martes 19/10/21

La primavera feminista

La lucha de muchas mujeres valientes hizo que el hielo se fuera resquebrajando cada vez que avanzábamos en nuevos derechos y, con sacrificio y esfuerzo, veíamos como alcanzábamos el otoño.

Ya estamos en el mes de marzo, el mes que visibilizamos y reconocemos el papel, nada agradecido, de las mujeres a la hora de sostener el mundo y la vida. El camino hasta aquí no ha sido nada fácil. Las mujeres vivieron un período de glaciación que parecía eterno, hasta que decidieron hace un siglo que se acabó el estar invisibilizadas, el no tener voz ni voto y el ser maltratadas en todos los sentidos por una instaurada sociedad patriarcal en el que las mujeres no éramos más que seres sin raciocinio, esclavas, seres de reproducción o, simplemente, carne de cañón ante las frustraciones varoniles.

Empezamos a encontrar nuestra propia voz y a ver en el feminismo una brújula que nos señala el camino para llegar a esa ansiada primavera

La lucha de muchas mujeres valientes hizo que el hielo se fuera resquebrajando cada vez que avanzábamos en nuevos derechos y, con sacrificio y esfuerzo, veíamos como alcanzábamos el otoño. Nos seguían asesinando, maltratando, relegando a un segundo plano, pero empezamos a romper techos de cristal, a señalar los crímenes del machismo que nos tenían como principal objetivo, pero también a los hombres que no encajará perfectamente en esos parámetro que marcaba el patriarcado. En definitiva, empezamos a encontrar nuestra propia voz y a ver en el feminismo una brújula que nos señala el camino para llegar a esa ansiada primavera en la que las mujeres nos salvamos a nosotras mismas y ponemos las bases de una sociedad que viva en condiciones de igualdad. Una igualdad en la que la palabra miedo no exista; el miedo a vivir por el mero hecho de ser mujer, el miedo por el mero hecho de amar a quien ames o el miedo por el mero hecho de ser quien eres, independientemente de tu apariencia física.

No obstante, y aunque el camino andado es gratificante si echamos la vista atrás, no podemos bajar la guardia ni un segundo. Hemos estado viviendo un otoño más amable, donde parecía que todas las victorias iban calando en la sociedad. Creíamos que la primavera iba a asomar en cualquier momento, pero no ha sido así. En estos momentos, nos hemos topado de bruces con un invierno que amenaza con que volvamos a una glaciación. El avance de la ultraderecha o la pandemia global nos perjudica a nosotras como mujeres, pero también a toda la sociedad.

Por un lado, la pandemia ha creado una sobrecarga en los cuidados, donde el teletabrajo tal y como está concebido no ha sido la solución, sobre todo en familias monoparentales. También está produciendo una crisis sin precedentes y solo hay que mirar a la crisis del 2008 para discernir que las mujeres fueron las mayores perjudicadas y como lo primero que atacó el PP fueron los servicios de atención a los mayores y dependientes, un sector de los cuidados que externalizaron y precarizaron.

Se intenta criminalizar la acciones del 8M, que en ningún caso ha convocado manifestaciones multitudinarias, sino más bien actos simbólicos

Por otro lado, la pérdida de complejos de la ultraderecha en este país ha supuesto la vuelta de unos discursos y unas ideas que no solo empezaron a “pasar de moda” hace más de un siglo, si no que resultan un peligro para el avance de toda la sociedad. Para empezar, tratan de imponer las ideas de “ideología de género” con el objetivo de romper los amplios consensos que se han construido a base de concienciación y que ha hecho que todos los partidos, menos Vox claro, se unan en declaraciones institucionales en todos los ámbitos o, el otro día en el Congreso, todos los partidos, desde Unidas Podemos a PP aplaudieron evidenciando lo ajeno que es Vox a la vida de las mujeres. Otra de las ideas que intentan imponer recurrentemente es el término “guerra de sexos”, es decir, intentan implementar el odio y la errónea idea de que el feminismo tiene como enemigo al hombre, cuando la realidad es que el feminismo busca que los hombres sean aliados para construir una sociedad en base a la igualdad que beneficia a todas las personas.

El 8M les pone muy nerviosos. El del año pasado, cuando aún no se había declarado la pandemia global por la OMS, contraprogramaron un Congreso multitudinario en un espacio cerrado y tiempo después centraron su odio en el 8M insinuando que las mujeres eran las culpables. Este año pasa lo mismo, se intenta criminalizar la acciones del 8M, que en ningún caso ha convocado manifestaciones multitudinarias, sino más bien actos simbólicos, mientras otro tipo de manifestaciones, centros comerciales abarrotados o eventos deportivos hasta la bandera se han permitido sin que nadie de Vox pusiera el grito en el cielo. Las mujeres no somos las locas que ellos quieren pintar, somos las que sostenemos el mundo con los cuidados y, por ello, somos las que garantizamos las medidas de seguridad en actos simbólicos limitados porque nos cuidamos las unas a las otras.

Creo que, sin ningún tipo de duda, el feminismo ahora se encuentra ante un escollo, pero aún creo más que, como aquella frase, “podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primera”. La primavera es el feminismo y, aunque ahora estemos atravesando un invierno de lo más crudo, las raíces son fuertes, el fruto está sembrado e inevitablemente maduraremos en una sociedad más justa e igualitaria. Todas las flores forman la primavera, el feminismo no se puede dividir para ser imparable y todas las mujeres tienen que defender los derechos de todas las personas, sea cual sea su identidad. En todo caso, le pese a quien le pese, la primavera feminista llegará.

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