viernes 24/9/21

De mi memoria ya evanescente: V. -Incongruencias de la política y [email protected] polí[email protected]

"Usted haga como yo: no se meta en política". Era el consejo dado por el dictador Francisco Franco a uno de sus ministros.

-Usted haga como yo: no se meta en política

Era el consejo dado por el dictador Francisco Franco a uno de sus ministros cuando éste le fue a pedir amparo para poder defenderse de los ataques de otros miembros de su gabinete. Parece una boutade o, simplemente, una argucia galaica pero es algo más que un juego dialéctico: encierra una verdad sobre el contenido de lo que El Caudillo entendía por política.

Son algunas de las incongruencias de la política cuando su aplicación queda en manos de quienes la utilizan para sus propios fines

No sabemos de qué ministro se trataba ni tampoco de la fecha de este encuentro, si es que lo hubo, pero si el aludido en cuestión hubiera osado replicar con una alusión a la incongruencia de la respuesta recibida es seguro que al regreso a su domicilio se habría tropezado con el motorista portador de la carta de cese, agradeciéndole –eso sí- los servicios prestados.

Franco entendía la política como fruslerías practicadas por personas y personajes de escasa visión y menos altura de miras. Lo suyo no era política sino vocación de servicio a España, la Patria, con un ideario a la carta confeccionado por sus sentimientos personales y hasta más íntimos, me apresuro a añadir.

La familia Franco-Polo La familia Franco-Polo

Por eso cuando, en su calidad de alto mando militar, juró lealtad a la República advenida el 14 de abril de 1931, tendría a la espalda dos dedos cruzados a modo de honorífica reserva: por si acaso. Una reserva que le sirvió para autojustificarse su adhesión a la rebelión del 18 de julio de 1936, envuelta en una bandera que lo mismo podía ser la de la custodia de la República que la de la restauración de la Monarquía. A ninguno de los dos regímenes les guardó fidelidad una vez hubo ganado la Guerra Civil, una vez convertido en Caudillo de España por la Gracia de Dios. De la trilogía tradicionalista de Dios, Patria y Rey, solamente se conservaron los dos primeros símbolos utilizados como soporte para su instauración como dueño absoluto de los destinos de la nación durante cuatro décadas, salvando a España por encima del cadáver de la mitad de los españoles si ello fuera preciso, como afirmó en alguna ocasión.

Son algunas de las incongruencias de la política cuando su aplicación queda en manos de quienes la utilizan para sus propios fines, para su propio ego, sostenidos por aquellos que a su sombra ven crecer y mantenerse los privilegios de todo tipo. De La Corte de los Milagros borbónica, literariamente recreada en 1927 por Ramón María del Valle Inclán, pasamos a la Corte del franquismo, primero, y del franquismo residual después.

José Sanjurjo José Sanjurjo

Cuando, después de mucho meditarlo, el general Franco se decidió a encabezar la sublevación contra el gobierno de la Segunda República no tenía in mente ninguna idea preconcebida sobre lo que iría a pasar después del paseo militar que consideraba sería el golpe preparado por sus colegas con tanta minuciosidad. Desde el mismo día en que falleció el general José Sanjurjo Secanell (1872-1936), marqués del Rif por voluntad de Alfonso XIII y, por lo tanto, el más monárquico de todos los componentes de la conjura anti-republicana y persona destinada a ser la cabeza visible de una restauración monárquica hasta el consiguiente regreso a España de un rey en el exilio romano. Una vez libre de la presencia de Sanjurjo, Franco comenzó a sopesar dos posibilidades: primero, que el final de la guerra no fuera tan inmediato como se pensaba; y que, en cualquier caso, los Borbones no tenían asegurada la continuidad en el trono, puesto que podría suceder lo mismo que en la Italia postmussoliniana le ocurrió al rey Víctor Manuel III (1869-1947).

Destruida toda la oposición interna, de izquierda a derecha, le quedaba hacer cuentas con sus aliados externos

La baraka (suerte) del pequeño general al cual su propio padre llamaba Paquita, por su voz atiplada, sus compañeros de promoción le conocían por Franquito (los más indulgentes) y Paca, la culona, los más atrevidos, comenzó a ser proverbial, hasta llegar a sentirse el hombre llamado a regir los destinos de la Patria por la gracia de Dios, aquel que en su juventud era conocido en los medios burgueses de Oviedo por el sobrenombre de El Comandantín.

En la sombra, su hermano mayor Nicolás (1891-1977) tuvo mucho que ver con cuanto había de ocurrir en adelante y todo lo demás se lo dejó a la suerte o a lo que sea: el general Sanjurjo murió en accidente de aviación, José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) fue fusilado en la cárcel de Alicante, el general Emilio Mola Vidal (1887-1937) también murió en accidente de aviación, lo mismo que Ramón Franco (1896-1938), hermano pequeño del dictador, antaño político radical-republicano y destacado masón, por lo cual podía entorpecer sus planes, así que Francisco Franco se quedó muy pronto sin competidores a la hora de hacerse con el poder militar, político e ideológico de la España surgida del golpe de Estado de 1936.

Ramón Franco (centro) en 1926 Ramón Franco (centro) en 1926

A continuación, en su escalada para anular todo tipo de oposición interna consolidó la maniobra de fusionar en una sola organización, y bajo su control, a las dos organizaciones que eran entre sí competidoras en la lucha contra la República, naciendo en Salamanca en abril de 1937 Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Y por si hubiera la posibilidad de dejar algún cabo suelto que recurriera el protagonismo falangista, condenó a muerte al cántabro Manuel Hedilla Larrey (1902-1970), Segundo Jefe Nacional de Falange; o sea, el sucesor de José Antonio Primo de Rivera una vez  dejó de referirse a éste oficialmente con el eufemismo de El Ausente, y entre los millares de sentencias rubricadas a la hora de la ingesta del chocolate vespertino con soconusco, estampó la suya de Generalísimo de todos los Ejércitos en la conmutación de las dos penas capitales por veinte años de prisión de aquel obrero fascista trasmerano que podía aspirar ilusoriamente a compartir el omnímodo poder ideológico. Al cabo de cuatro años de prisión Pilar Primo de Rivera (1907-1991) se lo pidió y, benévolamente, el Caudillo le concedió la merced de ser confinado en Palma de Mallorca hasta que en 1946 fue puesto en libertad con la condición de que olvidara para siempre sus antiguas ínfulas de mando.

Clara Petacci Clara Petacci

Destruida toda la oposición interna, de izquierda a derecha, le quedaba hacer cuentas con sus aliados externos, aquellos que un día le ayudaron a conseguir la victoria triunfal: el Duce Benito Mussolini y el Führer Adolf Hitler, a la cabeza de Italia y Alemania. Pero ambos tuvieron un trágico final: el primero, junto a su amante Clara Petacci (1912-1945), fusilados y colgados por los pies sus cadáveres en la plaza de Milán por los antifascistas a los que tanto había perseguido durante los veinte años de su liderazgo indiscutido, y el segundo, con voluntad suicida junto a su amante pública y clandestina a la vez, Eva Braun (1912-1945), en los sótanos del bunker berlinés horas antes de que llegaran las tropas soviéticas. Vidas paralelas las de los dos dictadores y sus últimas amantes, con finales bastante similares.

Eva Braun en 1942 Eva Braun en 1942

Tamaña posibilidad debió rondar por la cabeza de Francisco Franco cuando le propusieron sumarse a la conjura político-militar destinada a eliminar el gobierno de la Segunda República surgida el 14 de abril de 1931. Franco era tan gran previsor como pequeño de estatura y sabía sumar la táctica a la estrategia desde los días que en tierras africanas le dieron la fama suficiente para llegar a convertirse en el general más joven del Ejército español, un ejército famoso por ganar más batallas contra los españoles que contra los enemigos de España, aunque él supo doblar esta página de nuestra historia convirtiendo a sus enemigos en enemigos de España, acuñando para ello un adjetivo que alguien le pondría en bandeja (posiblemente Ernesto Giménez Caballero (1899-1988), mentor del policía Mauricio Carlavilla del Barrio (1896-1982), su máximo divulgador como Mauricio Karl: la Anti-España, una puesta al día del Anti-Cristo de los católicos españoles.

Para nadie es un secreto la aversión manifiesta del 'Caudillo' hacia los viajes al extranjero

Por eso Franco no se subió al Dragon Rapide, el avión sufragado por el banquero y exdiputado Juan March Ordinas (1880-1962), huido de la cárcel a donde su tarea de contrabandista de tabaco le había llevado, hasta que no se cercioró de que su mujer Carmen Polo Martínez-Valdés (1900-1988) y su hija María del Carmen Franco Polo (1926-2017) tendrían asegurada su existencia y también subsistencia si todo o algo salía mal de una aventura con un precedente no muy lejano en el fracaso que en agosto de 1932 tuvo la sublevación militar también protagonizada por el general Sanjurjo, la que le llevó a ocupar durante algún tiempo la celda número 52 del penal santoñés de El Dueso, hasta que el gobierno republicano de centro-derecha le conmutó el resto de la pena por la posibilidad de vivir desterrado en Estoril, desde donde conspiró una nueva sublevación, conspiración que le mató en sus inicios por un accidente de aviación: siempre se ha dicho que el aparato derrapó al no soportar el peso de los baúles que contenían uniformes, sables y condecoraciones de un militar que, en cuanto a parafernalia, parecía querer emular a los espadones del siglo XIX español.

Cadáveres del político Nicola Bombacci, del duce Benito Mussolini, de su amante Clara Petacci, del ministro Alessandro Pavolini y del político fascista Achille Starace,  exhibidos e, Milán en 1945 Cadáveres del político Nicola Bombacci, del duce Benito Mussolini, de su amante Clara Petacci, del ministro Alessandro Pavolini y del político fascista Achille Starace,  exhibidos e, Milán en 1945

Franco, por su parte, murió en la cama aunque sometido a los intensos dolores que una dilatada agonía, posiblemente llevada más allá de los límites soportables para un ser humano como consecuencia de los propósitos de un entorno político-familiar protagonizado por Cristóbal Martínez-Bordiú y Ortega (1922-1998), marqués de Villaverde, su yerno, muy interesado en prolongar el final de su existencia hasta corroborar que con su partida todo quedaba, en palabras del propio Caudillo, atado y bien atado.

Estas palabras podían interpretarse como una solución continuista y, a la vez, rupturista con el pasado, muy propia de la sagacidad del hombre acostumbrado desde niño a debatirse entre dos tendencias familiares; la de su madre, María del Pilar Bahamonde y Pardo de Andrade (1865-1934), religiosa y abandonada, y la de su padre, Nicolás Franco Salgado-Araujo (1855-1942), adúltero, liberal y filomasón, tres anti-cualidades cuya sombra persiguió durante toda su existencia al Francisco Franco que convirtió a la ciudad gallega de Ferrol en El Ferrol del Caudillo y a el pazo de Meirás en la sede de una familia necesitada de las señas de identidad aristocrática propia que no obtuvo hasta que su hija recibió en 1975 el título de duquesa de Franco, de manos del nuevo rey Juan Carlos I. Genio y figura hasta la sepultura.

Franco con Hitler en Hendaya (1940) Franco con Hitler en Hendaya (1940)

Para nadie es un secreto la aversión manifiesta del Caudillo hacia los viajes al extranjero. Que se sepa, después de su autonombramiento como Jefe del Estado solamente en dos ocasiones salió de España cruzó la frontera: el primero fue en la localidad fronteriza de Hendaya el 23 de octubre de 1940, a bordo de un tren del cual no se bajó durante las apenas siete horas que duró la entrevista con Adolfo Hitler, sin que las condiciones de Franco para participar activamente en la Segunda Guerra Mundial (la devolución de Gibraltar, la cesión de la parte de Marruecos, Argelia y Camerún en manos francesas, así como el envío de alimentos, petróleo y armas para paliar la situación que padecía España…) no tuvieron más respuesta que la firma de un protocolo secreto en el que Franco se comprometía a entrar en la guerra en fecha que fijaría, mientras que Hitler garantizaba vagamente que España recibiría territorios en África.  El propio fuhrer le aconsejó que se entrevistara con Mussolini, y así lo hizo en Bordighera el 12 de febrero de 1941.

Más allá de estos compromisos sostenidos en gran parte por el cuñadísimo de Franco y ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (1901-2003), un entusiasta colaborador del Régimen nazi, al Caudillo no le gustaban nada ciertas costumbres de sus colegas dictatoriales; además, la fuerte y viril personalidad de ambos chocaba con el físico de un dictador español bajito, chaparrete, de voz atiplada y sin fuerza en los discursos escritos a su medida, entregado en cuerpo y alma a la Iglesia Católica… No podía gustarle la relación con amantes que mantenían, pero también la que mantenía su propio cuñado, como después se conocería públicamente cuando se descubrió la paternidad de, por lo menos, Carmen Díez de Rivera e Icaza (1942-1999), musa política de la transición española, cuyo nacimiento se produjo con una dama casada de la nobleza española.

Serrano Suñer, Franco y Mussolini en Bordighera (1941) Serrano Suñer, Franco y Mussolini en Bordighera (1941)

Franco sentía aversión hacia las relaciones sexuales extramatrimoniales y aunque habría de saber que algunos de sus más directos colaboradores practicaban y practicaron el juego que en México se llama la casa chica, sosteniendo  romances con parejas que no eran la reconocida por la Iglesia Católica, guardaba esos conocimientos como pecados que en cualquier momento podían utilizarse en contra de quienes los cometían si osaban enfrentarse a sus deseos u órdenes. En el caso de su cuñado, el pecado era casi una ofensa personal, por cometerse con la hermana de su propia esposa. 

Más allá de la pérdida de unos aliados que ya habían dejado de serlo en la medida de que iban siendo perdedores de la guerra que ellos desencadenaron, Franco no tendría ninguna sensación de dolor por el trágico final de ambos, y comenzó a recomponer una versión de sus relaciones políticas cara a la situación internacional propiciada por el Juicio de Nuremberg: era como si ante los nuevos vencedores, debiera referirse a los vencidos como esas personas de las que ustedes me hablan. Me suena.

Carmen Díez de Rivera Carmen Díez de Rivera

Gallego, al fin y al cabo, tenía que modificar el lenguaje empleado en sus discursos, desapareciendo de los mismos las antiguas descalificaciones hacia las democracias, los liberales, el judeomarxismo internacional, y otras profusamente empleadas al hablar de unas potencias que habían ganado la guerra, estaban condenando a muerte a la cúspide de los vencidos y entablaban un debate sobre si seguían en su avance de regeneración democrática hacia un país que se encontraba en la misma onda totalitaria que los perdedores. Y si para ello había que sacrificar a su cuñado, en el sentido light de la palabra, no le temblaría la pluma, como años atrás no le tembló cuando se decidió sin su oposición la pena de muerte de su propio primo hermano, el comandante Ricardo de la Puente Bahamonde (1895-1936), por oponerse en Marruecos a la sublevación militar, ni tampoco cuando en Santander se decidió el fusilamiento de su compañero de armas en África el coronel José Pérez García-Argüelles (1877-1937), por no haber puesto el celo suficiente para que la provincia de Santander se sublevase.

Ricardo de la Puente (de gran parecido con los hermanos Franco), junto a su madre y sus hermanos. FAMILIA DE LA PUENTE Ricardo de la Puente (de gran parecido con los hermanos Franco), junto a su madre y sus hermanos. FAMILIA DE LA PUENTE

Un punto de apoyo le quedaba: la Iglesia Católica, la misma que le había otorgado su bula desde el inicio de la toma del poder, declarando la Guerra Civil como Santa Cruzada, introduciendo al Caudillo bajo palio en los templos, incluso dejando abierta una posibilidad que, por muy abstrusa que pareciera, tenía su eco en los periódicos mediante una noticia publicada como pregunta en los diarios controlados por el Servicio de Prensa del Régimen: “¿Franco a los altares?”

Ahora había que contemporizar con el bloque de los vencedores compuesto por un triángulo de liberales, demócratas y soviéticos, acuciados por una oposición española en el exilio deseosa de que el nuevo paseo triunfal por Europa tuviera su punto final en la invasión de la Península Ibérica. Un pulso que ganaría Franco gracias a la división y enfrentamiento de las potencias aliadas, iniciando una guerra fría entre ellas que tuvo como punto final el mantenimiento del dictador español en el Poder, aparentemente durante unos pocos años, realmente hasta su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975. Posiblemente le vendría a la cabeza una sentencia atribuida a Winston Churchill pero que años después haría popular en España el ministro franquista Manuel Fraga Iribarne (1922-2012):

-La política hace extraños compañeros de cama.

Era cuestión de poner buena cara a las nuevas amistades, hasta ayer consideradas peligrosas, y sustituir a los camaradas nazi-fascistas por los el amigo americano, eliminando el obligatorio saludo falangista y otros rituales que hacían inevitable la comparación con los componentes de los disueltos regímenes de Francia e Italia, aceptando la posibilidad de contemporizar con los liberales y respondiendo ambiguamente a la pregunta que parecía desprenderse del catecismo del padre Astete:

-Padre, ¿es pecado el liberalismo?

El-liberalismo-es-pecado

Un paso adelante llegó, cuando ya las relaciones con Estados Unidos se estrecharon a partir del viaje del presidente Eisenhower a España y fueron rubricadas con la firma de tratados político-económicos-militares que respetaran las expectativas no cumplidas narradas en la película Bienvenido Mr. Marshall (Bardem/Berlanga, 1953). El Caudillo solo tuvo que añadir el término orgánica a la denostada palabra democracia, desactivándola así de su sentido real, y permitiéndole seguir firmando ejecuciones hasta  semanas antes de morir. 

En realidad, poco podían oponer a la aplicación del garrote vil o el fusilamiento aquellas democracias que utilizaban la silla eléctrica, la cámara de gas, el patíbulo, la horca o la guillotina como medio de llegar a la solución final.  

Nota bene: Acaba de producirse una de las últimas incongruencias de la clase política española: en el Parlamento Andaluz se aprobó la creación de una Comisión de Reconstrucción de las consecuencias originadas por el coronavirus, con la única oposición de Vox. Cuando se ha votado la composición de la mesa, la presidencia ha recaído por mayoría en el diputado de Vox Manuel Gavira, encantado de conocerse y perseverante en el contenido del donde dije digo digo Diego.

Comentarios