sábado 27/11/21

Firmado: Diego González

El acoso escolar en España conocerá un antes y un después del calígrafo Diego López. Porque esa carta es brutalmente delicada, deliciosamente victimista, increíblemente carnal.

“Yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir”. Lo escribió el pobrecito Diego González antes de tirar su vida de 11 años por la ventana de un quinto piso de Leganés. Y lo firmó con una ingenuidad desgarradora. Era su despedida apresurada de este perro mundo.

Fue el pasado 14 de octubre, pero ha sido antes y será después en otros lugares de esta España incierta que busca nerviosamente presidente como quien busca las llaves extraviadas del coche. A su padre le agradeció en esa carta de despedida llena de ternura infantil que “me has enseñado a ser buena persona”. A su madre que “me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios”.

De puro realista la carta de Diego contiene hasta su indispensable falta de ortografía: “os hecharé de menos”

Pero en las aulas del Colegio Nuestra Señora de los Ángeles no parece que hubiese angelitos alrededor de Diego. Hay una especialidad taurina llamada acoso y derribo. La que practicaban los compañeros del suicida tiene nombre sajón: “bullying”.

En el acoso y derribo campestre nunca muere el animal. En el acoso y derribo de Leganés murió Diego, la criatura que nos ha vuelto a recordar el valle de lágrimas en el que estamos censados. De puro realista la carta de Diego contiene hasta su indispensable falta de ortografía: “os hecharé de menos”. Muy poco para lo que cabría esperar de alguien que acudía a clase no para aprender, sino para sobrevivir. Mientras pudo.

El acoso escolar en España conocerá un antes y un después del calígrafo Diego López. Porque esa carta es brutalmente delicada, deliciosamente victimista, increíblemente carnal. Propongo su incorporación a la enésima reforma educativa del próximo ministro de Educación. Propongo su lectura obligada e incluso el aprendizaje de alguno de sus párrafos como se aprenden los ríos de la cuenca del Júcar.

Diego nos ha dejado sin palabras después de leer y releer esa carta de 206 palabras que horadan como puñales la mala conciencia de quienes acabaron con su vida.

Allá donde estés, cuídate mucho chaval.

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