lunes 2/8/21

VOX, el odio que no nace de la nada

En España tenemos un grave problema con la ultraderecha. Y no es algo nuevo. Las agresiones y asesinatos fascistas se llevan produciendo desde la Transición.

Ayer conocimos que el Ministro de Interior Grande Marlaska, la directora de la Guardia Civil María Gámez y el ex vicepresidente de España y actual candidato a la Comunidad de Madrid por Unidas Podemos, Pablo Iglesias, recibieron en sus domicilios cartas con amenazas de muerte y varias balas de Cetme.

Esta mañana se produjo un debate para las elecciones madrileñas en la Cadena Ser. Y la tensión llegó a su momento más álgido cuando la candidata de VOX, Rocío Monasterio, se negó a condenar dichas amenazas de muerte contra Pablo Iglesias y dio a entender que la carta con las balas podía ser una estrategia urdida por el propio ex vicepresidente de España. En ese momento, el candidato de Unidas Podemos se levantó y se marchó del debate, negándose así a legitimar a una formación cuyas posiciones políticas son cada vez más ultraderechistas, más cercanas a un fascismo de nuevo cuño peligroso para nuestra sociedad.

Creo que en España es muy necesario un debate sobre el papel de los medios estos años en el crecimiento de la ultraderecha

El debate continuó sin que la conductora del mismo, la periodista Angels Barceló, viera oportuno expulsar a la candidata de VOX o paralizarlo. Así mismo, tanto el candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, como la de Más Madrid, Mónica García, siguieron presentes en el debate en vez de acompañar el gesto de Iglesias para dejar en evidencia a la candidata de VOX y contribuir a no legitimar un espacio en el que esta formación pudiera verter sus palabras llenas de odio.

Del medio de comunicación no esperaba otra cosa. Al fin y al cabo siempre suelen anteponer cuestiones económicas ligadas a la audiencia a cualquier otra consideración. Aparte de creer que el pluralismo político en un debate pasa por dar voz a cualquier postura, independientemente de si esta respeta o no las reglas básicas democráticas y los derechos humanos. Eso sí, creo que en España es muy necesario un debate sobre el papel de los medios estos años en el crecimiento de la ultraderecha. Sus constantes apariciones en los mismos y su presentación como un actor político más, han generado que se normalice sus planteamientos considerándolos legítimos.

De Gabilondo, siendo sincero y conociendo la trayectoria del PSOE, tampoco esperaba demasiado (a pesar de que un ministro de su partido también haya sido amenazado). Pero de Mónica García, una candidata que me genera mucha afección, sí. Creo habría acertado al abandonar el debate junto a Pablo. Era el mejor mensaje posible frente al odio de VOX. Hay que señalar, eso sí, que tanto Gabilondo como Mónica García acabaron anunciando su salida del debate un rato después. Con lo que la periodista decidió cancelarlo.

Hoy en día existe una diferencia cualitativa (y también cuantitativa) fundamental: el discurso de la ultraderecha está ya plenamente normalizado social, mediática y políticamente

En España tenemos un grave problema con la ultraderecha. Y no es algo nuevo. Las agresiones y asesinatos fascistas se llevan produciendo desde la Transición. Y, en varios casos, permitidos -cuando no organizados- por el propio Estado. Tan solo tenemos que pensar en muchos asesinatos políticos cometidos a finales de los años 70 o en el terrorismo de Estado y las miles de torturas cometidas en Euskadi bajo el amparo de la “lucha contra el terrorismo”. Quienes participaron en todas esas acciones poblaron las fuerzas y cuerpos de seguridad y el ejército español. Y, hoy en día, ambas esferas siguen cobijando en su seno un gran número de ultraderechistas y de nazis. Ningún gobierno en estas décadas ha sido capaz de afrontar el problema de raíz.

Ahora bien, creo que hoy en día existe una diferencia cualitativa (y también cuantitativa) fundamental. Esa diferencia es que el discurso de la ultraderecha está ya plenamente normalizado social, mediática y políticamente. Y no solo es responsabilidad del PP por aceptar a VOX como socio legítimo. Recordemos que el PSOE marchó junto a la formación liderada por Abascal en más de una ocasión en contra del derecho a decidir del pueblo catalán. Y que algún destacado dirigente de este partido se refirió al independentismo catalán en términos de la necesidad de “desinfectar” Cataluña de esa opción política.

En 2017, cuando se decía que "el independentismo despertó al fascismo" (el propio Iglesias incluido, tampoco lo olvidemos) lo que se omitía es que lo que estaba haciendo fuerte a la ultraderecha fue la asunción del discurso españolista más reaccionario por parte de todo el espectro político. Unos activamente (PP, C's y hasta el PSOE) y otros pasivamente (Podemos e Izquierda Unida). ¿Se imagina alguien la que se habría armado si Iglesias hubiera dicho que “el feminismo despertó al fascismo”?

Por eso creo que el VOX más desacomplejado y la normalización de su discurso, más allá de estar saliendo a la luz por necesidades electorales ante el cierre de su espacio que les está haciendo Ayuso, son la consecuencia lógica del "a por ellos" de octubre de 2017. Un grito que condensó lo peor de un nacionalismo español hegemónico cuyos postulados antidemocráticos y agresivos atravesaban y atraviesan todo el campo político desde la ultraderecha hasta la izquierda. Un grito ante el que muchos callaron y que otros muchos compartieron. Algunos de los que son hoy amenazados por el sector más intransigente de ese españolismo reaccionario.

Hay otras cuestiones que también ayudan a la normalización de la estrategia de guerra contra el enemigo llevada a cabo por VOX. Por una parte, el tactismo electoral del PSOE. Especialmente de Sánchez y su asesor de cabecera, Iván Redondo. Desde 2018 han llegado a la conclusión de que un VOX más fuerte es la garantía de dos fenómenos: un PP radicalizado incapaz de llegar a todos los sectores que necesitaría para gobernar en España y la concentración del voto progresista defensivo en el PSOE. Y pudiendo ser ambas cuestiones ciertas, lo que han generado es un clima de derechización social muy fuerte. Alimentando a un monstruo que se les está empezando a escapar de su jaula.

Es necesario y urgente ponerle coto a la extrema derecha en España. Y para ello no basta con tan solo señalar a VOX

Otra de las que voy a señalar es el trato que desde gran parte del espectro político y mediático se ha dado a los procesos populares en América Latina. Especialmente en Venezuela. Comparto las palabras del politólogo venezolano William Serafino que señalaba que “el blanqueamiento al fascismo venezolano desde España durante años ha sentado las bases para la ofensiva de coacción pública en ascenso pilotada por Vox en la península. Si apoyas el modo de actución criminal de Leopoldo López es lógico que, al tiempo, se normalice a lo interno”. Y es que tenemos que ser conscientes de que presentar a un grupo de criminales fascistas como oposición democrática en lucha contra una tiranía criminal y acoger a uno de sus líderes en España, como ha hecho el actual Gobierno, también genera consecuencias como las que estamos viviendo.

Para terminar, desde estas líneas quiero mostrar mi total solidaridad con las víctimas de las amenazas fascistas. Pero también señalar la conveniencia de no olvidar cómo hemos llegado hasta aquí, como he comentado anteriormente. O añadiendo otro ejemplo concreto, que una de esas víctimas ha sido varias veces condenada por el TEDH por no investigar denuncias de personas torturadas. Personas deshumanizadas por el discurso político y mediático dominante en España por ser consideradas como “terroristas sanguinarios enemigos de la democracia”, por ende, sujetos sin derechos. ¿No es eso una acción antidemocrática y contraria a los Derechos Humanos cuya normalización allana el camino al discurso del odio ultraderechista?.

Es necesario y urgente ponerle coto a la extrema derecha en España. Y para ello no basta con tan solo señalar a VOX. Hay que revisar a fondo mucho de lo que la Transición heredó del Régimen anterior y que en cuarenta años aún nadie ha hecho nada por cambiar. Es necesario construir un consenso antifascista para construir una democracia que esté más cerca de ser plena.

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