sábado 29/1/22

Educar en igualdad

La educación ha contribuido a minimizar los azotes de género, los comportamientos machistas y los roles sociales de la mujer. Darse cuenta de este hecho es reconocer la lucha de género, el territorio conquistado.

Cuando pensamos en todo lo que queda por hacer en materia de igualdad parece que aún queda demasiado, aunque conviene de vez en cuando viajar al pasado y mirar en el reloj del tiempo el antes y el ahora de una misma circunstancia. La impronta del tiempo podríamos centrarla, por hacer tangible el análisis del tiempo, en un aula de una escuela de un pueblo o ciudad cualesquiera en 1940 y en la actualidad.

Debido a mi profesión de educadora, intento transmitir y educar a mis alumnos en total igualdad sin discriminar ante ningún tipo de situación, cosa que me resulta relativamente fácil ya que he sido educada, universitariamente hablando, en un plano igualitario. En la que distintas materias eran impartidas igualmente por profesores de ambos sexos y que no existía diferenciación alguna dentro de un mismo plan de estudios entre mujeres y hombres. Aunque si me retrotraigo a la infancia, me eduqué hasta primero de B.U.P únicamente con niñas, aspecto que, gracias a la Educación, hemos podido paliar en mayor o menor medida hasta nuestros días con las diferentes leyes educativas.

La Educación es la herramienta más grande que tiene la sociedad para conseguir un fin

La Educación es la herramienta más grande que tiene la sociedad para conseguir un fin, en ocasiones cuesta entender el verdadero de valor que tiene para nosotros, pero cuando, precisamente viajamos al pasado entendemos su importancia a través de ese aula imaginario que hemos mencionado antes.

En el año 1940, cuando los futuros docentes elegían los estudios de magisterio, la elección educativa era diferente según el sexo. Existían diferencias cualitativas de concepción formativa en función de sexos. La preparación de las maestras y maestros contribuía a reforzar los papeles asignados por la sociedad a mujeres y hombres. Las preparaba para el rol social que tenían asignados en su tiempo cada uno de los sexos. Se dividían en Enseñanzas del hogar para ellas y Educación Política y Cívica para ellos. Además de una serie de materias comunes para ambos sexos, se incluían las de labores de enseñanza del hogar sólo para las  alumnas. En cambio, a los chicos de la época, se les atribuían las materias con un mayor peso e influencia en la sociedad. Hoy en día, tanto en el colegio, como en la universidad, si rescatamos ese aula anteriormente citada no observaríamos diferencia entre la educación que se imparte a niños o a niñas. Tampoco diferencias entre los planes de estudios para elegir una profesión bien seas hombre o mujer. Es bueno rescatar el pasado de vez en cuando para observar cuánto hemos cambiado. Observar que, aunque existen aún diferencias, hemos avanzado en paliar las mismas. La evolución en educación, es mejorar en positivo; hacer una situación igualitaria, creer en los mismos derechos y oportunidades. Es fácil que las generaciones del futuro vivan creyendo que estas desigualdades nunca existieron, porque es síntoma de que hemos transformado la sociedad, no sólo en pensamiento, sino en modos de ver la vida y afrontarla. No creer en las limitaciones de la persona por el hecho de ser hombre o mujer porque es evidente que las diferencias existen, pero no en nuestra educación, sino en nuestras creencias.

La educación ha contribuido a minimizar los azotes de género, los comportamientos machistas y los roles sociales de la mujer. Darse cuenta de este hecho es reconocer la lucha de género, el territorio conquistado. Agradecer de una manera u otra la lucha de miles de mujeres que lucharon por eliminar los estereotipos de género, por decir un “hasta aquí hemos llegado” o un “mismos derechos, mismas oportunidades” que tiene que servirnos de lema de vida ya queda valor a la lucha, a la educación de la sociedad en igualdad de oportunidades.

El valor es ver ese aula imaginaria llena de niños y de niñas que creen en que el mundo y las oportunidades son las mismas para todos y todas. La educación nos hace tener más de un prisma para mirar el mundo y para afrontar la vida. Es el eje que vertebra y articula la sociedad en su conjunto, haciendo de ella un mundo mejor. Queda mucho por hacer aún, pero el ver esa aula imaginaria nos hace pensar que ese aula es posible.

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