lunes 18/10/21

María Montessori.- La escuela y su ambiente

El secreto y la llave vital y básica de la educación en Montessori es sentir y pensar que la sensibilidad del niño es más que un fajo o un manojo de reflejos concretos e imprescindibles. Significa además autodeterminación, capacidad de atrevimiento y voluntad. Consiste en la plena autonomía para estar libre de ataduras, que facilite a cada persona fabricar sus particulares cualidades y sus específicas potencialidades.

"Tratemos de infundir en una misma alma el espíritu de áspero sacrificio del científico y el del éxtasis inefable del místico, y tendremos perfectamente preparado el espíritu del maestro".

María Montessori. En Renzo Titone (1981), Metodología didáctica. 8ª ed. (pág. 89). Madrid: Rialp.

La médico y educadora anconitana María Montessori Stoppani (Chiaravalle -de Ancona, Italia-, 1870 - Países Bajos, 1952) no hubiera podido explicarse el éxito que, después de un siglo, iban a seguir teniendo su teoría y su obra en la historia de la Pedagogía y en la educación de las sucesivas generaciones. Seguramente debido a la aplicación de todo su sistema de pedagogía científica al crecimiento y educación de los niños, dio un singular interés y alcance a los fundamentos biológicos de la personalidad, de la conducta de la persona, basando la educación en la actividad autónoma, en el buque insignia de la autoactividad.

Postula la libertad e independencia en cuanto al hecho educativo, y la buena aceptación que tuvo su criterio con niños cuyo andamiaje o desarrollo resultaba deficitario para lo que entonces era considerado normal le llevó a emplearlo con todos los niños entre tres y nueve años. Se cimentaba su pedagogía en la labor y trabajo con la sensibilidad, y en la huella y cuño de los sentidos. Al mismo tiempo, iba fabricando un bagaje con un copioso material didáctico que es, aun hoy en día, largamente aprovechado, y sobresaliendo también el espíritu y la importancia del clima en el aula.

UNA "NUEVA EDUCACIÓN". LAS "ESCUELAS NUEVAS"

Como en Estados Unidos, asimismo en Europa se reconoció, a caballo entre los siglos XIX y XX, un amplio avance por la renovación pedagógica. La contribución puntera, cronológicamente y más importante fueron las "escuelas nuevas", unos organismos escolares de progreso creados y liderados por eficaces reformadores y valientes renovadores. Así, el método o la práctica pedagógica y la teoría de María Montessori sobresalió en el movimiento de la Escuela Nueva, debido a su innovación, particularidad y vasta influencia, dejándolo manifiesto en El método de la Pedagogía científica aplicado a la educación de la infancia en las "Case dei bambini" (Casa de los Niños) (1909), y en su continuación La auto-educación en la escuela elemental (c. 1930). El primero es el que mejor alberga sus teorías acerca de la educación, y la causa y relato de su criterio conceptual.  

Montessori estudió a los médicos y pedagogos franceses Itard (1774-1838) y Séguin (1812-1880), célebres por su interés en el caso del niño feral Víctor, más conocido como 'El Niño Salvaje de Aveyron', por ser una ocasión excepcional para constatar de una manera experiencial el ideario filosófico y antropológico de entonces acerca de la naturaleza del ser humano, como de la correspondencia entre naturaleza, cultura y educación. La doctora y pedagoga italiana enseguida se da cuenta del predominio de la pedagogía sobre los procesos médicos en el enfoque de las deficiencias en la infancia.

TENÍA EN SU ALMA EL ESPÍRITU DE ÁSPERO SACRIFICIO DEL CIENTÍFICO

La obra de Montessori goza de solidez metodológica y de luz expositiva. Son días de un entusiasmo y de un frenesí creativo. Durante un tiempo considerable, aplica el instrumental formativo específico ingeniado por Édouard Séguin para posibilitar el restablecimiento de los chicos con discapacidades intelectuales en su desarrollo, descubriendo importantes resultados en esta tarea. Imparte varios cursos para especialistas en educación especial, y así despunta la Escuela Normal de Ortofrenia.

EL ÉXTASIS INEFABLE DEL MÍSTICO. SU IMAGEN DEL NIÑO

El estilo de María Montessori no recoge un axioma más fértil de transformación didáctica que la idea que tiene del niño. Este es una criatura individual o singular, especial, específicamente diversa del adulto, armada de prodigiosos y extraordinarios caracteres encubiertos y hondos que se despliegan y desdoblan hacia su propio crecimiento y perfección. La doctora y pedagoga italiana da un paso más: la superioridad esencial del niño sobre el adulto es que tiene una auténtica y latente dignidad y pasión que goza de esa fragilidad no exenta de ternura y delicadeza tan alejada de los proyectos, balances, cómputos y cuentas de los mayores. Los niños poseen la lejanía de precisar las conjeturas, suposiciones y deducciones del mundo de los adultos adolescentes.

El secreto y la llave vital y básica de la educación en Montessori es sentir y pensar que la sensibilidad del niño es más que un fajo o un manojo de reflejos concretos e imprescindibles. Significa además autodeterminación, capacidad de atrevimiento y voluntad. Consiste en la plena autonomía para estar libre de ataduras, que facilite a cada persona fabricar sus particulares cualidades y sus específicas potencialidades. En "El niño, el secreto de la infancia", la educadora italiana se empeña en la obligación de un saber científico de la esencia y los sentimientos del niño, rehusando no obstante, también, la imagen de que ese entendimiento pueda llegar a ser áspero y maquinal por el hecho de ser científico.

Su concepto chocó con algunos de los términos estándares e invariables de la psicometría y antropología, respaldando los estudios aplicados, estrictos, ajustados y empíricos como obliga el método científico, pero sin un distanciamiento tal que ese conocimiento dejase de estar abrochado a una predilección vocacional honda y leal por el mundo de los niños y por todo el potencial que estos pueden llegar a desarrollar. Por eso, como decíamos al principio, el maestro ha de ser investigador y sabio, amplio y hondo conocedor de lo que han de aprender los niños, de su psicología evolutiva, de la Pedagogía; y a la vez, extraordinariamente buscador de la bella perfección que lleva en sí el niño, "si quiere ser descubridor del secreto de la infancia y sabio guía de su desarrollo" (M. Montessori: El niño, el secreto de la infancia).

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