domingo 20/6/21

Madriz

Madriz no deja frío a nadie, ni siquiera el hielo del palacio que hace tan pocos meses almacenaba cientos de ataúdes.

Madrid se lee  y se pronuncia Madriz. Es la capital de España, este país de naciones que acaba de entrar en su otoño más crudamente invernal. Mariano José de Larra dejó escrito, poco antes de darse un tiro en la sien a los 27 años, que “escribir en Madrid es llorar”. 

Y eso que Larra no asistió al trampantojo del lunes 21 y las 24 banderas que disfrazaban dos bandos irreconciliables: el de Sánchez y el de Ayuso. En este par de banderías sobresalen dos oficiales con más galones que escamas. Simón capitanea las tropas de Sánchez y Miguel Ángel Rodríguez (MAR) dirige las de Ayuso. No es extraño, pues, que la presidenta nade en un MAR de dudas. Ni sorprende que el ubicuo Simón embriague más que su homónimo vino de mesa con tanta verborrea en sesiones de  mañana, tarde y noche.

Madriz es un enorme poblachón manchego como bien escribió, sin llorar, Azorín. Una capital donde cometer a gusto los siete pecados capitales. Un refugio seguro para que te dejen vivir siempre en paz, como asegura, también sin llorar, el periodista Rafa Latorre. Madriz nunca se confinará porque nadie acierta con  sus verdaderos confines. Pero llorará amargamente a sus muchos y próximos muertos. Madriz no deja frío a nadie, ni siquiera el hielo del palacio que hace tan pocos meses almacenaba cientos de ataúdes. Madriz duele las 24 horas del día, desobediente a todo tipo de paracetamoles, ibuprofenos y remdesivires.

Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta

Los dos apuestos contendientes, Pedro e Isabel Natividad, ya se han puesto en lo peor. Ayuso se juega el trono de Madriz y no le bastará para conservarlo con haberse visto las ocho temporadas de la serie. Al presidente, ídolo de taimados, le han rebautizado los corifeos de la Comunidad de Madriz Su Sanchidad. Cosas de este singular ajedrez sólo para comunicadores.

“Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta”, escribió nuestro llorado Larra. Pues eso.

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