deberemos recordar la importancia de la información en tiempos de crisis sanitarias y el papel desempeñado, a pie de calle, por los periodistas. Eso sí, me alejo todo lo posible de los Sálvame del Coronavirus, que tienen en su parrilla las televisiones habituales del amarillismo. Siempre me quedará la radio, mi querida radio. Las ondas me cuentan que el Gobierno ha tomado unas medidas económicas excepcionales para proteger a los trabajadores, los autónomos, y ciudadanos ya de por sí con escasos recursos. Bien hecho. Las regiones españolas y los habitantes que las conforman necesitamos ver que hay capitanes al frente de los barcos. Que no hay deriva que valga, y que las decisiones coraje son el salvoconducto que terminará sacándonos de casa. La imagen del Congreso de los Diputados ha regresado hoy a los hogares. Nuestros representantes han debatido todas las medidas tomadas. Para unos bien, y para otros mal. Es la vida. De todo corazón, quiero recordar en esta última línea a todos los que nos han dejado para siempre, a los enfermos, para que se recuperen muy pronto, y a quienes les cuidan en los hospitales, decirles que esta tarde saldré nuevamente a mi ventana para aplaudirles. Bendita rutina esta última.

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