sábado 27/11/21

Simplemente no

Quizá fue después de la primera mala contestación. O del primer grito, que eso sí que molesta. A lo mejor nos empezamos a dar cuenta el día en que nos agarró fuerte del brazo, que te calles ya, ¿no ves la de tonterías que estás diciendo? Es posible que todo empezara mucho antes, un novio que tuviste a los 16, ni pelo en la cara tenía el chaval, que ni se te ocurra, ni se te ocurra, volver a aparecer con esas pintas cuando quedemos con mis amigos. Y no te maquilles así, que pareces cualquier cosa. Puede ser que el asunto se torciera al extremo de que te llevaras un empujón en un momento de acaloramiento. Que recibieras algún insulto. Que te hiciera sentir fea, gorda, inútil, estúpida o sencillamente, por qué no decirlo, que te hiciera sentir una mierda.

La mayoría hemos sufrido violencia en algún aspecto de nuestras vidas, porque la violencia se disuelve como una pastilla de jabón

Quizá fue después de todo esto (o de algo de esto) cuando las mujeres comenzamos a sentir que algo no estaba funcionando como debía. De alguna manera o de otra, la mayoría hemos sufrido violencia en algún aspecto de nuestras vidas, porque la violencia se disuelve como una pastilla de jabón, lentamente y casi sin ser percibida, en todos los ámbitos de la sociedad. Hasta que una dice que no. Que ni malas contestaciones, ni gritos, ni apretones para silenciarnos, ni ropas o maquillajes más o menos adecuados, ni empujones, ni insultos, ni complejos provocados por el odio -por el complejo extremo- que se esconde detrás del que maltrata. Que no, no y no. Simplemente no.

Todos sabemos que la violencia de género alcanza su punto álgido en el hogar, y que tiene consecuencias nefastas tanto para las mujeres como para sus hijos. Que estos, en tantas ocasiones, ni siquiera viven para contarlo. Por eso es necesario que unamos nuestras voces en un NO sonoro que no acabe nunca. Que nos ayudemos, nos concienciemos de que hay salida y muchas manos dispuestas a empujar hacia arriba, lejos de la oscuridad del pozo.

Contra la violencia se combate en la escuela, se combate en casa y en la tienda de la esquina; en la charla de barra de bar y en el trabajo. Porque la violencia se ejerce sobre la mujer en tantos escenarios que son incontables y, aunque hayamos avanzado, las cifras no ya de muertes -el extremo más cruel de todos- sino de agresiones de cualquier tipo, están ahí para dejarnos a todos boquiabiertos, diciendo “¿pero esto cómo puede ser?”. Pues es, y no vamos a consentirlo. Por eso es que, desde esta tribuna, las mujeres de Ciudadanos (Cs) hacemos un llamamiento al resto de fuerzas políticas para alcanzar un consenso, un camino común que recorramos todos juntos, de manera que seamos capaces de luchar contra todas las muertes, contra todos los gritos, contra todos los empujones y contra todos los insultos.

Queremos mujeres libres, sin miedo a estar en su propia casa. Queremos familias tranquilas, entornos seguros y saludables para nuestros niños. Queremos políticas públicas contundentes contra el maltrato, con una dotación presupuestaria y unas medidas de actuación ambiciosas, que nos amparen, nos protejan y nos faciliten levantarnos ante lo que consideramos el mayor de los atropellos. Porque simplemente, no.

Esther Merino, Rosa Palacio, Laura Ara y Mar Bielva, concejalas de Cs

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