jueves 26/5/22

¿Hasta cuándo, señor presidente?

Un responsable político no puede permanecer escondido, parapetado, echando las culpas a otros y en silencio. Y, peor aún, no debe hablar por hablar, tentado por esa necesidad de lucir estrellato mediático

Presidente:

Somos de la misma quinta, también yo tomo nota de que la gente se muere a los 82 años. Nos conocimos allá por los años setenta del siglo pasado y, desde entonces, hemos coincidido en ocasiones y, no precisamente, en inauguraciones o actos protocolarios, sino con motivo de conflictos sociales de diversa índole. Permíteme que te tutee.

Cuando escribo estas líneas, ya no me preocupo por consultar los números (que cambian continuamente) porque la situación general no cambia: Revilla, “erre que erre”… y tampoco cambia su pasear, luciendo estrellato, por los platós de televisión. La pregunta es: ¿hasta cuándo, Miguel Ángel?

Ya, en los años sesenta del siglo pasado, el cantautor y premio Nobel de Literatura, Roberto Zimmerman, Bob Dylan, decía aquello de “Cuántas muertes serán necesarias, antes de que nos demos cuenta, de que ha muerto demasiada gente”. ¿Cuántas? Miguel Ángel.

En este maremágnum de cifras, de medidas sobre la pandemia, de cambios de opinión del Gobierno, de no atender la opinión de los científicos, de controversias sobre quién tiene competencias para esto o aquello, de contradicciones entre los jueces, un responsable político no puede permanecer escondido, parapetado, echando las culpas a otros y en silencio. Y, peor aún, no debe hablar por hablar, tentado por esa necesidad de lucir estrellato mediático, y decir cosas sin sentido, como lo último que te hemos oído de que “el virus nos lo trae el Nordeste”.

Todavía resuena en mis oídos las palabras que pronunciabas en Puente San Miguel, en tu discurso del día de las Instituciones, cuando desautorizabas públicamente a tu Consejero de Sanidad, sin sonrojo por ser tú quien lo había nombrado y has seguido manteniéndolo en el cargo.

O los equilibrios con que “capeabas el temporal”, defendiendo lo indefendible, mezclando el incremento de contagios, que es “brutal”, con que “el virus lo tiene complicado”, “que habrá pocos muertos”, o que el Covid "seguirá estando, pero yo creo que no nos va a parar la vida”, o que “no nos va a originar una situación de colapso sanitario ni económico y tenemos que ser lo menos restrictivos posible, dentro de conciliar todas las medidas de protección sin que paremos las actividades económicas”. ¿En qué quedamos?

Por eso decías: “tampoco tenemos que extremarnos en cerrar, cerrar, cerrar", esa es la cuestión, tu cuestión, está claro, para ti, lo principal es la economía, y lo de la salud es un incordio que hay que salvar con el menor coste posible.

Como decía, no me importa cuáles sean los últimos datos, ni siquiera si la situación empieza a “mejorar”. Siento la necesidad de hacerte preguntas, antes de que el “persistente aguacero” del Covid pase (que no chaparrón) y olvidemos todo lo que de falta de responsabilidad tuya y de quienes gobernáis ha habido en este asunto.

¿No te afecta que salgamos en los medios batiendo récords, cuando otras veces tanto te incomoda que no nos mencionen?

¿Cuántas muertes son necesarias para que te parezcan muchas? Tú siempre has defendido que una sola muerte es motivo de repulsa y hay que evitar. ¿Cuántos contagiados, cuántos hospitalizados, cuántos trasladados a las UCI? ¿No te afecta que salgamos en los medios batiendo récords, cuando otras veces tanto te incomoda que no nos mencionen? ¿No dicen los expertos que “la salida de esta crisis” se medirá porque deje de haber muertos por el Covid? ¿Por qué la avalancha de fallecimientos de los últimos días?

¿Cuántos sanitarios habrán de contagiarse (y morir) antes de que el Sistema Cántabro de Salud colapse? ¿Cuántos deben “caer” para ser sustituidos y no trasladar su carga de trabajo a sus compañeras y compañeros? ¿Cuántos pacientes debe consultar una médica de atención primaria antes de que caiga extenuada por la carga de trabajo? ¿Sabes tú lo que es trabajar en horarios interminables? ¿Cuándo los enfermos podremos exponer, con sosiego, nuestras dolencias a nuestro médico? ¿Cuántas agresiones tendrá éste que sufrir antes de que pongáis cámaras en las Urgencias?  

¿Cuántas personas mayores han de morir sin asistencia antes de que desaparezcan las listas de espera de Dependencia? ¿Cuántos residentes y cuidadoras deben contagiarse para que te parezcan muchos?

¿Cuántos escritos tendremos que dirigirte los pensionistas para que, en vez de buenas palabras y de acercarte a nuestra pancarta a saludarnos, atiendas nuestras demandas?

 “De aquellos polvos, estos lodos”.

Lo que has querido evitar, con tus miedos se te está volviendo en contra

Tu miedo a que la economía caiga por las restricciones no está evitando que haya miles de trabajadores y trabajadoras de baja laboral, muchos de ellos sanitarios, pero también de otros sectores no esenciales, como consecuencia de estar contagiados. Lo que has querido evitar, con tus miedos se te está volviendo en contra. ¿Te ha faltado olfato para prevenirlo? ¿Quién parará la economía, el virus o vuestra política timorata?

Si tanto te preocupa la hostelería, mejor harías exigir a los empresarios del sector que colaboren en el cumplimiento de las medidas de prevención. Y, si de verdad te preocupa su situación, diles que paguen salarios decentes, que respeten los horarios y paguen las horas extra, que esa será la mejor forma de que el sector subsista.

Una cosa quiero dejarte claro: sé cuáles son las limitaciones legales que te vienen impuestas desde fuera pero, no te disculpes, también soy consciente y lo he lamentado, que nunca te has rebelado contra ellas, nunca has manifestado tu malestar porque, con tantas limitaciones, “no te dejaban hacer”, antes, al contrario, has acatado, agazapado, todas las que te venían del Gobierno central. 

Con todo, no puedo más que recordar las célebres palabras de Cicerón, senador de la antigua Roma, en uno de sus memorables discursos, contra su contrincante político, cuando preguntaba: “¿Quousque tándem abutere patientia nostra?”, no me queda más que decirte: ¿Hasta cuándo, Miguel Ángel, abusarás de nuestra paciencia?

Por cierto, voy a cumplir veintidós años de jubilado. ¿No hay en tu partido nadie que pueda relevarte?

Comentarios