domingo 29/5/22

La Filosofía en La Magdalena (y IV)

En La Magdalena, toda nuestra presencia y actividades públicas podría decirse que era 'entre bastidores'.

Uno de los pioneros de este montaje, junto con el del Teatro 'La Rueda' fue el menicense Moisés Pérez Coterillo, siendo el paramento y los decorados de ambas actividades responsabilidad del menés Vicente García de Juan, una de sus almas por lo que corresponde a su versatilidad, definida en la articulación estética, la utilización de la voz, del movimiento y de la idea para imaginar los personajes y hacer un relato creíble de la narración.

        Ambos se complementaban, formando un tándem en el que primaba la ilusión y la vocación por esta actividad. El arte casi inaudito y sensacional de Moisés para el teatro surgió de manera efectiva en La Magdalena. Y la articulación estética, con amplitud, de Vicente fluía por los decorados, la tramoya, la iluminación. Vicente era todo inspiración. También en la lectura de los artículos de la Revista hablada. En los decorados, también es inolvidable José Ramón Lisaso, un efectivo colaborador.

El Teatro "La Rueda" y Moisés Pérez Coterillo

Moisés Pérez Coterillo (Miengo -Cantabria-, 1946 - Madrid, 1997) es un enamorado del teatro y del periodismo. La primera vocación -el teatro- le surge en La Magdalena, en el curso académico 1965-1966. Pérez Coterillo es la "madre nutricia" del Teatro "La Rueda" que va a perdurar tres años más en el Paraninfo de nuestra residencia, y aún dos más en el Salón de Actos de la calle Rualasal, 5, de Santander.

        El teatro era, para Moisés, el culmen de la vida y de la belleza. Y a pesar de su amor por el teatro y de su vitalismo, su segunda vocación fue el periodismo, el basamento para su teatro. Director del Centro de Documentación Teatral, dependiente del Ministerio de Cultura, fundador y director de las revistas "Pipirijaina" y "El Público", referentes en la mitad de los años setenta de la Historia del teatro, era periodista y crítico y autor de diversas publicaciones, y luchó por elevar el teatro español a niveles europeos.

        Moisés comprendió que los recuerdos son flojos y tenues tanto en el escenario como en la vida

        Moisés comprendió que los recuerdos son flojos y tenues tanto en el escenario como en la vida, pero también que la imaginación y la reflexión son los alimentos exclusivos que los equilibran y robustecen. En La Magdalena heredamos sin saberlo la curiosidad metódica en todo lo que hacíamos; un bien, legado de nuestros profesores. Y, cuando alguien tenía -como Moisés y sus compañeros de curso- reconocidos el prestigio y la autoridad por su jaez, era fácil a los demás aprender de su criterio. 

        Dejó huérfanas muchas cosas, muchos puentes, por ejemplo con Hispanoamérica, sobresalientes y extensas colaboraciones en reuniones de expertos, y muestras, como el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz -FIT-, del que fue su mentor; y un desvelo constante por el recuerdo y la verdad.  

        En La Magdalena, toda nuestra presencia y actividades públicas podría decirse que era 'entre bastidores'. Al final, se montaron creaciones de Beckett, Mrozeck y de García Lorca. Moisés dejó una provechosa e inestimable herencia cultural no solo en el teatro hispanoamericano y español, sino entre sus compañeros.

        El menicense le había ido dejando el testigo a Vicente García de Juan en las obras representadas, y en las leídas. Al tiempo, y en cuanto al cine, una de las principales inclinaciones de Vicente -junto con la música, la pintura y las lenguas vivas que mantiene todavía-, Paco Pérez le encargó dirigir el fórum de alguna película. Debo hacer mención asimismo de Antonio Moreno León con el que hicimos en Villa Marcelina, en el Paseo Menéndez Pelayo, 61, teatro leído con "Tartufo o el impostor", que Molière escribió en versos alejandrinos.

        Todos nos hicimos voluntariamente actores. Nos gustaba. Y, por descontado, las obras escogidas. Representamos, entre muchas más, las más comprometidas y actuales en aquel momento. Con una organización impecable, la publicidad la hacíamos fijando las paredes de Santander con pasquines: "La camisa" (1962), de Lauro Olmo -los inmigrados, la exclusión social-. "El tintero" (1961), de Carlos Muñiz -la angustia vital, la rebelión contra la piel corderina-.

        "La pereza", "La fiaca" (1967), de Ricardo Talesnik. La vida monótona del protagonista que le hace querer ser diferente, y no trabajar, lo que le convierte en un vago. "Esperando a Godot" (1952), de Samuel Beckett -el teatro del absurdo-, anunciando en cada acto como una soflama y una perorata que hoy Godot no va a venir, "pero mañana seguro que sí". "Escuadra hacia la muerte" (1953), de Alfonso Sastre, un imaginable escenario militar.

        Además, en ocasiones señaladas, había un grupo que escribía el guión de una performance, que comprometía al espectador.  Y nadie se quedaba sin actuar. Siempre había una coherencia muy directa con el público; muy pocas veces dimos pasto a la improvisación. Llegábamos a otros escenarios. Como en Reinosa. Dormíamos en las casas de los amigos. Eran los regalos en Navidad, tiempo en donde más arreciaban las contradicciones de desigualdad.

El Cinefórum "La Rueda"

Finalmente, una actividad que no pasaba desapercibida, ya que no eran tiempos para que proliferase en parte alguna Era el cinefórum. Inexorablemente, cada sábado y sin solaparse con el teatro, se proyectaba una película de vanguardia, o de cine de autor.

        Aún veo a los incansables compañeros que se fajaban los sábados después de comer yendo a la estación de tren para recoger los enormes rollos de las películas, mientras otros se quedaban limpiando el proyector. Siempre me recuerda aquello la película Cinema Paradiso. El mundo mágico de la sala de proyección, los dramas que solo estaban, quizás, en las butacas y no en el pequeño habitáculo, suponen aún una representación romántica y afectiva de aquel tiempo pasado y una demostración de amor hacia el cine.

        El trabajo del montaje era silente, muy preciso; y si la película estaba muy deteriorada -muchas veces, más de las necesarias-, momentáneamente tediosos. Todo consistía en volver a empezar, en reanudar la revisión de cada fotograma con la esperanza de no tener que utilizar la empalmadora de acetona.

          Y, sin embargo, veíamos y aprendíamos cine, y comentábamos películas y a sus directores. Quizás la primera película que presentó el Cinefórum "La Rueda" fue El muchacho de los cabellos verdes (1948), de Josep Losey, una historia antirracista y pacifista, y una alegoría sobre el aislamiento del ser humano. Disfrutamos con los ciclos de Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Orson Welles, François Truffaut, Ingmar Bergman y John Ford.

          Miguel García García fue el primer director del Cinefórum "La Rueda", y José María Ordás y Ezequiel Fernández formaron parte de su equipo. Los sucedieron Hilario Castresana y su equipo -Manuel Machón y Javier Iglesias -. Debemos reconocer su trabajo.

Agradecimientos

Muchas personas han contribuido a que estas líneas hayan salido adelante. Nombro a unos cuantos, los que más se han enganchado a este proyecto, a este pensamiento de hace 56 años, a estas ideas que formaron y siguen formando una buena parte de la cimentación de lo que somos y que seguimos agradeciendo a nuestros educadores y a nuestros profesores.

        La Magdalena no es solo un sitio. Es un espíritu que, en nuestro caso, una vez trasladados desde ese lugar a Santander, seguimos manteniendo la misma filosofía, la filosofía de La Magdalena. Porque las ideas nunca descansan y siempre siguen, sobre todo, en nuestros corazones, en nuestra ideología, y en nuestro vivir.

El afecto hacia aquellos años, por parte de los que estudiaron allí, se enciende cuando se les nombra La Magdalena, después de haber pasado tanto tiempo:

 Fue una época que recuerdo con mucho cariño. Aquello no podía resistir, pero tampoco podía parar. Iba todo muy rápido. Felipe Nieto Blanco.

 Estamos encantados y orgullosos del descubrimiento que tuvimos con aquellos educadores y profesores, de la suerte que tuvimos con ellos y que hicieran grandes aquellos años que vivimos juntos. Juan Francisco López López -Pancho-.

A Hilario Castresana Estrada, le agradecemos parte de las páginas del Cinefórum "La Rueda.

Espero que nos deslumbres con tus recuerdos y acertados comentarios sobre unos años muy fértiles para muchos jóvenes dispuestos a mejorar su pequeño mundo. Hilario Castresana Estrada.

Del mismo modo, he contado con la inestimable ayuda, de Miguel Ángel García de Juan.

Aquellos años fueron un hito, una época de orientación hacia el futuro,y de su hermano Vicente García de Juan.

        Dos estudiosos que gozan de una memoria envidiable de la que todos nos seguimos beneficiando sorprendentemente. Sin su concurso -no es un elogio, sino una realidad-, no hubiésemos podido escribir ni 800 palabras.

        A todos, vaya mi sincero agradecimiento, y mis disculpas si hago algún agravio comparativo. No es mi estilo ni vendría a cuento. Todos sabéis que lo importante era resaltar el espíritu de La Magdalena y el alcance que tuvieron de progreso, estudio y filosofía nuestros profesores y directores. En el breve tiempo que estuvimos juntos, otra manera de saber vivir, construir y comprender nuestro tiempo, y a nosotros mismos.

¿Para cuándo un artículo [de interés general y original]? Cabás te espera. Juan González Ruiz, Inspector Jefe de la Consejería de Educación de Cantabria.

Verdaderamente, Juan ha sido la materia prima, el principio potencial aristotélico, que ha hecho que esto tenga forma sustancial y, por lo tanto, cuerpo. Él me animó e impulsó a que lo publicase. Le agradezco su confianza en mí.

Pienso que otros años, edades, épocas, siendo maravillosos, se recuerdan, pero creo que son irrepetibles y únicos. Se llevan en el corazón, reviven, y ya no se pueden desgastar, porque son íntimos y fantásticos. José Antonio Ricondo Torre.

       Gracias a todos y a los que no están. A todos por sus sueños, su recuerdo y su presencia que nunca se olvida. A todos, por vuestra entrega con que, desde el primer momento, os ofrecisteis a colaborar, por vuestra cercanía, y por la bondad vuestra que tanto ha soportado para hilvanar estas palabras e ideas, siempre con gentileza y de una manera espléndida. Y con el afecto y la voluntad debidos. A todos os va mi especial cariño y simpatía.     

 

 

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